La relación entre la alimentación y la salud cerebral ha despertado un creciente interés entre los investigadores durante los últimos años. Ahora, además de estudiar qué alimentos son más beneficiosos, la ciencia también analiza cuándo conviene comer para proteger el organismo. Un estudio reciente concluye que evitar ingerir alimentos durante las cuatro horas previas a acostarse y concentrar las comidas en una ventana diaria de ocho o nueve horas podría contribuir a preservar el reducir el deterioro cognitivo en la vejez.
Los investigadores consideran que este patrón alimentario podría aportar beneficios adicionales a los derivados de la pérdida de peso, especialmente en personas con sobrepeso u obesidad. Según The Guardian, el estudio realizado con mujeres de entre 50 y 79 años, observó mejoras modestas en determinadas capacidades mentales entre quienes restringieron el horario de las comidas respecto a quienes mantuvieron una distribución más amplia durante el día. Los expertos insisten en que estos resultados deberán confirmarse mediante investigaciones de mayor tamaño, pero destacan que la alimentación con restricción horaria podría convertirse en una estrategia sencilla para favorecer la salud cerebral. «La clave estaría en respetar mejor los ritmos naturales del organismo, evitando las comidas tardías y facilitando procesos metabólicos que influyen directamente en el funcionamiento del cerebro y en la prevención del deterioro cognitivo relacionado con la edad», sostienen los expertos.
¿Cómo influye el horario de las comidas en el deterioro cognitivo?
Durante décadas, las recomendaciones nutricionales se centraron principalmente en la calidad de los alimentos. Sin embargo, cada vez existen más evidencias de que el momento en que se ingieren también puede influir en la salud.
Según explica la Fundación para el Descubrimiento de Fármacos contra el Alzheimer, el organismo funciona siguiendo ritmos circadianos que regulan la actividad de prácticamente todas las células.
Estos relojes biológicos están sincronizados con el ciclo de luz y oscuridad. Durante el día, el cuerpo está preparado para obtener energía de los alimentos y utilizarlos de forma eficiente.
«En cambio, por la noche prioriza funciones relacionadas con la reparación celular y el descanso. Comer demasiado tarde puede alterar este equilibrio fisiológico», advierten los profesionales.
Otros especialistas, como la doctora Marta Garaulet advierte que cenar demasiado tarde obliga al organismo a realizar tareas digestivas cuando debería estar centrado en prepararse para el descanso nocturno.
¿Qué descubrió el estudio sobre el deterioro cognitivo?
Según ScienceDaily, el trabajo presentado por la profesora Sue Shapses, de la Universidad de Rutgers, incluyó a 47 mujeres con sobrepeso u obesidad que siguieron una dieta con restricción calórica durante seis meses.
Todas redujeron aproximadamente 500 calorías diarias, pero solo una parte limitó la ingesta a una ventana de nueve horas, normalmente entre las diez de la mañana y las seis de la tarde. Al finalizar el ensayo, ambos grupos perdieron una cantidad de peso similar, cercana a los siete kilogramos. Sin embargo, las pruebas cognitivas mostraron diferencias interesantes.
Las participantes que concentraron las comidas en un periodo más corto obtuvieron mejores resultados en tareas relacionadas con la planificación espacial y la resolución de problemas.
«Además, también registraron menos errores en pruebas de memoria y aprendizaje, aunque otras capacidades, como el tiempo de reacción, apenas variaron», destacan Sue Shapses.
¿Por qué comer antes de ir a dormir no es bueno para la salud y deterioro cognitivo?
Los investigadores creen que varios mecanismos podrían explicar estos resultados. Uno de ellos es el mejor control de la glucosa en sangre. “Comer a altas horas de la noche puede dificultar que el organismo procese correctamente los nutrientes, favoreciendo alteraciones metabólicas relacionadas con la obesidad y la diabetes”, aseguran.
También se estudia el posible papel de la inflamación. Los procesos inflamatorios crónicos pueden afectar al funcionamiento cerebral y aumentar el riesgo de enfermedades neurodegenerativas.
Por lo tanto, los expertos destacan que mantener horarios de alimentación más alineados con los ritmos circadianos podría reducir parte de esa inflamación y favorecer un entorno más saludable para el cerebro.
Además, evitar cenas muy tardías puede beneficiar la función vascular, mejorando el aporte de oxígeno y nutrientes al tejido cerebral, un aspecto fundamental para conservar las capacidades cognitivas durante el envejecimiento.
Un hallazgo prometedor que necesita más investigación
Los propios autores subrayan que los efectos observados entre la alimentación y el deterioro cognitivo en la vejez fueron modestos y que el estudio incluyó un número reducido de participantes. Por ello, no puede afirmarse todavía que este patrón alimentario prevenga la demencia ni que sus beneficios sean aplicables a toda la población.
No obstante, los resultados coinciden con una tendencia creciente en la investigación sobre alimentación con restricción horaria. Cada vez más estudios se basan en limitar el tiempo dedicado a comer puede mejorar diferentes indicadores metabólicos, especialmente cuando se evita consumir alimentos durante la noche.
