Contenido
- 0.1 Por qué las personas seguras de sí mismas nunca cruzan los brazos al hablar con los demás según la psicología
- 0.2 El significado de que una persona siempre utilice ropa de color negro, según la psicología
- 0.3 Éste es el detalle de los ojos en el que te debes fijar para saber si una persona se siente atraída por ti, según la ciencia
- 1 Esto es lo que significa que nos hablemos en segunda persona a nosotros mismos
A lo largo del día, sin darnos cuenta, mantenemos pequeñas conversaciones internas. A veces son breves recordatorios, otras funcionan como una especie de guía que nos ayuda a decidir, entender o incluso calmarnos. Es ese diálogo interior que todos mencionamos alguna vez y que, aunque parezca algo automático, cumple un papel mucho más importante de lo que solemos pensar. De hecho, al hacerlo nos damos cuenta que la voz que solemos usar es en segunda persona como si nos dirigiéramos a alguien que no somos nosotros, pero ¿qué significa que nos hablemos en segunda persona a nosotros mismos? La psicología tiene la respuesta.
La psicología lleva años estudiando esta voz interna porque actúa como una herramienta de autorregulación. Permite ordenar pensamientos, manejar emociones y procesar lo que ocurre a nuestro alrededor. Lo curioso es que no todo el mundo la experimenta igual. Un análisis de la Universidad de Copenhague apunta a que entre un 5% y un 10% de la población directamente no tiene ese diálogo interno, algo que sigue desconcertando a los investigadores porque aún se desconoce qué explica esa ausencia.
Pero para quienes sí conviven con esta voz, hay diferencias significativas en la forma en la que aparece. Algunas personas se hablan en primera persona, usando el “yo”, mientras que otras lo hacen en segunda persona, como si se dirigieran a alguien más. Y aquí es donde los estudios empiezan a señalar algo relevante: el hecho de que nos hablemos en segunda persona, que puede parecer una elección aparentemente inocente puede influir en cómo nos vemos y en cómo gestionamos determinadas situaciones.
Esto es lo que significa que nos hablemos en segunda persona a nosotros mismos
La mayoría de personas utiliza un diálogo interior en primera persona. Es lógico: el «yo» es la forma más directa de expresar lo que sentimos o pensamos. Ese tipo de conversación refleja una mirada muy pegada a la propia subjetividad. Sin embargo, diferentes investigaciones sugieren que el hecho de que nos hablemos en segunda persona podría aportar beneficios adicionales, precisamente porque crea un pequeño espacio de distancia psicológica.
Un estudio de la Universidad de Michigan lo denomina «diálogo interno distanciado«. Según sus autores, cuando una persona se habla a sí misma en segunda persona, o incluso utiliza su propio nombre, cambia la manera en la que se conceptualiza. Es decir, deja de estar totalmente sumergida en su experiencia inmediata y consigue una visión más amplia de sí misma. En palabras del equipo investigador, «usar el propio nombre para pensar en el yo condujo a mayores cambios en el autoconcepto que los asociados con pensar en otras personas».
Ese cambio no es sólo lingüístico. Los investigadores observaron que este tipo de diálogo facilita el acceso a características más abstractas del autoconcepto y a identidades sociales que, en situaciones de estrés o bloqueo mental, suelen quedar menos accesibles. En la práctica, ayuda a pensar con algo más de claridad, como si la mente tomara aire y se recolocara.
Cómo influye hablarse en segunda persona en la vida cotidiana
Aunque el estudio no zanja por completo la relación entre este tipo de diálogo y la distancia psicológica, sí ofrece pistas interesantes. Los autores creen que pequeños matices en el lenguaje son suficientes para modular la forma en que representamos cognitivamente quiénes somos. Es como si ese «tú puedes» o «María, céntrate» activara un modo más racional y menos impulsivo.
La psicóloga Valeria Sabater, en sus trabajos divulgativos, recomienda incorporar este recurso de manera consciente. No se trata de hablarse con frialdad ni de reprimir emociones, sino de adoptar una especie de papel de entrenador interno. Según explica en redes sociales, la idea es que la voz interior deje de ser un juez severo para convertirse en una guía que acompaña. «Tu voz crítica no debe torturar, atacar o devaluar la persona que eres«, recuerda, subrayando la importancia de cambiar el tono con el que nos dirigimos a nosotros mismos.
De hecho, esa distancia psicológica es especialmente útil cuando aparecen pensamientos negativos o momentos de desesperanza. Tomar un paso atrás , aunque sea mediante o a través del lenguaje, permite responder de manera más compasiva y equilibrada.
Un campo que sigue en estudio
A pesar de estos avances, los investigadores insisten en que aún queda mucho por descubrir. No se sabe con claridad por qué algunas personas no tienen diálogo interior, ni qué explica las diferencias entre quienes usan más la primera o la segunda persona. Tampoco está claro del todo cómo interactúan la distancia personal y la distancia social dentro de estos procesos. Pero lo que sí se sabe es que el diálogo interior, en cualquiera de sus formas, es una herramienta poderosa para entendernos mejor. Y que ciertos cambios en la forma de hablarnos pueden abrir la puerta a una relación más amable y más eficaz con nuestros propios pensamientos.






