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Tras las puertas de las clínicas y hospitales veterinarios en España se acumulan jornadas interminables, presión emocional constante y una sensación creciente de abandono institucional.
Esta combinación está pasando factura a la salud mental de estos profesionales, cuya crisis psicológica ha dejado de ser un asunto individual para convertirse en un problema estructural del sector.
Crece la preocupación por la salud mental de los veterinarios en España
Un estudio elaborado por la compañía Gosbi en colaboración con la consultora Dynata ha puesto cifras a este malestar. El informe revela que el 60% de los veterinarios españoles ha experimentado síntomas asociados a la depresión, un dato que confirma la gravedad de la situación.
La investigación, que puede consultarse en la web de Veterinaria en riesgo, se basa en encuestas a profesionales en activo, muestra que el impacto psicológico del ejercicio veterinario es profundo y persistente. Los problemas no se limitan a los cuadros depresivos.
El 90% de los encuestados reconoce haber sufrido episodios de ansiedad relacionados con su actividad laboral, mientras que el 85% afirma tener dificultades para dormir de forma recurrente.
Además, casi uno de cada dos profesionales (46,5%) señala que padece ansiedad con frecuencia o que se encuentra actualmente bajo tratamiento médico. En los casos más extremos, un 8% ha iniciado tratamiento con antidepresivos en el último año, y otros han tenido que recurrir a bajas laborales o excedencias para proteger su salud mental.
Estos son algunos de los factores que agravan el estrés laboral de los veterinarios
Entre las principales causas del desgaste emocional destaca el incremento de la carga administrativa. La entrada en vigor del Real Decreto 666/2023, que regula la prescripción y dispensación de medicamentos veterinarios, es identificada por el 73,2% de los profesionales como un factor clave de estrés.
Muchos consideran que esta normativa limita su criterio clínico y transmite una falta de confianza en su capacitación técnica. A esta situación se suma una reivindicación histórica del sector: el mantenimiento del IVA veterinario en el 21%.
Esta fiscalidad encarece la atención y refuerza la percepción de que la salud animal es un bien de consumo y no un servicio esencial. Los veterinarios denuncian, además, la ausencia de un reconocimiento institucional acorde a su papel en la salud pública, la prevención de zoonosis y la seguridad alimentaria.
El riesgo de suicidio entre los veterinarios multiplica la alarma en el sector
El dato más inquietante del estudio de Gosbi y Dynata tiene que ver con el riesgo de suicidio. Según el informe, la tasa en el colectivo veterinario es 4,5 veces superior a la de la población general en España.
Mientras que el pensamiento suicida afecta aproximadamente al 2,2% de los ciudadanos, entre estos profesionales la cifra se eleva hasta el 11,8%. Especialmente preocupante es el impacto entre los veterinarios más jóvenes. El 67% de quienes han tenido ideas suicidas tiene menos de 44 años, lo que refleja una pérdida temprana de expectativas y motivación profesional.
De hecho, el agotamiento emocional alcanza ya al 94% del sector y ocho de cada diez veterinarios admiten haber perdido la ilusión por una profesión que en su día eligieron por vocación.
