Contenido
- 0.1 Los rasgos que comparten las personas que prefieren quedarse en casa en vez de salir, según la psicología
- 0.2 Las personas más inteligentes que la media siempre tienen esta costumbre (y a veces ni se dan cuenta)
- 0.3 Esto es lo que dice los psicólogos sobre las personas que nunca dan explicaciones
- 1 Tu mente no busca que seas feliz, sino que sobrevivas
- 2 ¿Cómo dejar reeducar el instinto de supervivencia?
Marta Jiménez, psicóloga con una trayectoria de diez años, explica que el sufrimiento humano a menudo nace de un malentendido biológico. Según la experta en neuropsicología, el cerebro humano prioriza la supervivencia por encima de cualquier estado de bienestar emocional. Esta herencia evolutiva provoca que la mente trabaje bajo un sesgo de negatividad constante para anticipar peligros, aunque estos ya no existan en el entorno actual.
Basados en una de sus explicaciones, Jiménez menciona que el diseño de nuestro sistema nervioso no busca que alcancemos la felicidad, sino que logremos sobrevivir un día más. Esta programación ancestral es la responsable de que, ante una falta de respuesta en un mensaje o una llamada inesperada del jefe, el individuo imagine inmediatamente el peor escenario posible.
Tu mente no busca que seas feliz, sino que sobrevivas
El cerebro está programado para pensar en las peores situaciones posibles como una medida de protección automática. La psicóloga Marta Jiménez señala que esta actitud es una herencia de nuestros ancestros. Para ellos, interpretar el ruido del viento como la presencia de un león salvaje eran situaciones de vida o muerte. Aquellos que desconfiaban y huían lograban sobrevivir ante la amenaza, mientras que los optimistas que se arriesgaban ponían su vida en peligro. Ese pensamiento que antes salvaba vidas, hoy complica la existencia moderna al generar alarmas innecesarias ante situaciones cotidianas.
La mente no busca la verdad de los hechos, busca proteger al individuo de supuestas amenazas. Marta Jiménez sostiene que el trabajo actual de las personas no consiste en seguir huyendo de «leones» inexistentes, sino en aprender a vivir sin miedo.
Para la experta en neuropsicología, es posible reeducar el sistema cognitivo para que deje de reaccionar ante estímulos inofensivos, como un dolor físico leve o un silencio digital, como si fueran catástrofes inminentes.
¿Cómo dejar reeducar el instinto de supervivencia?
Para romper con este bucle de inactividad y miedo, la neuropsicología menciona que el movimiento enseña. No se trata de acertar a la primera, sino de entender que el valor suficiente para actuar desplaza al temor que genera la incertidumbre. Según Marta Jiménez, la parálisis es lo único que realmente desgasta la salud mental, mientras que cualquier elección permite a los pacientes recuperar las riendas de su realidad y mejorar la felicidad percibida.
Reeducar la mente requiere un entrenamiento consciente para que el cerebro comprenda que ya no habita en un entorno salvaje. Este proceso técnico implica procesos como:
- Identificar el sesgo de supervivencia en los pensamientos intrusivos diarios.
- Cuestionar las interpretaciones catastróficas ante eventos neutros o ambiguos.
- Fomentar la felicidad mediante acciones que contradigan el impulso de huida.
De esta manera, entender que el cerebro prioriza sobrevivir permitirá que dejes de juzgarse por tener pensamientos negativos. La psicóloga insiste en que no estamos condenados por nuestra biología, ya que la relación con la propia mente se puede transformar mediante la reprogramación.
El objetivo final es, para la experta, transitar desde una existencia basada en la defensa hacia una vida enfocada en el crecimiento y la libertad personal.






