Animales Nuevas especies descubiertas

Un selfie en Instagram lleva a un investigador español a descubrir una nueva especie de nenúfar gigante

En los últimos años, las redes sociales se han convertido en una herramienta complementaria para los científicos

La nueva especie de nenúfar es extremadamente rara y se encuentra en peligro de extinción

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Hojas flotantes de Victoria colombiana. Foto: Carlos Magdalena.
Hojas flotantes de Victoria colombiana. Foto: Carlos Magdalena.

Hace cinco años, Carlos Magdalena, un horticultor gijonés dedicado a la investigación botánica en los Jardines Botánicos Reales de Kew, en Londres, vio en Instagram las imágenes de un nenúfar gigante en la región colombiana de Inírida. Las fotografías habían sido tomadas por Jeremiah Harris, director de un vivero de plantas carnívoras en los Estados Unidos.

Harris identificó erróneamente el nenúfar como perteneciente a la especie más común, la Victoria amazónica. Sin embargo, para Magdalena, un experto reconocido a nivel mundial, algo no cuadraba, ya que en teoría no hay nenúfares Victoria en esa zona, ubicada en la cabecera del río Orinoco. Eso le llevó a especular con que podría tratarse de una nueva especie.

Para confirmar sus sospechas, Magdalena examinó el río Inírida y sus lagos circundantes mediante imágenes satelitales, hasta que divisó varias Victorias en la zona. Harris también corroboró que las plantas que aparecían en los mapas eran las mismas que le habían mostrado los guías locales. El siguiente paso del español fue organizar un viaje a Colombia para certificar el hallazgo.

A punto de fracasar

Tras casi dos años de preparación, Magdalena conformó un equipo de expertos que partió hacia la selva de Inírida, de donde estuvieron a punto de volver con las manos vacía. En el quinto y último día de expedición, sólo habían encontrado dos ejemplares de nenúfar y, además, las plantas no estaban en flor.

Esto resultaba problemático, ya que la flor es esencial para que los botánicos puedan distinguir las diferencias entre especies. Cuando los científicos pensaban que no iban a alcanzar su objetivo, el barquero de la expedición, Gustavo Melo, perteneciente a la comunidad indígena Tucano, afirmó que sabía dónde se podían encontrar más ejemplares de este nenúfar.

Gracias a las indicaciones de Melo, el equipo consiguió hacerse con cinco ejemplares más, incluyendo uno con flor. Este material ha servido para confirmar que se trata de una nueva especie de nenúfar, que ha recibido el nombre científico de Victoria colombiana. En la revista científica Phytotaxa se ha publicado el artículo que confirma el hallazgo.

Indígenas y redes

Para Magdalena, «esta es una de esas historias extraordinarias donde el conocimiento indígena y hortícola, con la ayuda de las redes sociales y la tecnología, se unieron para descubrir un logro botánico verdaderamente excepcional».

«También nos recuerda que la naturaleza aún nos depara sorpresas y maravillas. Ahora que sabemos que este nenúfar existe, nuestra responsabilidad es comprenderlo mejor y protegerlo. Con tantas plantas silvestres amenazadas de extinción, simplemente no podemos esperar más para actuar», añade el experto español.

Peligro de extinción

Su equipo estima que existen entre 30 y 50 ejemplares de este nenúfar gigante en estado silvestre, lo que indica que la especie es extremadamente rara y está en peligro de extinción.

Por este motivo, resulta fundamental buscar nuevas poblaciones desconocidas mediante un escaneo más preciso de imágenes satelitales para determinar el número real de individuos y poblaciones naturales.

Carlos Magdalena sostiene una hoja de Victoria colombiana. Foto: Mauricio Bernal.
Carlos Magdalena sostiene una hoja de Victoria colombiana. Foto: Mauricio Bernal.

Herramienta complementaria

La historia de este nenúfar no es un caso aislado, sino uno de los muchos ejemplos que demuestran cómo las redes sociales se han convertido en una herramienta complementaria para los científicos, que pueden encontrar en las fotografías de aficionados pistas sobre organismos que todavía no han sido descritos formalmente.

En 2021, otra fotografía publicada en Instagram por Virendar Bhardwaj, un estudiante de posgrado de la India, llamó la atención del herpetólogo Zeeshan Mirza, que sospechó que podía tratarse de una especie desconocida.

Tras examinar nuevos ejemplares y estudiar sus características, su equipo describió a la Oligodon churahensis, un reptil del grupo conocido como serpientes kukris, llamadas así por sus colmillos curvos, que se asemejan a las dagas nepalesas conocidas como kukris.

 

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Ameronothrus twitter

Otro ejemplo igualmente llamativo es el del ácaro que lleva el nombre de la red social que propició su descubrimiento. Todo comenzó cuando Takamasa Nemoto, un aficionado a la pesca y fotógrafo japonés, decidió darse un paseo por un puerto después de comprobar que los peces no picaban.

Allí encontró un diminuto animal, del que tomó fotografías y vídeos que posteriormente publicó en X, cuando dicha red todavía se llamaba Twitter. La publicación llamó la atención de un científico japonés, Satoshi Shimano, que consiguió localizar varios ejemplares en el mismo lugar.

Finalmente, el biólogo Tobias Pfingstl, de la Universidad de Graz (Austria), confirmó que se trataba de una especie desconocida para la ciencia. Descrito formalmente en 2021, el arácnido, de apenas medio milímetro de tamaño, recibió el nombre de Ameronothrus twitter.

Plantas

Las plataformas digitales también han ayudado a descubrir plantas. En 2023, un estudio liderado por investigadores de la Universidad Curtin, en Australia, identificó seis plantas carnívoras a partir de fotografías compartidas por ciudadanos en Facebook e iNaturalist. Algunas eran especies nuevas para la ciencia y otras no se habían vuelto a localizar desde hacía tiempo.

Estos ejemplos muestran que una publicación aparentemente cotidiana puede ser clave para descubrir especies desconocidas, redescubrir otras que se creían desaparecidas de su entorno natural y ampliar el conocimiento sobre la biodiversidad.

Sin embargo, hay que aclarar que una fotografía no basta por sí sola para confirmar que estamos ante una nueva especie: siempre es necesario contrastar las observaciones, examinar los ejemplares y publicar los resultados mediante procedimientos científicos.