Ni sudokus ni crucigramas: la actividad que puede frenar el declive cognitivo, según un estudio en 86.000 personas

Este enfoque puede ayudar de manera efectiva a que las personas mantengan la agilidad mental y ganen estabilidad cognitiva con el paso del tiempo

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Recreación de una mujer leyendo un libro.

Según pasan los años, el cuerpo afronta varios cambios que se notan más de lo que querríamos. Entre ellos aparecen problemas de memoria, una atención cada vez más leve, dudas al tomar decisiones y dificultades para resolver situaciones cotidianas. Incluso el humor puede cambiar sin motivo claro, como si algo se desajustara por dentro.

La solución no pasa por llenar la mesa de sudokus ni por comprar crucigramas para frenar el declive cognitivo, sino que un reciente estudio con datos de casi 90.000 personas indica que la clave está en algo que cualquiera puede practicar con un poco de dedicación y constancia.

Esta es la actividad que puede frenar el declive cognitivo, según un estudio

El trabajo, titulado A multilingual guide to slowing aging y dirigido por Agustín Ibáñez, analizó a participantes de 27 países europeos. El equipo evaluó si su envejecimiento avanzaba más rápido o más lento de lo esperado según sus hábitos y su salud. Midieron atención, memoria y señales tempranas de deterioro relacionadas con la vida diaria.

La tendencia fue clara: quienes hablan un sólo idioma muestran el doble de probabilidades de envejecer de forma acelerada. En cambio, las personas que utilizan varias lenguas reducen ese riesgo alrededor de un 50 %.

Y lo curioso es que el efecto crece con cada idioma que se añade. Cuantos más idiomas maneja alguien, más frena el declive cognitivo, y eso no cambió ni siquiera cuando ajustaron los resultados por edad, educación o situación económica.

El multilingüismo funciona como un entrenamiento continuo. Cambiar de idioma obliga a activar la atención, manejar reglas distintas, frenar interferencias internas y reajustar la información sobre la marcha. Esa exigencia diaria fortalece las redes cerebrales que suelen debilitarse con los años.

Que partes del cerebro trabajan al aprender un idioma

La mayor carga recae en el hemisferio izquierdo, donde el área de Broca organiza la producción del habla y la estructura gramatical. El área de Wernicke interpreta lo que escuchamos y lo que leemos. Ambas regiones intercambian información a través del fascículo arqueado, que actúa como puente entre comprensión y producción.

El hipocampo interviene al memorizar vocabulario nuevo. La corteza prefrontal se activa para mantener la concentración, cambiar de idioma sin bloquearse y filtrar distracciones. Incluso los ganglios basales participan en la fluidez lingüística cuando alternamos lenguas. La suma de toda esta actividad fortalece la reserva cognitiva que protege frente al deterioro.

Cómo empezar a aprender un idioma para frenar el declive cognitivo

Al principio, hay que fijarse en lo esencial: saber por qué quieres aprenderlo. Un motivo claro ayuda a mantener el ritmo. Después toca crear una rutina breve pero diaria, algo asumible incluso en días en los que cuesta centrarse.

Empieza con vocabulario útil y frases que puedas usar desde el primer momento. A la vez, rodéate del idioma con música, series, vídeos cortos, podcasts o textos sencillos. Esa mezcla facilita que el oído y la memoria se activen sin esfuerzo forzado.

Y lo más importante es hablar. Da igual si mezclas palabras o si dudas. Practicar con nativos, ya sea en persona o por videollamada, acelera el proceso. Escribir un diario sencillo también ayuda a fijar lo aprendido.

El avance no sigue una línea recta, pues hay días en los que recuerdas todo y otros en los que parece que retrocedes, pero lo importante es la constancia.

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