Susana Rodríguez, medallista paralímpica: «La baja visión me enseñó este hábito para entender mejor a los demás»

La campeona paralímpica explica cómo este sencillo hábito puede aplicarse en el día a día de cualquier persona

Susana Rodríguez.

Susana Rodríguez.

Las personas que viven con baja visión no sólo se enfrentan a obstáculos físicos o a un entorno poco adaptado. También conviven con una distancia que las aparta de la rutina común y obliga a reorganizar gestos cotidianos. Tener una discapacidad visual cambia la manera de vivir y deja aprendizajes que no siempre se explican.

Susana Rodríguez Gacio, campeona paralímpica española, nació con albinismo y una patología del nervio óptico que le provoca una discapacidad visual muy severa. Aun así, eso no le impidió llegar donde quería. Hoy es médica, ganó dos medallas de oro en los Juegos Paralímpicos, apareció en la portada de la revista TIME y es imagen de Barbie.

En medio de esa trayectoria hay un hábito concreto que aprendió gracias a la baja visión. Una forma de relacionarse con los demás que la ha acompañado siempre y que, según ella, cualquier persona, con o sin discapacidad, puede aplicar en su día a día.

Este es el hábito que ha aprendido Susana Rodríguez al vivir con baja visión

El hábito que ayudó a Susana Rodríguez a vivir con baja visión es «escuchar más a las personas y prestar atención a lo que nos dice el otro». En una entrevista con OKDiario, Rodríguez Gacio explica que convivir con una discapacidad la acercó a otras realidades distintas a la suya. A través de su propia experiencia conoció a personas con diferentes tipos de discapacidad y entendió que cada una vive dificultades específicas. «Nosotros sólo conocemos lo nuestro», señala, y ese desconocimiento suele limitarnos.

Escuchar implica frenar, observar con otros sentidos y no dar nada por supuesto. Salir de la burbuja personal ayuda a comprender mejor a quien tienes delante y a no juzgar desde la comodidad. Para Susana, esa actitud marca la diferencia en el trato diario y en la manera de construir relaciones más honestas.

Esto es lo que nos falta conocer sobre las personas con baja visión, según Susana Rodríguez

Rodríguez insiste en que muchas barreras no nacen de la mala intención, sino del desconocimiento. Hay personas que quieren ayudar, pero no saben cómo hacerlo porque nunca se han planteado qué necesita alguien con baja visión para acceder a la cultura, a las relaciones sociales o a situaciones tan normales como compartir una comida.

Según explica, lo más importante consiste en mantener una actitud abierta. Entender otras realidades no exige saberlo todo, sino estar dispuesto a preguntar y a escuchar la respuesta. A veces el respeto mal entendido se convierte en distancia, cuando bastaría con un gesto sencillo o una pregunta directa.

Guiar a una persona ciega, describir un espacio o explicar qué hay en un plato puede generar inseguridad si nunca se ha hecho. Eso resulta normal. Sin embargo, Susana defiende que lo fundamental es tener ganas de adaptarse y de buscar soluciones junto a la otra persona. Ser creativos, flexibles y no imponer.

Escuchar más, como aprendió Susana, no arregla todos los problemas, pero sí acerca posiciones y permite entender mejor realidades distintas que muchas veces se ignoran.

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