Pedro Sánchez no escatima en gastos en su look de ‘La Revuelta’: reloj de 1.600 € y camisa de 200 €
Pedro Sánchez hizo gala de la izquierda del caviar en el programa de Broncano
Sánchez apostó por una imagen informal, alejada del traje institucional y de la solemnidad de La Moncloa

Pedro Sánchez visitó ayer La Revuelta, el programa de David Broncano, en una aparición que quiso ser cercana, desenfadada y, por supuesto, convenientemente televisiva. El presidente del Gobierno acudió al plató para hacer campaña en un formato de entretenimiento, pero terminó dejando otro mensaje entre líneas: la izquierda también puede ser muy de marca.
Porque una cosa es presentarse como un hombre corriente y otra, bastante distinta, hacerlo con una camisa denim de Carolina Herrera de unos 200 euros y un reloj Longines que ronda los 1.000. Todo muy casual, sí, pero con una casualidad cuidadosamente seleccionada.
Sánchez apostó por una imagen informal, alejada del traje institucional y de la solemnidad de La Moncloa. La camisa vaquera pretendía transmitir cercanía, como si el presidente hubiera salido de casa con lo primero que encontró en el armario. El pequeño detalle es que lo primero que encontró llevaba el nombre de Carolina Herrera y un precio que no parece precisamente de mercadillo.
La camisa vaquera de la izquierda del caviar

La prenda elegida por Sánchez pertenece a Carolina Herrera y tiene un precio aproximado de 200 euros. A simple vista, es una camisa denim: azul, sencilla y sin grandes adornos. Es decir, el tipo de prenda que cualquiera podría comprar. Siempre que ese cualquiera esté dispuesto a pagar varias veces más por una camisa que, visualmente, podría confundirse con otra bastante más económica.
Ahí reside la gracia —o la contradicción— del estilismo presidencial. Sánchez quiso parecer relajado, pero no exactamente accesible. Cercano, pero con una cercanía de boutique. Informal, aunque con una informalidad que viene con factura y nombre propio.

La elección encaja a la perfección con esa etiqueta de «izquierda del caviar» que sus críticos utilizan para señalar la distancia entre determinados discursos progresistas y los hábitos de quienes los pronuncian. No se trata de que un político no pueda vestir bien ni comprar prendas de calidad. Faltaría más. El problema aparece cuando se intenta vender como espontáneo un look que parece haber pasado antes por un departamento de marketing.
Un Longines discreto, pero no precisamente proletario
El reloj tampoco pasó desapercibido. Sánchez lució un Longines de la colección Présence, un modelo clásico y sobrio que no necesita llamar la atención para dejar claro que no es precisamente un reloj de supermercado.
La pieza cuenta con caja de acero, esfera blanca con números romanos, cristal de zafiro y correa negra de piel de cocodrilo. Un diseño elegante, discreto y perfectamente compatible tanto con un traje institucional como con una camisa vaquera de 200 euros. La versatilidad, en este caso, también tiene un precio.

Además, el modelo ya no se comercializa oficialmente en la web de Longines. La marca lo ha retirado de su catálogo, aunque todavía puede encontrarse en algunas tiendas multimarca y relojerías especializadas. Su precio ronda los 1.000 euros, dependiendo de la versión, el estado y la disponibilidad. No es el reloj más ostentoso del mundo, pero tampoco es el típico accesorio que uno compra al pasar por una tienda de un centro comercial.
Campaña política con estilismo de escaparate
La visita a La Revuelta permitió a Sánchez trasladar su mensaje político a un espacio más amable y menos institucional. El formato de Broncano facilita la conversación distendida, la broma y la imagen de normalidad. Pero, en esta ocasión, la naturalidad presidencial venía con una combinación bastante calculada: camisa de firma y reloj suizo.
El resultado fue una puesta en escena que pretendía acercar al presidente al ciudadano común, aunque quizá terminó acercándolo más a la sección de novedades de unos grandes almacenes. Sánchez hizo gala de la izquierda del caviar: discurso progresista, estética relajada y complementos que recuerdan que la austeridad, al menos en el vestuario, puede ser una cuestión bastante flexible.
La camisa y el reloj no demuestran por sí solos ninguna contradicción ideológica. Pero sí alimentan el debate sobre la imagen pública de los políticos y sobre esa costumbre de presentar como espontáneo lo que parece cuidadosamente elegido hasta el último detalle.
En política, cada gesto comunica. Y ayer Sánchez comunicó que se puede acudir a un programa de televisión para parecer uno más, siempre que el «uno más» lleve Carolina Herrera y un Longines de cerca de 1.000 euros.