Contenido
- 0.1 Ni idiomas ni deportes: la habilidad que deberían aprender los niños para ser más inteligentes, según los expertos
- 0.2 La desconocida habilidad que puede hacer a los niños más inteligentes, avalada por expertos en educación infantil
- 0.3 El juego de mesa recomendado por una medallista paralímpica española para las personas con problemas de visión
- 1 Esta es la habilidad que mejora la inteligencia emocional de los niños, según expertos
- 2 Por qué la pintura ayuda al desarrollo de la inteligencia emocional infantil
- 3 Cómo empezar a trabajar la pintura en casa con los hijos
La crianza de los niños es uno de los procesos que más esfuerzo exige a los padres. A la falta de tiempo se suma una sobrecarga constante de información, consejos y tendencias educativas que no siempre ayudan a tomar decisiones claras. Música, matemáticas, deporte, idiomas o tecnología, cada actividad promete beneficios distintos y, aun así, la duda aparece con frecuencia.
En ese contexto, muchos padres buscan opciones que no sólo refuercen el aprendizaje académico, sino que ayuden a sus hijos a gestionar emociones, frustraciones y relaciones sociales. Ahí entra en juego una habilidad que suele pasar desapercibida y que, sin embargo, los expertos educativos consideran clave para el desarrollo emocional infantil.
Esta es la habilidad que mejora la inteligencia emocional de los niños, según expertos
La habilidad a la que se refieren numerosos especialistas es la pintura, dentro del ámbito de las artes plásticas. Según el blog pbssocial, esta actividad ofrece a los niños una vía directa para expresar emociones complejas sin necesidad de verbalizarlas. A través del color y el gesto, los niños comunican estados de ánimo que todavía no saben explicar con palabras.
Pintar obliga a tomar decisiones sencillas pero constantes: elegir colores, controlar el trazo, aceptar que el resultado no siempre coincide con la idea inicial. Ese proceso refuerza la tolerancia a la frustración y la capacidad de adaptación, dos aspectos fundamentales de la inteligencia emocional. Además, no hay presión por hacerlo bien, lo que reduce la ansiedad y favorece una relación más sana con el error.
El blog pbssocial también destaca que la pintura activa zonas del cerebro relacionadas con la regulación emocional. Al centrarse en la actividad, los niños bajan el ritmo, se concentran y encuentran un espacio de calma difícil de conseguir en otras tareas más estructuradas.
Por qué la pintura ayuda al desarrollo de la inteligencia emocional infantil
La pintura funciona como un canal seguro para explorar emociones. Un niño enfadado puede descargar tensión con pinceladas fuertes, uno más tranquilo puede optar por colores suaves y movimientos lentos. No hay correcciones constantes ni juicios externos, lo que fortalece la autoestima.
Cuando la pintura se realiza en grupo, aparecen beneficios sociales claros. Compartir materiales, respetar turnos y comentar los dibujos de otros niños fomenta la empatía y la comunicación. Incluso en trabajos individuales, enseñar lo que han hecho y explicarlo refuerza la capacidad de expresar sentimientos y escuchar a los demás.
Completar un dibujo genera una sensación de logro visible. El niño ve algo terminado, algo propio. Esa experiencia refuerza la confianza y enseña que el esfuerzo tiene un resultado, aunque no sea perfecto.
Cómo empezar a trabajar la pintura en casa con los hijos
Para incorporar la pintura en el día a día no hace falta montar nada especial. Con papel algo grueso, unas acuarelas y pinceles sencillos es más que suficiente. Cuando el material está a la vista y al alcance, la pintura deja de ser una actividad puntual y pasa a integrarse de forma espontánea en la rutina del niño.
También conviene huir de consignas demasiado cerradas, pedir un dibujo concreto suele limitar más de lo que ayuda. Funciona mejor abrir la puerta a la experimentación: mojar el papel, mezclar colores sin un objetivo claro o dibujar con ceras y pintar encima. Ese margen de libertad despierta la curiosidad y facilita que el niño se exprese sin miedo a equivocarse.
El papel del adulto resulta clave en este proceso. Acompañar sin dirigir, preguntar qué han querido hacer y escuchar la respuesta sin corregir ni interpretar en exceso permite que la pintura cumpla su verdadera función.






