Jacques y Natasha Gelman concentraron una amplia colección de arte donde hay piezas de artistas mexicanos y europeos de vanguardia, como Matisse, Picasso o Braque, y también precolombinas. Su amistad con los artistas de la época, así como la buena marcha de los negocios cinematográficos de Jacques fueron el origen de una de las colecciones de arte privadas más top del mundo.
Jacques Gelman (San Petersburgo, 1908 – Cuernavaca, 1986), hijo de una familia judía y pudiente de Rusia, ese país imperial donde brillaba el lujo de los zares y que la Revolución de 1917 apagó de por vida, siempre se dedicó al cine. En Berlín primero, donde se instala con su familia tras la rebelión bolchevique, más tarde en París y en México después, impulsó de forma exitosa la carrera de actores como Mario Moreno Cantinflas, con quien haría más de una decena de películas, como El padrecito o Ni sangre, ni arena.
Tras varios viajes de Europa a América Latina con motivo de sus negocios, se instala en México de forma definitiva en 1938. Siendo judío y con el nazismo de Adolf Hitler en plena ebullición en el Viejo Continente, optó por fijar su residencia en el país azteca, como hicieron muchos otros personajes del mundo de la cultura (Leonora Carrington o Remedios Varo, por ejemplo) y la política en ese momento (el revolucionario anarquista ruso, León Trotsky) y como, paradójicamente, algunos altos mandos del nazismo, cuando fue derrotado tras la II Guerra Mundial. A pesar de que México no fue el principal refugio para ellos, al optar por Argentina, Brasil o Paraguay.
Cantinflas presenta al matrimonio Kahlo-Rivera a los Gelman

Fue en México donde conoce a Natasha Zahalka, una emigrante judía de Bohemia, en República Checa, con la que se casa en 1941. A partir de ese momento, el matrimonio se convierte en mecenas de pintores como los Diego Rivera, Frida Kahlo, María Izquierdo, Rufino Tamayo, José Clemente Orozco, entre otros. En la Colección Gelman, que a la muerte del matrimonio pasó a manos del comisario y asesor de arte americano Robert R. Littman, ha retratos del matrimonio, sobre todo de Natasha, y también de Mario Moreno Cantinflas, en este caso firmado por David Alfaro Siqueiro con un estilo cercano al cubismo.
Y es que fue Cantinflas la persona que introdujo a los Gelman en la vanguardia artística mexicana. El actor era amigo íntimo de Diego Rivera, incluso esa amistad se refleja en diferentes obras de arte, como el mural Gaia, que el pintor realizó en la finca de Cantinflas en Cuernavaca, así como el mural del Teatro de los Insurgentes, donde es representado por su amigo en el centro de la composición y fechado en 1953. Hoy esta casa es el Museo Cassa Gaia, un espacio dedicado a difundir la obra de artistas mexicanos del S. XIX y XX.
Aquel rentable negocio del cine fue lo que permitió a Jacques poder comprar arte de manera continuada hasta el final de su vida y, de este modo, y con el asesoramiento de Littman, atesoró una formidable colección artística, parte de la cual vamos a poder ver en España. Concretamente, un total 160 obras de arte de la rama de maestros mexicanos, se ha hermanado con nuestro país a través de Banco Santander. La entidad financiera va a gestionar a largo plazo parte de esa colección, las cual va a exhibirse en Faro Santander, un nuevo espacio cultural diseñado por el arquitecto David Chipperfield en pleno corazón de la ciudad cántabra que abre en junio de 2026.
Relaciones sociales y artísticas reflejadas en la colección
Lo acontecido en la historia del arte en el S. XX puede relatarse a través de la Colección Gelman, no hay duda. Todos los nombres del arte internacional están ahí, lo que nos ayuda, además, a desmadejar cómo eran las relaciones entre Europa y México, el intercambio de información e ideas entre ambas sociedades, tanto desde el punto de vista social como cultural.
Diego Rivera viajó y se estableció en París de 1911 a 1921, incluso se casó con una rusa también de San Petersburgo: Angelina Beloff, y tejió amistades con Modigliani o la española María Blanchard. Frida Kahlo, también esposa de Rivera, viajó a la capital francesa a organizar una exposición invitada por el surrealista André Breton, a quien había conocido unos meses antes en México, país al que viajó con su esposa, Jaqueline Lamba.


