Si alguien ocupa un puesto de liderazgo o tiene peso en un grupo, lo habitual es que los demás lo asocien automáticamente con una persona segura y capaz. Pero los datos indican que la realidad no siempre es así.
En este caso, el psicólogo Andrew Martin, de la Universidad de Kent, explica que las personas con alta dominancia social toman decisiones con más seguridad que el resto, pero sus elecciones no son más acertadas.
El estudio, publicado en la revista Personality and Individual Differences, evaluó a más de 400 participantes en tres experimentos distintos. Los investigadores de la Universidad de Kent utilizaron una tarea de aprendizaje estadístico en la que los participantes debían predecir cuál de dos opciones aparecería a continuación y valorar su propia confianza en cada decisión.
El resultado fue consistente en los tres estudios: mayor dominancia social se asocia a mayor confianza declarada, pero no a mayor precisión en las respuestas.
Por qué las personas dominantes generan esa sensación de liderazgo sin serlo
Martin señala que esta brecha entre confianza y rendimiento tiene consecuencias directas en cómo los grupos eligen a sus líderes. Las personas dominantes proyectan seguridad de forma explícita, hablan con tono firme y actúan con rapidez, y esa proyección basta para que otros las perciban como más competentes, incluso cuando los datos no lo respaldan.
El estudio confirma que la dominancia social predijo la confianza en las decisiones de forma independiente a la extraversión, otro rasgo de personalidad que también se asoció a mayor seguridad sin mayor acierto.
Los investigadores también comprobaron que este efecto no se extiende a la memoria. Cuando los participantes realizaron una tarea de recuerdo episódico, ni la dominancia social ni la extraversión influyeron en su confianza sobre lo que recordaban. La mayor seguridad de las personas dominantes aparece específicamente en la toma de decisiones, no como rasgo general de su funcionamiento cognitivo.
El estudio descartó además diferencias significativas entre hombres y mujeres en los niveles de dominancia social, lo que contradice la creencia extendida de que este rasgo es predominantemente masculino.
En la muestra más representativa y equilibrada por género, sólo la dominancia social mantuvo su poder predictivo sobre la confianza en el modelo de regresión, mientras que la extraversión perdió significación estadística.
Cuál es la diferencia entre competencia real y competencia percibida
La competencia real se mide con resultados verificables: aciertos, precisión, rendimiento objetivo en una tarea. La competencia percibida, en cambio, se construye a partir de señales sociales como el tono de voz, la rapidez de respuesta o la seguridad con la que alguien defiende su posición. El problema surge cuando los grupos confunden una cosa con la otra.
Los investigadores de Kent apuntan a que la confianza funciona como un atajo cognitivo. Ante la ausencia de datos objetivos sobre la capacidad de alguien, los grupos tienden a seguir a quien actúa con más seguridad.
Esa dinámica explica por qué personas con alta dominancia social llegan con más frecuencia a posiciones de liderazgo, y también por qué esos liderazgos generan con más frecuencia resultados negativos para los equipos que dirigen. Cuando quien manda tiene el carisma para guiar pero no el criterio para acertar, las consecuencias las absorbe el grupo.
