Verónica Mar, la artista que salió de la bancarrota y triunfa en Nueva York con esculturas de más de medio millón: «Utilizo la geometría sagrada»

La exposición de Verónica Mar en Gärna Gallery permite recorrer veinte años de una trayectoria que conecta diseño, escultura y arquitectura. La artista habla con COOL de la colección que le permitió seguir adelante, de su apuesta por los artesanos españoles y de la dificultad de abrirse camino en el mercado del arte.
Una lámpara puede hacer algo más que iluminar una habitación. Para Verónica Mar, un encargo supuso la posibilidad de continuar trabajando cuando ya había decidido abandonar. Había atravesado una bancarrota, había vuelto a vivir con sus padres y se había puesto una fecha límite para seguir intentándolo. La venta llegó un día después. «Tengo que seguir», recuerda que pensó. Hoy, mientras recorre su exposición en Gärna Gallery, aquella colección ocupa un lugar muy concreto en su historia: «A nivel económico, pues sí. La verdad es que ha sido como una especie de salvavidas».
La anécdota explica una parte de su carrera que no se aprecia a primera vista entre las superficies pulidas, las curvas y las piezas de grandes dimensiones. Detrás de su obra hay fundiciones, encargos, dificultades económicas y muchas horas de taller. También una red de artesanos españoles con los que ha construido un lenguaje reconocible, presente tanto en una mesa como en una escultura monumental.

La muestra sirve de punto de partida para recorrer veinte años de profesión. Verónica Mar estudió interiorismo en la Escola Eina y Bellas Artes en Barcelona. En 2006 presentó al concurso de mobiliario de Gandía Blasco una propuesta inspirada en las olas cuando llegan a la orilla. No fue seleccionada, pero al año siguiente llevó el prototipo a la Feria de Valencia y el proyecto encontró una oportunidad. Después llegó la crisis de 2008 y lo paralizó.

De la funcionalidad a la libertad
Su trabajo comenzó con mobiliario escultórico inspirado en la naturaleza. En 2014 incorporó la escultura, que le permitía explorar otras dimensiones y materiales sin tener que resolver siempre una función práctica. «Me daba muchísima más libertad de creación», explica.
Desde entonces, las dos disciplinas conviven. Hay sillas, mesas y bancos que parecen prolongarse en sus esculturas, y esculturas cuyas curvas recuerdan a sus primeros diseños. Al preguntarle qué permanece a lo largo de esa evolución, responde: «Se mantiene el movimient»o». Y añade: «Las formas curvas sinuosas».
La naturaleza aparece en distintos grados de abstracción: en una onda, en el crecimiento de una planta o en una hoja reproducida con detalle. Su colección de lámparas inspiradas en el ginkgo pertenece a este último grupo. El proceso empieza en el árbol, recogiendo ramas y hojas que después se trasladan a la fundición. Cada elemento exige un trabajo individual de elaboración y limpieza.
«Como una joya, pero en grande», resume. Ha realizado versiones de diferentes dimensiones, entre ellas una de tres metros de diámetro para Japón. Es también la colección de la que ha vendido numerosas lámparas y apliques, y que le ayudó a superar su etapa económica más complicada.

El taller detrás de la pieza
La defensa del oficio aparece constantemente durante la conversación. «Una de las obsesiones de cuando empecé con el mobiliario escultórico era trabajar con artesanos españoles y llevarlo a nivel internacional», cuenta.
Trabaja con profesionales repartidos por Madrid, Almería, Valencia, Alicante, Barcelona y Eibar. La excepción que menciona es un banco que tuvo que producir en Italia porque no encontró aquí quién pudiera realizarlo.
Esa colaboración implica visitar talleres, estudiar materiales y adaptar los plazos a procesos que no se pueden acelerar indefinidamente. Una mesa de madera puede necesitar unos tres meses si ya se dispone del tronco adecuado. Una escultura compleja de gran formato puede requerir alrededor de cinco.
En algunas piezas combina la impresión 3D en metal con un largo trabajo posterior de ensamblaje, soldadura, lijado y pulido. La tecnología permite construir la forma; terminarla exige manos y tiempo. «Me gusta mucho ir al taller», dice. También participa en tareas como la soldadura, siguiendo de cerca la transformación de sus diseños.
La geometría sagrada como lenguaje
Verónica Mar sitúa la geometría sagrada y sus inquietudes espirituales en el centro de su proceso creativo. Explica que empezó a estudiar reiki y feng shui hacia 2012 y que esas enseñanzas influyen en su manera de concebir las obras.
El yin y el yang, el equilibrio y la dualidad son referencias con las que interpreta sus formas. También la espiral, que utiliza como símbolo de la vida y del movimiento. «Yo utilizo mucho la espiral», señala, antes de relacionarla con el ADN, el crecimiento de las flores y las galaxias.
Los materiales tienen, además, un significado dentro de ese universo personal. Para ella, el acero corten representa el paso del tiempo: «Va cogiendo otra personalidad según se envejece». El oro simboliza la sabiduría interior; el rojo, la fuerza y el poder.
A veces, la idea aparece antes que el dibujo. Recuerda haberse despertado a las cuatro de la mañana con una pieza concebida y haberse levantado para trazarla. «Mi memoria es muy visual y yo veo la forma».

El reto de crecer fuera y dentro de España
Estados Unidos ocupa un lugar destacado en su mercado. «Los clientes que más me han comprado son los estadounidenses», afirma. Durante la conversación también habla de encargos para su galería de Sídney y de proyectos vinculados a Nueva York.
La escultura monumental es uno de los ámbitos en los que quiere seguir creciendo. «A mí me encantan las esculturas monumentales», reconoce, aunque encontrar al comprador exige algo más que visibilidad: «Llegar a ese tipo de cliente que pueda pagar eso, pues es más difícil». Lo explica con franqueza: «Yo no soy Anish Kapoor». Cada encargo implica que alguien confíe en ella y en una obra que, en ocasiones, todavía está por construir.
Sobre España, considera que el diseño y el arte reciben menos valoración, especialmente cuando la creadora es española. Por eso destaca el respaldo de Gärna y la posibilidad de que su trabajo llegue a clientes a través de proyectos de arquitectura.
La siguiente oportunidad podría estar en Arabia Saudí. «Me han invitado a crear una pieza escultórica para Riad», desvela a COOL. Habla de una propuesta para un festival de escultura monumental, todavía en fase de estudio con una curadora. Mientras escucha las características del emplazamiento, cuenta, ya empieza a imaginar posibles formas. Después vendrán los dibujos, los materiales y las horas de taller.