Contenido
- 0.1 El truco de los expertos para regular el azúcar en sangre: sólo necesitas este ingrediente
- 0.2 Ni plátano ni manzana: las 5 frutas que te ayudan a generar colágeno y tener una piel joven y radiante
- 0.3 Una farmacéutica da en la clave para comer menos en enero si la Navidad se te ha ido de las manos: «Empieza por proteína…»
- 1 Éstas son las 6 cosas que no deberías hacer por la mañana si quieres perder peso
Un propósito de año nuevo o que muchos arrancan en enero es el el de perder peso. Una rutina que sea como sea, casi siempre empiezan con buenas intenciones, pero también con bastante confusión. Hay quien se centra en contar calorías, quien elimina alimentos sin tenerlo del todo claro y quien cambia de plan cada pocas semanas. En medio de todo eso, pasa desapercibido un detalle clave: lo que ocurre nada más levantarse puede condicionar, para bien o para mal, todo lo que venga después durante el día.
Los dietistas coinciden en que no existen fórmulas mágicas ni rutinas universales, pero sí que existen una serie de hábitos matinales que, repetidos día tras día, pueden estar dificultando el objetivo de perder peso sin que apenas nos demos cuenta. No son errores graves ni conductas extremas, pero sí pequeñas decisiones que van sumando.
Éstas son las 6 cosas que no deberías hacer por la mañana si quieres perder peso
Lejos de dietas estrictas o normas imposibles, los especialistas insisten en algo mucho más sencillo: revisar qué hacemos nada más levantarnos y corregir ciertos automatismos que, aunque normalizados, no siempre juegan a nuestro favor.
Dormir poco o mal de forma habitual
Acostarse tarde y dormir pocas horas no sólo afecta al cansancio. Diversos dietistas advierten de que la falta de sueño altera las hormonas que regulan el hambre y la saciedad, lo que puede traducirse en más antojos y menos control a lo largo del día. Cuando el cuerpo está agotado, pide energía rápida y suele hacerlo en forma de alimentos poco nutritivos.
Si el objetivo es perder peso, descansar bien debería considerarse parte del plan. Priorizar el sueño, apagar pantallas antes y mantener horarios regulares ayuda más de lo que parece a mantener el equilibrio metabólico.
Saltarse el desayuno por sistema
Aunque no todo el mundo necesita desayunar nada más levantarse, hacerlo de forma sistemática puede acabar jugando en contra. Muchos profesionales de la nutrición explican que saltarse el desayuno aumenta el riesgo de llegar con demasiada hambre a media mañana o a la comida, lo que suele traducirse en elecciones menos conscientes.
Un desayuno equilibrado, especialmente si incluye proteína, ayuda a mantener estables los niveles de azúcar en sangre y facilita perder peso sin sensación constante de restricción. No se trata de comer en exceso, sino de dar al cuerpo lo que necesita para arrancar.
Comer sin pensar ni planificar
Las mañanas caóticas suelen acabar en decisiones improvisadas. Abrir la nevera sin una idea clara o salir de casa sin haber pensado qué se va a comer más tarde facilita que se elijan opciones poco saciantes o directamente que se salten comidas.
Los dietistas recomiendan dedicar unos minutos, incluso la noche anterior, a planificar el desayuno o tener opciones sencillas preparadas. Este pequeño gesto reduce el estrés y ayuda a perder peso de forma más constante, sin depender tanto de la fuerza de voluntad.
No moverse en absoluto al empezar el día
No hace falta entrenar intensamente a primera hora, pero pasar la mañana completamente en reposo tampoco es lo más recomendable. Un pequeño paseo, unos estiramientos o simplemente moverse un poco al levantarse activa el cuerpo y mejora la sensibilidad a la insulina.
Incorporar algo de movimiento suave por la mañana puede marcar la diferencia cuando se busca perder peso, además de mejorar el estado de ánimo y la concentración durante el resto del día.
Subirse a la báscula nada más levantarse
Mirar la báscula nada más levantarse se ha convertido en un gesto casi automático para muchas personas. El problema es que ese número, aislado y sin contexto, suele decir muy poco. De un día para otro puede variar sin que haya pasado nada relevante, y aun así influye en el ánimo y en las decisiones que se toman después, desde saltarse una comida hasta entrenar de más.
Por eso, cada vez más dietistas recomiendan no convertir el peso diario en el centro de todo. Cuando el objetivo es perder peso, resulta mucho más útil observar sensaciones reales: si hay más ligereza al moverse, si la ropa empieza a quedar diferente o si se llega al final del día con mejor energía. Esos cambios, aunque menos inmediatos, suelen ser los que indican que algo se está haciendo bien.
No hacer un pequeño chequeo personal
Levantarse en piloto automático es uno de los errores más comunes. Beber café sin hambre, forzarse a comer algo “porque toca” o ignorar señales corporales acaba desconectando a la persona de sus propias necesidades.
Al final si queremos perder peso, los expertos recomiendan hacerse preguntas simples al empezar el día: ¿tengo hambre?, ¿qué me apetece realmente?, ¿cómo quiero sentirme dentro de unas horas? Escuchar estas señales favorece una relación más sana con la comida y facilita perder peso sin convertir cada comida en una lucha.






