Las personas más inteligentes siempre tienen en cuenta este truco en sus relaciones sociales, según los expertos

Las relaciones sociales son estratégicas para nuestro crecimiento intelectual.

Grupo de personas

Las personas más inteligentes saben que sus vínculos no son neutrales. (Freepik)

00A menudo creemos que el éxito personal y profesional depende exclusivamente de nuestras capacidades o de nuestra inteligencia. Sin embargo, la psicología sostiene que el entorno juega un papel determinante en nuestro desarrollo. Las personas más inteligentes saben que sus vínculos no son neutrales, sino que impulsan o frenan su evolución diaria.

En este contexto, las relaciones sociales cobran un valor estratégico que va más allá de la simple compañía. No se trata solo de con quién pasamos el tiempo, sino de la calidad intelectual y emocional de esos intercambios. Los expertos en psicología del comportamiento han detectado un patrón común en quienes alcanzan la excelencia.

El truco secreto que siempre usan las personas más inteligentes

La premisa es sencilla pero contraintuitiva, ya que la clave está en rodearse sistemáticamente de individuos más capaces que uno mismo y evitar ser el integrante más listo del grupo. Si miras a tu alrededor y notas que eres quien siempre tiene todas las respuestas, es probable que estés en la habitación equivocada.

Esta filosofía fue popularizada por figuras como Michael Dell, fundador de Dell Technologies. En su discurso de graduación en la Universidad de Texas en 2003, afirmó que si uno es la persona más inteligente del cuarto, debe «invitar a gente más brillante o buscar otro cuarto». El objetivo de este truco psicológico es mantener activo el aprendizaje por ósmosis. Al interactuar con sujetos que nos superan en conocimientos o habilidades, nuestro cerebro se ve forzado a estirar sus límites para adaptarse a ese nuevo nivel de exigencia y estimulación.

¿Por qué es importante este enfoque en tu entorno?

La importancia de esta estrategia está en la influencia invisible que ejerce el grupo sobre el individuo. El reconocido orador y empresario Jim Rohn postuló la teoría de que somos el promedio de las cinco personas con las que más convivimos. Esto significa que nuestros ingresos, nuestro estado de ánimo y hasta nuestra ambición acaban por alinearse con los estándares de nuestro círculo íntimo. Si tus pares no te desafían intelectualmente, tu desarrollo personal corre el riesgo de estancarse.

Rodearse de personas inteligentes no implica buscar a alguien con un alto coeficiente intelectual académico, sino a gente con mayor inteligencia emocional, experiencia vital o habilidades creativas. Al hacerlo, se activa una presión de grupo positiva. La neurociencia sugiere que los hábitos y actitudes son contagiosos. Por tanto, convivir con mentes inquietas fomenta la curiosidad propia, mientras que un entorno pasivo adormece la iniciativa.

¿Cómo aplicar este truco en mis relaciones sociales?

Aplicar este conocimiento requiere humildad y valentía. Supone admitir que no lo sabemos todo y estar dispuestos a sentirnos, momentáneamente, los menos experimentados del lugar. Muchos evitan esta situación por miedo a parecer incompetentes, pero los expertos en psicología aseguran que esa incomodidad es el terreno fértil donde germina el verdadero aprendizaje.

Para poner en práctica este truco, es recomendable revisar nuestras conexiones actuales. No es necesario cortar lazos afectivos, pero sí ampliarlos. Buscar mentores, asistir a foros donde se debatan ideas complejas o simplemente invitar a un café a alguien a quien admiramos profesionalmente son pasos concretos.

Recuerda que el beneficio es doble. Por un lado, adquirirás nuevos conocimientos y, por otro, fortalecerás las relaciones sociales basadas en la admiración mutua y el crecimiento compartido, en lugar de la complacencia.

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