Todo un entramado de amistades que probablemente influyeron a la hora de elegir la compra de ciertas obras, ya que los Gelman tenían cierta tendencia a adquirir piezas de la escuela de París, sobre todo surrealismo y cubismo, donde destacan clásicos como Renoir o más vanguardistas, como Chirico, Juan Gris, Fernand Léger o Joan Miró. Ya en manos de Littman, y con los Gelman ya fallecidos, la colección mexicana siguió creciendo con obras de Gabriel Orozco, Gerardo Suter o Paula Santiago.
Herencia y polémica
A la muerte de Jacques en 1986, todas las piezas de arte pasan a manos de Natasha y ésta, a su vez, nombra albacea de todo ese legado a Littman, uno de los culpables de esa prolífica colección. La parte de vanguardia europea, donde figuran nombres como Dalí, Picasso, Braque o Modigliani, entre otros, fue donada al Metropolitan Museum of Art de Nueva York, mientras que la rama precolombina hoy está en paradero no conocido. La parte mexicana fue gestionada por Littman a través de la Fundación Vergel, expuso obras en diferentes museos, como el Museo Reina Sofía de Madrid en el año 2000, también en el Centro Cultural de Muros, en Cuernavaca, y engordó la colección a lo largo de los años.
En 2006, el hijo de Cantinflas denunció al albacea, quiso impugnar el testamento, argumentó que gran parte de la colección pertenecía a su padre y que, además, Littman había aprovechado el Alzheimer de Natasha Gelman para hacerse manipular sus últimas voluntades legales. La justicia desestimó aquella demanda, pues el asunto ya había prescrito. Ese mismo año, también un primo de quinto grado de la mujer, Jerry Jung, pidió parte del pastel, pero una vez más quedó en papel mojado en la Corte de EEUU.
El matrimonio Gelman no tuvo hijos, nada debió quedar 100% cerrado y aquella herencia sigue suscitando comentarios. Los últimos han sido del nieto de Cantinflas, Mario Moreno III, que califica todo lo acontecido como «uno de los mayores fraudes más grandes del arte en México». Defiende, además, que «Gelman y su abuelo «eran más que amigos, ellos eran compadres y juntos compraban piezas e hicieron una colección de arte envidiable y en conjunto. Muchas de las obras que compartían, estaban bajo el resguardo de los Gelman. En 1985 hacen un contrato donde estipulan que las piezas conjuntas quedarían en Rioma Films SA, que estaba encabezada por Mario Moreno Cantinflas».

La versión del nieto de Cantinflas
Jacques muere en 1986, un año más tarde de ese supuesto contrato, «y se olvidan de la palabra que le habían dado a mi abuelo y dejó todos los derechos de las obras a su viuda Natasha, incluyendo las que pertenecían a mi familia». En este punto, señala este familiar del actor mexicano, que hubo un grupo de personas, haciendo alusión a Littman, que se aprovechó de la enfermedad de la viuda de Jacques para engañarla.
«Su memoria se iba poco a poco deteriorando aquí es donde entra una muy mala amistad que se mete hasta en sus pensamientos y le hace firmar documentos sin estar en plenas facultades mentales. Junto a un grupo de notarios, abogados y una jueza se llevó a cabo un fraude gigante. Aprovechándose de esta pobre mujer, la estafaron sólo un año antes de morir. Firma un documento donde cedía a esta persona todos los derechos sobre las obras por un valor de un dólar, aunque la colección tiene un valor de 300 millones de dólares», concluye el nieto de Cantinflas.
Hoy, con Littman aún vivo y casado con el diseñador de moda Sully Osvaldo Bonnelly, esta deseada Colección Gelman pertenece a la familia Zambrano, una de las dinastías más fuertes e importantes de México, que es con la que ha cerrado el acuerdo con Banco Santander para gestionar una de las colecciones de arte más espectaculares del mundo.


