Contenido
- 0.1 Aunque no le prestes atención, está avalado por la ciencia: el sencillo hábito que mejora tu inteligencia emocional
- 0.2 Ni idiomas ni música: la actividad que mejora la inteligencia emocional de los niños y todos tenemos al alcance
- 0.3 Confirmado por la ciencia: el hábito que puede mejorar tu inteligencia emocional y puedes comenzar hoy mismo
- 1 Este es el sencillo hábito que puede mejorar la inteligencia emocional en niños y adultos, según la ciencia
- 2 Cómo empezar a mejorar la inteligencia emocional con la exposición a la naturaleza
Hay dos tipos de personas: las que, ante un problema, buscan soluciones y las que reaccionan atacando o poniéndose a la defensiva. Las primeras aceptan los errores como aprendizaje y asumen su responsabilidad; las otras buscan culpables fuera o se castigan en exceso. Unas saben decir «no» con firmeza y respeto, otras lo evitan o lo dicen de forma agresiva. Ahí aparece la diferencia entre tener inteligencia emocional o no.
Esta habilidad permite manejar las emociones de forma asertiva incluso cuando el entorno no acompaña. No es algo con lo que se nace, sino que se desarrolla con el tiempo. Y hay un hábito sencillo, al alcance de niños y adultos, que ayuda de verdad a fortalecerla.
Este es el sencillo hábito que puede mejorar la inteligencia emocional en niños y adultos, según la ciencia
Varios estudios coinciden en que pasar al menos 120 minutos a la semana en entornos naturales marca un antes y un después en la salud mental y en la regulación emocional.
Una investigación publicada a finales de 2025, liderada por Farhana Naz junto a su equipo universitario, siguió durante seis meses a personas adultas de grandes ciudades. Quienes alcanzaban ese tiempo semanal en parques, riberas o zonas verdes reducían ansiedad, estrés y síntomas depresivos. Los análisis no se quedaron en cuestionarios: también bajaban los niveles de cortisol, la hormona asociada al estrés sostenido.
Por otro lado, el estudio dirigido por Mathew P. White, analizó a casi 20.000 personas en Inglaterra. La conclusión fue que por debajo de los 120 minutos no se apreciaban grandes cambios; a partir de ahí, aumentaba la probabilidad de sentirse bien y de declarar un buen estado de salud. No importaba si el tiempo se concentraba en una sola salida o se repartía en varias visitas cortas.
Este hábito impacta de lleno en la inteligencia emocional porque baja el ruido interno. Con menos activación constante, resulta más fácil pensar antes de reaccionar, poner límites sin agresividad y tolerar la frustración. En niños, además, ese espacio reduce la sobreestimulación y facilita que aprendan a identificar lo que sienten sin desbordarse.
Cómo empezar a mejorar la inteligencia emocional con la exposición a la naturaleza
La clave está en hacerlo asequible y sostenible en el tiempo. Si son 120 minutos a la semana, no hace falta complicarlo. Un parque cercano, un paseo con árboles o una zona verde accesible sirven igual si el contacto se mantiene semana tras semana.
Empieza por lo básico y fija un objetivo semanal realista. Dos paseos de una hora o cuatro de media hora cumplen la dosis. Si un día sólo puedes estar quince minutos, suma y continúa.
Durante ese tiempo, simplifica. Deja el móvil en silencio, camina sin prisa y presta atención a lo que pasa dentro: tensión, cansancio, enfado. Poner nombre a la emoción ya es una forma de regularla. Ese gesto, repetido, entrena la capacidad de responder con calma cuando toca decir «no», negociar o asumir un error.
Al volver a casa, anota mentalmente cómo estabas antes y cómo estás después. No hace falta escribir un diario perfecto. Basta con notar el cambio. Así el cerebro asocia el entorno natural con una bajada real de activación emocional. Al final, esos 120 minutos no prometen una vida sin conflictos, sino un margen para pensar, regularte mejor y elegir cómo reaccionas. Y eso, en la práctica diaria, marca la diferencia.






