Mourinho recupera el compromiso en el Real Madrid
Analizando los éxitos de la temporada 23/24 del Real Madrid, se ha atendido poco a la trascendencia que tuvo el compromiso. La consecución de títulos importantes estuvo fundamentada en la capacidad del colectivo para hacerse pequeño y poder crecer, supliendo bajas sensibles como las de Thibaut Courtois, Militao o Karim Benzema (ya fuera del club) con una entrega encomiable. Sin embargo, en las últimas dos campañas, la actitud de la plantilla se convirtió en un problema añadido a las dificultades futbolísticas, físicas y de gestión de vestuario. Aunque la temporada acaba de comenzar y dos encuentros no permiten confirmar una tendencia definitiva, las primeras sensaciones invitan a cierto convencimiento de que algo está cambiando.
Existen indicios claros que reflejan un cambio sustancial en la mentalidad del grupo. Un ejemplo representativo es Jude Bellingham, quien está ejerciendo un liderazgo notable al dirigir a sus compañeros y mantener una implicación total en el trabajo defensivo, a pesar de no contar todavía con el estado físico óptimo por su menor rodaje en pretemporada. Este progreso se articula en dos niveles diferenciados, pero igualmente determinantes para el devenir deportivo del equipo.
El primer pilar radica en el esfuerzo visible sobre el terreno de juego, la intención de dominar los encuentros, recuperar la posesión con presteza y generar un volumen elevado de ocasiones mediante ayudas constantes. Pese a que en el arranque ante la Real Sociedad no se apreció la presión alta prevista sobre la salida rival, el propio Mourinho explicó que respondió a un ajuste táctico por la buena propuesta del oponente y no a un déficit de entrega por parte de futbolistas como Vinícius Júnior o Kylian Mbappé.
El segundo aspecto, vital ante la exigencia del Estadio Santiago Bernabéu, se centra en la madurez y la gestión de los momentos de frustración. José Mourinho ha destacado la importancia de conservar la tranquilidad cuando el plan inicial no fluye y aparece el murmullo en la grada. Los aficionados acuden al campo a manifestar sus emociones, pero los profesionales deben mantener la serenidad para no entrar en pánico ni cometer errores irreparables que desestabilicen el marcador o deriven en expulsiones.
Esta capacidad para mantener la compostura fue evidente en el duelo reciente. Tras verse sorprendido tácticamente durante el primer acto, el equipo no se desarmó; aguardó el descanso para corregir el planteamiento y madurar el triunfo de forma progresiva hasta amarrar los tres puntos. El propio entrenador resumió esa virtud señalando que le agradó el comportamiento del grupo precisamente en la fase en la que peor estaba jugando.
Demostrar hambre y coraje resulta indispensable, pero sostener la calma y la concentración cuando el contexto resulta adverso es lo que acaba garantizando la competitividad a largo plazo. Tiene que importar mucho perder, pero la posibilidad de perder no debe paralizar a los jugadores. Obviamente, este buen inicio es equiparable al de la temporada pasada. Sólo el tiempo demostrará si la plantilla del Madrid es capaz de sostenerlo en el tiempo y los grandes títulos vuelven a estar al alcance del conjunto blanco.
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