Contenido
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- 1 Si alguien habla así, podría estar sufriendo declive cognitivo
- 2 Cómo identificar cuándo el lenguaje deja de ser sólo un despiste y apunta a declive cognitivo
Es posible que, en una tarde hablando con un amigo o un familiar, alguien se quede en silencio a mitad de una frase. Sabe lo que quiere decir, pero la palabra no sale. La escena suele generar una sonrisa o pasar por un despiste. Sin embargo, conviene estar atentos cuando estos bloqueos se repiten o cambian la forma habitual de expresarse, porque no siempre responden a una simple confusión.
A partir de cierta edad, la manera en la que funciona el cerebro deja de ser tan ágil y puede volverse más irregular. Si estos cambios pasan desapercibidos, el problema puede avanzar sin que nadie lo note. Según el estudio Cognitive components of aging-related increase in word-finding difficulty, liderado por Hsi T. Wei, la dificultad para encontrar palabras es mucho más común de lo que se cree y puede estar relacionada con el inicio del declive cognitivo.
Si alguien habla así, podría estar sufriendo declive cognitivo
Los científicos definen la dificultad para encontrar palabras, conocida como word-finding difficulty (WFD), como la sensación de tener una palabra en la punta de la lengua sin llegar a articularla. Suele aparecer cuando estamos cansados o distraídos. Sin embargo, cuando ocurre con frecuencia y se acompaña de una lentitud notable al hablar, la señal va más allá de un simple olvido.
En la trabajo de Hsi T. Wei, investigadores midieron cómo respondían personas de entre 18 y 85 años a tareas diseñadas para provocar estos bloqueos deliberadamente. Compararon tiempos de reacción y errores en pruebas controladas con muestras de conversación natural. Los datos muestran que la lentitud para activar palabras, más que los lapsus aislados, está estrechamente ligada a otros signos de deterioro cognitivo.
No es lo mismo olvidar un sustantivo de vez en cuando que tardar en construir una frase completa. En muchos casos de envejecimiento saludable, la persona mantiene un ritmo conversacional fluido aunque cometa algún fallo puntual. Pero cuando la cadencia del discurso se rompe de forma persistente y aparecen pausas largas entre conceptos, existe la probabilidad de que exista una afección subyacente.
Los resultados también indican que no todas las teorías sobre este fenómeno explican por completo lo que ocurre. Algunos científicos pensaban que la dificultad para encontrar palabras se debía a una incapacidad para filtrar ideas irrelevantes o a fallos específicos en las zonas del lenguaje. Sin embargo, los patrones observados apuntan a una ralentización más general de los procesos cerebrales como factor principal. Esa «lentitud de fondo» afecta al habla, y también a funciones como la atención y la planificación.
Cómo identificar cuándo el lenguaje deja de ser sólo un despiste y apunta a declive cognitivo
Para detectar señales tempranas de declive cognitivo a través del habla no hace falta realizar pruebas sofisticadas en casa. Hay indicadores que familiares y amigos pueden observar con claridad:
- Ritmo más lento: frases que fluyen con menor rapidez que antes, con pausas extrañas entre palabras.
- Reiteración de palabras comodín: uso habitual de términos vagos como «eso» o «cosa» en lugar de nombres concretos.
- Descripciones en vez de nombres: vueltas innecesarias para explicar lo que antes se decía de forma directa.
- Titubeos frecuentes: más «eh», «um» o silencios prolongados que rompen la conversación.
En consulta, los profesionales combinan pruebas de denominación con análisis del habla espontánea y ejercicios de fluidez verbal. La atención se centra en cómo se expresa la persona, no sólo en si comete algún fallo puntual, y en cómo ha cambiado su forma de hablar con el tiempo.






