Contenido
La edad biológica avanza con los años y trae cambios que se hacen visibles en el cuerpo. Sin embargo, la forma en la que vivimos puede hacer que nuestro cerebro marque una cifra muy distinta, incluso más joven que la que aparece en el DNI.
Investigadores de la Universidad de Florida han comprobado que hábitos como dormir bien, gestionar el estrés y cuidar las relaciones sociales pueden restar hasta ocho años a la edad cerebral, incluso en personas con dolor crónico.
Este es el hábito que puede rejuvenecer tu mente y que sólo depende de ti
Entre todos los factores analizados, un hábito que destacó fue el de tener una actitud optimista ante la vida. No hablamos de ingenuidad ni de negar los problemas, sino de la forma en la que interpretamos lo que nos ocurre. Las personas que tienden a ver los contratiempos como retos manejables y no como amenazas permanentes mostraron cerebros más jóvenes y resistentes.
El optimismo actúa como un amortiguador frente al estrés. Cuando alguien percibe una dificultad como algo superable, su organismo libera menos cortisol, la hormona que, en exceso, acelera el desgaste celular. El hipocampo, clave para la memoria y el aprendizaje, sufre menos. Eso, con el tiempo, marca la diferencia.
Asimismo, una mirada positiva suele ir acompañada de curiosidad y ganas de aprender. Ese impulso obliga al cerebro a crear nuevas conexiones neuronales. La neuroplasticidad se mantiene activa y la mente conserva agilidad.
También existe un vínculo claro con la salud cardiovascular. Las personas optimistas presentan menos inflamación y mejor circulación. Un cerebro bien irrigado envejece más despacio y procesa la información con mayor claridad.
Incluso a nivel microscópico aparecen señales interesantes. Algunos trabajos relacionan una visión positiva de la vida con telómeros más largos, esas estructuras que protegen el ADN y que se acortan con la edad.
Diferencia entre optimismo ciego y optimismo inteligente
Conviene matizar, pues no todo optimismo resulta saludable. El optimismo ciego ignora los problemas. Finge que no existen. A corto plazo puede aliviar, pero termina generando frustración.
El optimismo inteligente, en cambio, reconoce la dificultad y decide actuar. Acepta el mal momento, pero busca una salida. Ese enfoque fortalece la resiliencia y protege la salud mental. El cerebro agradece esa actitud práctica y flexible.
La investigación observó algo llamativo: quienes acumulaban más hábitos saludables (buen descanso, peso adecuado, relaciones sociales sólidas, gestión eficaz del estrés) arrancaban el estudio con cerebros que parecían hasta ocho años más jóvenes.
Cómo entrenar la mente para ser más optimista
Nadie cambia su forma de pensar de un día para otro. Pero sí puede practicar ciertos gestos diarios que, repetidos, terminan dejando huella.
- Escribe tres cosas buenas del día. Antes de acostarte, anota tres detalles concretos que hayan ido bien. Cuanto más específicos, mejor. Ese ejercicio sencillo reeduca la atención.
- Haz una pausa cuando algo te sale mal. 10 segundos bastan. Respira y pregúntate qué está en tu mano ahora mismo. Cambia la queja automática por una decisión pequeña.
- Cuida lo que consumes. Si pasas horas leyendo noticias negativas, tu percepción del mundo se oscurece. Filtra, limita y elige momentos concretos para informarte. Rodéate de personas que sumen, el estado de ánimo se contagia. Conversar con alguien constructivo cambia más de lo que parece.
- Visualiza un objetivo alcanzable. Dedica unos minutos a imaginar cómo sería resolver ese asunto que te preocupa. El cerebro necesita esa imagen para empezar a buscar caminos.
