Mourinho instala el estado de felicidad en el Real Madrid
El portugués ha transformado el ambiente del vestuario apostando por el diálogo, la meritocracia y una gestión mucho más cercana con sus futbolistas
El Real Madrid gana, juega cada vez mejor y vuelve a disfrutar: Mourinho celebra la empatía existente en un grupo donde todos se abrazan, trabajan y celebran juntos
Mou ya machaca con su Real Madrid
José Mourinho ha instalado el estado de felicidad en el Real Madrid. Tres jornadas, nueve puntos y una última goleada por 4-0 contra el Málaga sirven para explicar el espectacular arranque del conjunto blanco, pero hay algo que dentro del club se valora incluso por encima de los resultados: el ambiente ha cambiado por completo. El Madrid vuelve a disfrutar. Los jugadores sonríen, celebran juntos, existe conexión con el Bernabéu y las tensiones que aparecieron durante diferentes momentos de la pasada temporada han desaparecido. Mourinho ha conseguido en apenas unas semanas construir un equipo que vuelve a sentirse equipo.
El propio entrenador lo reconoció después de la victoria contra el Málaga. «La gente se abraza, celebra junta y trabaja junta. Existe empatía y trabajo colectivo», explicó Mourinho, satisfecho con lo que está viendo dentro del vestuario. Aunque inmediatamente introdujo una advertencia muy suya: mantener ese estado de felicidad será una misión para toda la temporada. Porque el portugués sabe que gestionar un vestuario como el del Real Madrid cuando llegan las victorias resulta mucho más sencillo que hacerlo cuando aparezcan las derrotas, las suplencias importantes o los momentos complicados.
Mourinho ha cambiado
Una de las claves está siendo el propio Mourinho. El entrenador que ha regresado al Real Madrid no es exactamente el mismo que aterrizó por primera vez en el Santiago Bernabéu en 2010. Mantiene su carácter competitivo, su exigencia y esa obsesión por ganar absolutamente todo, pero su gestión interna está siendo mucho más cercana. Ha llegado a Valdebebas convenciendo antes que imponiendo, hablando individualmente con sus jugadores y tratando de entender qué necesita cada uno para ofrecer su mejor versión.
Bellingham es posiblemente el ejemplo perfecto. Mourinho conocía perfectamente al inglés y sabía dónde podía hacerle daño porque incluso lo había explotado como rival. Una vez convertido en su entrenador decidió hacer exactamente lo contrario. Le liberó. Jude ya no tiene que desgastarse ejerciendo prácticamente de segundo lateral izquierdo y dispone de libertad para aparecer donde considere que puede hacer daño. El resultado está a la vista. Bellingham vuelve a ser ese futbolista que aparece por todas partes, marca, asiste, recupera y gobierna partidos. Contra el Málaga volvió a ser uno de los grandes protagonistas.
Borrón y cuenta nueva
Mourinho también decidió hacer borrón y cuenta nueva con los problemas de la temporada pasada. No quería heredar conflictos ni establecer jerarquías basándose en lo sucedido antes de su llegada. Todos comenzaron desde cero. La única regla está siendo el rendimiento. Quien juega bien, juega. Y quien está en el banquillo tiene una única manera de cambiar su situación: trabajar y demostrar al entrenador que merece entrar.
Esa meritocracia explica decisiones que Mourinho no ha tenido ningún problema en tomar. Huijsen se ha convertido en un intocable, mientras Diomande ha ido ganando protagonismo y futbolistas con mucho más peso y experiencia han tenido que aceptar la competencia. No existen puestos garantizados por nombre, salario o trayectoria. El mensaje que se transmite desde el cuerpo técnico es sencillo: Mourinho confía en todos, pero los minutos hay que ganárselos.
El portugués también siente que tiene algo fundamental detrás: el respaldo absoluto del club. Su relación con Florentino Pérez se mantuvo durante los 13 años que permaneció lejos del Real Madrid y ahora ha regresado con una confianza total por parte de la entidad. Mourinho no necesita librar batallas internas y eso le permite concentrar prácticamente toda su energía en el vestuario y en el terreno de juego.
Un Madrid que vuelve a disfrutar
Y después está el fútbol. Mourinho quiere un Real Madrid vertical, intenso y agresivo, pero también pretende que sus grandes talentos se sientan cómodos. Vinicius y Mbappé se entienden, Bellingham juega liberado, Huijsen crece, los jóvenes sienten que pueden tener oportunidades y los suplentes saben que pueden cambiar su situación. Todo ello mientras los resultados acompañan y el Bernabéu empieza a identificarse nuevamente con lo que ve.
Mourinho sabe perfectamente que llegarán momentos mucho más complicados. Habrá derrotas, futbolistas enfadados por no jugar y decisiones difíciles que pondrán a prueba esa armonía. Por eso habla de una misión para toda la temporada. Pero el primer objetivo ya está conseguido. El Real Madrid vuelve a ganar, vuelve a disfrutar y, sobre todo, vuelve a ser feliz. Mourinho ha instalado el estado de felicidad en el Bernabéu.
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