Luis de la Fuente

Luis de la Fuente sobre su físico a los 65 años: «Me gusta estar fuerte por coquetería»

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(Foto: Europa Press)
Marta Morales

Tras la publicación de una fotografía en la cuenta no oficial de Luis de la Fuente que aparece con un físico especialmente robusto a sus 65 años, las redes sociales han estallado. Sus brazos y su estado de forma han llamado la atención hasta el punto de que algunos usuarios llegaron a pensar que la imagen podía estar generada con inteligencia artificial. Pero detrás de los bíceps del seleccionador español no hay ningún secreto milagroso: hay horas de gimnasio, constancia y, sobre todo, una disciplina que De la Fuente lleva años convirtiendo en una forma de vida. El técnico riojano ha explicado cuál es su rutina habitual y, aunque su planteamiento puede parecer sencillo, hay una palabra que se repite por encima de todas: constancia.

«Tengo una rutina semanal. Empiezo por pecho, espalda al día siguiente y brazo. Lo voy repitiendo. Pero lo más importante no sólo es el trabajo, esa rutina más importante es tener la disciplina de hacerlo todos los días del año. No fallo nunca»

Una declaración que resume bastante bien su relación con el entrenamiento. Para De la Fuente, acudir al gimnasio no es una cuestión puntual ni una preparación específica para una competición. Es un hábito incorporado a su día a día. Dedica alrededor de una hora diaria a entrenar y entiende ese tiempo como un espacio propio, alejado por unos minutos de las exigencias de su profesión.

«Para mí es el momento relax, es una hora en la que estoy pensando sólo en mis cosas, en mí; a veces pienso en trabajo y otras veces pienso en nada», explicaba en el documental Luis de la Fuente, el hombre tranquilo. Una especie de refugio personal que, además de ayudarle a mantenerse fuerte, le permite desconectar de la presión que implica dirigir a la selección española.

Y esa relación con las pesas no es nueva. De la Fuente comenzó a acercarse al entrenamiento de fuerza durante su etapa como futbolista, especialmente después de sufrir problemas físicos y pasar por procesos de rehabilitación. Lo que inicialmente fue una herramienta para recuperar su cuerpo terminó convirtiéndose en una rutina que ha mantenido durante décadas. De hecho, el seleccionador no esconde que su motivación va mucho más allá de la estética.

«Más allá de la estética, que no voy a negar que me guste estar fuerte por coquetería, lo verdaderamente importante es la satisfacción que me proporciona el esfuerzo, la disciplina, la responsabilidad y el orden»

Ahí está, probablemente, la verdadera clave de su transformación. Más que perseguir un determinado aspecto físico, De la Fuente utiliza el entrenamiento como una demostración diaria de voluntad. Una filosofía que encaja con la manera en la que entiende también el fútbol: trabajo, sacrificio y perseverancia.

 

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Incluso cuando el cuerpo acumula las consecuencias de toda una carrera deportiva, el seleccionador asegura que sigue encontrando motivos para entrenar. «Tengo la rodilla, el hombro, la mano y tres costillas rotas…, pero voy a entrenar. Es una hora al día sólo para mí».

Su mensaje resulta especialmente llamativo a los 65 años. No porque exista una fórmula universal para entrenar a esa edad, sino porque demuestra que cumplir años no tiene por qué significar renunciar a la fuerza o al movimiento. Su rutina puede ser sencilla sobre el papel: pecho, espalda, brazos y repetir, pero la verdadera dificultad está en convertirla en un hábito.

Y quizá por eso, cuando aparece en una fotografía con unos brazos que han sorprendido a medio país, la imagen cuenta sólo una parte de la historia. El físico es el resultado visible. Detrás están años de disciplina, una hora diaria y una convicción que De la Fuente repite también fuera del gimnasio: no bajar los brazos.

«Soy un tío que no tira la toalla, soy constante donde los haya. No bajo los brazos. Soy de la generación de Rocky Balboa: a mí me pegas y me pegas y al final me caigo. Pero me vuelvo a levantar y sigo y sigo y sigo…».