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En las relaciones sociales existe una idea profundamente arraigada que sostiene que, si nos esforzamos lo suficiente, si somos amables, flexibles y complacientes, entonces todo el mundo nos querrá. Desde pequeños aprendemos a buscar aprobación como una forma de sentirnos seguros y aceptados. Sin embargo, la vida adulta demuestra que no importa cuánto intentes gustar, hay veces donde no puedes hacer nada para caer bien a una persona. No es un defecto propio, sino que forma parte de una realidad humana que tiene más que ver con ideas, creencias y emociones de los demás, que no definen tu dignidad ni tu valor personal.
En este sentido, aceptar que no puedes caerle bien a todo el mundo resulta doloroso al principio, porque toca una de nuestras mayores vulnerabilidades: el miedo al rechazo. Sin embargo, la psicóloga Patricia Ramírez, conocida como Patri Psicóloga, explica que a veces simplemente no hay química entre personas, y que eso no significa que haya algo personal contigo. Cada uno mira la realidad a través de su propia historia, inseguridades y expectativas. La profesional advierte que, cuando intentas convertirte en una versión editada de ti para gustar, empiezas a traicionarte poco a poco. Rediriges tu energía a complacer en lugar de vivir con coherencia. «El problema es que, aun así, nunca lograrás gustar a todos, y además terminarás perdiendo el respeto por ti mismo»”, menciona. A su vez, comenta que el desgaste interno suele manifestarse en ansiedad, resentimiento silencioso y una sensación persistente de vacío emocional.
¿Por qué no puedes caer bien a una persona?
No caerle bien a todo el mundo es normal y no se trata de una anomalía. Las personas no reaccionan solo a lo que dices o haces, sino a lo que representas para ellas. A veces activas recuerdos, comparaciones o inseguridades que no tienen nada que ver contigo.
La experta Patri Psicóloga insiste en que no gustar no es un fracaso, sino una señal de que eres real y no un producto. Además, pretender encajar con todos implicaría borrar rasgos esenciales de tu personalidad.
A su vez, sostiene que existe un componente inevitable de incompatibilidad. La experta señala que, así como tú no conectas con todas las personas que conoces, otros tampoco conectarán contigo. “No es una cuestión moral ni un juicio sobre tu valor como persona. Es, simplemente, una diferencia de estilos, ritmos, valores o formas de ver la vida”, menciona.
El coste emocional de gustar a los demás
El psicólogo Ramón Soler advierte que intentar caer bien a una persona en todo momento es una peligrosa arma de doble filo. Puede darte una red amplia de conocidos y una apariencia de aceptación social, pero el precio suele ser tu identidad.
«Cuando reprimes tus preferencias, tus opiniones y tus necesidades para evitar el rechazo, empiezas a vivir desde la contención y la pasividad», sostiene. Con el tiempo, ese patrón se vuelve automático.
Por lo tanto, Soler señala que las personas comienzan a amoldarse, ceder y callar por inercia. «Muchas personas que viven así acaban sin saber qué les gusta realmente o quiénes son. Han pasado tantos años adaptándose que perdieron el contacto con su propio deseo», indica.
¿Cuál es el origen de que queramos gustar a todos?
Ramón Soler también señala que este comportamiento suele tener raíces en la infancia. Cuando dependías emocional y físicamente de tus cuidadores, ocultar deseos y necesidades pudo ser una estrategia de supervivencia. Ser “bueno”, no molestar y adaptarte era una forma de garantizar afecto y protección.
Para el psicólogo, el problema es que, aunque hoy ya eres adulto y autónomo, tu cerebro sigue usando el mismo programa. Actúas como si todavía tuvieras que ganarte el amor de los demás para sobrevivir, cuando en realidad ya no estás en esa situación. Pues no caer bien a una persona es normal.
¿Por qué es importante reconectar contigo mismo?
Dejar de intentar gustar a todo el mundo implica recuperar tu poder personal. Significa escucharte, tomar decisiones alineadas contigo y tolerar que algunas personas se alejen. Según Soler, perderás popularidad, pero ganarás autenticidad.
«Paradójicamente, cuando dejas de forzarte a gusta a los demás, empiezas a atraer relaciones más sanas. Personas que no quieren nada de ti, sino que disfrutan de tu compañía tal como eres», afirma.
¿Cómo fortalecer tus relaciones y validar tus emociones?
Según Psychology Today, es razonable priorizar a veces las necesidades ajenas, pero convertirlo en tu modo de vida puede impedirte pedir ayuda y cuidarte. Si temes constantemente que te vean mal por expresar una necesidad, podrías estar en una relación poco saludable.
Además, no eres responsable de las emociones internas de los demás. Presionarte para hacer felices a todos es injusto y poco realista. Solo puedes responder por tus propias emociones.
«No gustar a todo el mundo no es un defecto. Es un recordatorio de que eres humano, real y auténtico», explican. Además, destacan que tu valor no depende de la validación externa, sino de tu coherencia contigo mismo. Cuando aceptas esto, que no puedes caer bien a una persona, tus relaciones son más verdaderas.
