Contenido
- 0.1 ¿Qué significa saludar a alguien estando sentado, según la psicología?
- 0.2 ¿Qué significa ponerse siempre triste los domingos por la tarde, según la psicología?
- 0.3 ¿Qué significa que te gusten los toros, desde el punto de vista de la psicología?
- 1 El impacto emocional de caminar encorvado
- 2 Consecuencias en la salud física y emocional
- 3 ¿Cómo corregir la postura y mejorar la seguridad en uno mismo?
No sólo hablamos con palabras, también con la forma en que nos movemos. Por ejemplo, algo tan simple como sentarse al borde de la silla puede mostrar interés, mientras que recostarse con desgano transmite indiferencia. Pero si hay algo que realmente deja en evidencia lo que sentimos, es la postura al caminar.
Alguien con la espalda erguida y el pecho abierto proyecta confianza. En cambio, unos hombros caídos y la mirada baja reflejan agotamiento, inseguridad o desánimo. Sería extraño que fuera al revés. El cuerpo no miente, y por más que intentemos disimularlo, la postura siempre termina contando la verdad.
El impacto emocional de caminar encorvado
Cuando una persona mantiene los hombros caídos y la espalda encorvada, su cerebro recibe señales que refuerzan emociones negativas. Esto puede estar vinculado a distintos factores psicológicos:
- Inseguridad y baja autoestima: Quienes se sienten inseguros tienden a hacer su cuerpo más pequeño, inclinándose hacia adelante y evitando abrir el pecho. Es un gesto inconsciente de protección, como si el cuerpo quisiera esconderse del entorno.
- Estrés y tensión emocional: La carga mental se manifiesta físicamente. El estrés hace que los músculos del cuello y los hombros se contraigan, provocando una postura encorvada. Con el tiempo, este hábito se convierte en parte de la forma de caminar.
- Estados depresivos: Las personas con depresión suelen adoptar una postura cerrada, con la cabeza gacha y los hombros encogidos. Esto no sólo es consecuencia del estado emocional, sino que también lo refuerza.
- Patrones de comportamiento adquiridos: Desde la infancia, la postura se moldea por la educación, el entorno y las experiencias. Alguien que ha crecido en un ambiente donde se sentía cohibido o minimizado puede haber aprendido a encorvarse como un reflejo de esa dinámica.
Consecuencias en la salud física y emocional
Más allá de la imagen que proyecta, caminar con los hombros encorvados afecta tanto la salud emocional como la física. La tensión acumulada en la parte superior del cuerpo puede generar molestias en la espalda, el cuello y los hombros. También limita la capacidad pulmonar, dificultando una respiración profunda, lo que influye en la energía y el bienestar general.
Además, la postura impacta la producción hormonal. Estudios han demostrado que una posición encorvada puede aumentar los niveles de cortisol, la hormona del estrés, mientras que una postura erguida favorece la producción de testosterona, vinculada con la confianza y la determinación.
¿Cómo corregir la postura y mejorar la seguridad en uno mismo?
Mantener la espalda recta y los hombros abiertos contribuye a fortalecer la autoestima y a generar una sensación de mayor seguridad. Para lograrlo, es clave:
- Tomar conciencia del cuerpo: Detectar cuándo se está encorvando ayuda a corregirlo de inmediato. Revisar la postura frente al espejo o grabarse caminando puede ser útil para identificar malos hábitos.
- Ejercitar la espalda y el core: Fortalecer los músculos que sostienen la columna permite mantener una postura firme sin esfuerzo. Actividades como pilates, yoga o entrenamiento funcional ayudan a mejorar la alineación corporal.
- Trabajar la confianza personal: La postura y la mente están conectadas. Practicar la expresión corporal, levantar el mentón y ocupar espacio al caminar refuerza la seguridad en uno mismo.
Caminar con los hombros abiertos y la espalda recta mejora la postura y, al mismo tiempo, cambia la percepción que tenemos de nosotros mismos y la que proyectamos a los demás.