Contenido
- 0.1 Pocos españoles lo trabajan: el sencillo hábito que mejora la inteligencia emocional infantil y está comprobado
- 0.2 Ni matemáticas ni inglés: la actividad que mejora la inteligencia emocional en niños, con respaldo científico
- 0.3 Ni juegos ni idiomas: el hábito paterno que hace a los niños más inteligentes, según un estudio psicológico
- 1 Este es el sencillo hábito que puede mejorar tu inteligencia emocional
- 2 Por qué el ejercicio influye en la inteligencia emocional
- 3 Cómo empezar a hacer ejercicio de manera regular
Al tener una discusión, cuando hay que esperar más de lo que uno quiere o cuando se presencia una injusticia en mitad de la calle, muchas veces el cuerpo se tensa y salen emociones como molestia y frustración. No obstante, reaccionar de inmediato nunca es la solución. La inteligencia emocional consiste, precisamente, en reconocer lo que está pasando por dentro y gestionarlo en ese momento para responder de forma asertiva.
Siempre resulta mejor llevar la situación con calma y buscar una solución que acabar gritando en una acera, dominado por la rabia. Para llegar a ese punto, la clave no está en forzar un optimismo sin sentido, sino en entrenar esa capacidad, igual que se hace con otras habilidades. Y la buena noticia es que existe un hábito sencillo, accesible y con respaldo científico que ayuda a hacerlo.
Este es el sencillo hábito que puede mejorar tu inteligencia emocional
El hábito que puede mejorar tu inteligencia emocional desde el primer momento es hacer ejercicio físico de manera regular. Según un estudio liderado por Yao Zhang y publicado en Scientific Reports, el ejercicio se asocia con una mejor capacidad para regular las emociones. Los investigadores analizaron datos de más de 10.900 estudiantes universitarios chinos y observaron una relación directa entre la actividad física, la autoeficacia y la regulación emocional.
Lo que los expertos han analizado es que no se trata sólo de moverse más, sino de cómo el ejercicio refuerza la confianza personal para afrontar retos. Esa sensación de «puedo con esto» termina trasladándose a la gestión de emociones difíciles. Los datos muestran que quienes practican ejercicio presentan mayor control emocional, incluso cuando la actividad no es intensa.
Por otro lado, el estudio revela un matiz interesante: el 71 % de los estudiantes realizaba ejercicio de baja intensidad. Aun así, ya aparecían beneficios. Además, las mujeres tendían más a ese ejercicio suave que los hombres, y las diferencias entre sexos y cursos resultaron estadísticamente significativas.
En cuanto a la resiliencia psicológica, las mujeres puntuaban ligeramente más alto, mientras que la capacidad de regulación emocional variaba más según el curso académico que según el género.
Por qué el ejercicio influye en la inteligencia emocional
Desde la psicología se insiste en que el ejercicio actúa como un entrenamiento emocional encubierto. Al moverse, el cuerpo libera endorfinas, mejora el estado de ánimo y reduce la activación constante del estrés. Eso facilita pensar con más claridad cuando surge un conflicto.
Desde la Universidad Politécnica de Madrid, varios investigadores llegaron a conclusiones similares tras estudiar a más de 3.000 estudiantes. Detectaron que quienes hacían actividad física en su tiempo libre mostraban mejores niveles de atención, claridad y reparación emocional. Es decir, entendían mejor lo que sentían y sabían reconducirlo antes de que se desbordara.
Los expertos destacan que el deporte coloca a la persona en situaciones reales de gestión emocional: frustración, esfuerzo, logro o error. Todo eso entrena la cabeza sin necesidad de discursos teóricos.
Cómo empezar a hacer ejercicio de manera regular
Para empezar, lo mejor es ir despacio. Caminar, nadar, hacer yoga o moverse en casa dos o tres veces por semana ya marca una diferencia. A partir de ahí, aumentar el tiempo poco a poco hasta rondar los 30 minutos diarios.
Ayuda mucho fijar un horario estable y elegir una actividad que resulte agradable. No hace falta sufrir para obtener beneficios. La intensidad moderada funciona bien.
También resulta clave escuchar al cuerpo, calentar antes y evitar comparaciones. El objetivo no es rendir, sino sostener el hábito. Con el tiempo, ese gesto sencillo refuerza la calma, la paciencia y la forma de responder cuando las emociones son más intensas.






