El aviso de un nutricionista que no te va a gustar si eres amante de las patatas fritas: «Cambia totalmente»

El aviso de un nutricionista que no te va a gustar si eres amante de las patatas fritas: "Cambia totalmente"

Las patatas fritas forman parte del día a día de la dieta de millones de personas y, al mismo tiempo, ocupan un lugar recurrente en el debate nutricional. Durante años han sido señaladas como uno de los alimentos menos recomendables dentro de una dieta equilibrada, asociadas al aumento de peso y a una mala salud metabólica. Al ser un procesado, que se cocina frito, los expertos comenta que es mejor desterrarlo de la dieta diaria.

Sin embargo, el creciente interés por la educación alimentaria está llevando a revisar muchas creencias populares sobre alimentos cotidianos como la patata. En este contexto, el nutricionista Luis Alberto Zamora ha aportado una visión más matizada en el programa Y ahora Sonsoles, de Antena 3. Lejos de demonizar el alimento, el experto ha explicado que el problema no es la patata en sí, sino la forma en la que se cocina y se consume. La patata no es el enemigo; lo es el exceso y la forma de preparación. Comprender esta diferencia permite tomar decisiones más informadas y sostenibles a largo plazo. Sus declaraciones han generado interés porque cuestionan mitos muy arraigados y ayudan a entender por qué un mismo alimento puede tener efectos muy distintos en el organismo según su preparación.

La opinión del nutricionista Zamora acerca de las patatas fritas

Según explicó Zamora en el programa de Antena 3, las patatas son una fuente natural de hidratos de carbono y aporta energía, fibra, vitaminas del grupo B y minerales como el potasio. A pesar de ello, suele percibirse como un producto poco saludable debido a su consumo mayoritario en forma de patatas fritas industriales o caseras, preparadas con grandes cantidades de aceite.

El nutricionista recordó que el consumo de patata ha aumentado un 150 % en los últimos años y que, de media, cada persona ingiere medio kilo de patatas fritas cada dos semanas.

Este dato refleja que no se trata de un alimento ocasional, sino de un producto habitual en muchos hogares, lo que hace aún más importante comprender cómo influye su forma de preparación en la salud.

Patatas fritas frente a patatas cocidas o al horno

Uno de los mensajes clave lanzados por Zamora es que no todas las patatas afectan igual al organismo. Las patatas fritas concentran muchas más calorías debido al aceite que absorben durante la fritura, además de resultar menos saciantes.

Este exceso calórico es el principal motivo por el que se asocian a un mayor riesgo de aumento de peso cuando se consumen con frecuencia.

En cambio, las patatas cocidas, asadas o preparadas al vapor mantienen mejor sus propiedades y aportan menos energía por ración. Según el experto, estas versiones pueden incluirse sin problema en una dieta equilibrada e incluso en planes orientados a la pérdida de peso, ya que sacian más y permiten controlar mejor la cantidad ingerida.

El impacto en el azúcar en sangre de las patatas

Otro de los aspectos abordados en el programa de Antena 3 fue el efecto de la patata sobre la glucosa. Zamora explicó que este tubérculo puede provocar una subida del azúcar en sangre, pero subrayó que existen estrategias sencillas para reducir ese impacto. Entre ellas, enfriar las patatas después de cocinarlas, combinarlas con proteínas o grasas saludables, o añadir ingredientes ácidos como vinagre o limón.

Estas recomendaciones se apoyan en investigaciones sobre el almidón resistente, un tipo de carbohidrato que se forma al enfriar ciertos alimentos y que mejora la respuesta glucémica. Estudios publicados en Wiley, la librería online, señalan que este tipo de almidón contribuye a una digestión más lenta y a una mayor sensación de saciedad.

El problema no es el alimento, sino el hábito

Desde una perspectiva nutricional más amplia, Zamora insistió en que ningún alimento aislado determina la salud. El problema aparece cuando las patatas fritas se consumen con demasiada frecuencia, en grandes cantidades y acompañadas de otros productos ultra procesados. En ese contexto, dejan de ser un alimento puntual y pasan a formar parte de un patrón poco saludable.

Este enfoque coincide con las recomendaciones de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que subraya la importancia del equilibrio global de la dieta y del método de cocinado. La EFSA recuerda que técnicas como la fritura incrementan la densidad calórica de los alimentos y pueden favorecer la formación de compuestos poco deseables si no se controlan adecuadamente.

En línea con lo que defienden organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud, la educación nutricional debe centrarse en hábitos y no en demonizar alimentos concretos. En ese sentido, la patata, bien cocinada y consumida con moderación, puede seguir teniendo un lugar en una dieta saludable.

 

Salir de la versión móvil