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Preparar un viaje suele asociarse a ilusión y expectativas positivas. Sin embargo, para muchas personas existe un ritual menos agradable que se repite una y otra vez: hacer la maleta en el último momento, con prisas y cierta dosis de estrés.
Aunque pueda parecer una simple cuestión de desorganización, la psicología apunta a razones más profundas. Dejar las maletas para el final no es solo un hábito logístico, sino un comportamiento que encaja dentro de un fenómeno ampliamente estudiado: la procrastinación.
Qué significa hacer siempre las maletas a última hora, según la psicología
Hacer siempre las maletas a última hora es una manifestación concreta de la tendencia a posponer tareas, incluso cuando sabemos que retrasarlas puede generarnos consecuencias negativas.
Aplazar actividades no suele estar relacionado con falta de capacidad, sino con la gestión emocional. Según el psicólogo Ramón Soler, posponer tareas responde más a cómo regulamos emociones incómodas que a un problema de pereza.
Es decir, cuando una actividad genera aburrimiento, ansiedad o incomodidad, el cerebro tiende a evitarla buscando alivio inmediato en otras acciones más gratificantes.
En el caso de preparar la maleta, aunque el viaje resulte estimulante, el proceso previo puede percibirse como tedioso o estresante. Esa contradicción emocional favorece que se retrase la tarea hasta que la urgencia obliga a actuar.
Procrastinación y hacer la maleta tarde: causas psicológicas más frecuentes
La procrastinación está ampliamente analizada en el ámbito clínico. Desde el Centro de Psicología Résilience explican que no se trata de una cuestión de vagancia, sino de una dificultad en la regulación emocional.
Éstas son algunas de las causas más habituales:
- Evitación de emociones negativas: si la tarea genera estrés o sensación de agobio, se pospone para evitar ese malestar inmediato.
- Distorsión en la percepción del tiempo: se subestima el tiempo necesario para completar la actividad, confiando en que «habrá margen suficiente”.
- Búsqueda de activación de última hora: algunas personas funcionan mejor bajo presión, lo que refuerza el hábito de esperar hasta el final.
La procrastinación implica un conflicto entre el beneficio inmediato (no hacer la tarea ahora) y el bienestar a largo plazo (evitar estrés posterior). En el caso de las maletas, el alivio momentáneo de no prepararlas compensa temporalmente la ansiedad futura.
Consecuencias de hacer siempre las maletas a última hora y cómo cambiar el hábito
Dejar la maleta para el último momento suele traducirse en olvidos, mayor tensión y una experiencia previa al viaje menos satisfactoria. Además, repetir este patrón refuerza la asociación entre urgencia y productividad.
Según el Centro de Psicología Résilience, para modificar esta conducta es clave dividir las tareas en partes pequeñas y manejables, lo que reduce la carga emocional percibida.
También recomiendan identificar qué emociones concretas están detrás de la evitación: miedo a equivocarse, perfeccionismo o simple saturación mental.
Hacer siempre las maletas a última hora no define a una persona como desorganizada o irresponsable. Es, en muchos casos, una forma de gestionar o evitar determinadas emociones.
Entender ese mecanismo es el primer paso para transformar un hábito que, aunque sea común, puede convertirse en una fuente innecesaria de estrés antes de cada viaje.
