El cerebro es el que controla todo, desde la memoria y el ánimo hasta cómo reaccionas al estrés o cuánto te cuesta concentrarte. Y su edad muchas veces se da por hecha, como si fuese la misma que la biológica. Sin embargo, la cuestión va más allá de cumplir años: también importa mucho cómo vives y lo que haces cada día. Por eso, la edad mental a veces puede «parecer» menor o mayor que la real. Y cómo no: cuanto más joven sea, mejor.
La buena noticia es que los científicos han descubierto que se puede mejorar la edad de la mente con un hábito sencillo. De hecho, es de esos que a veces se dan por hechos, cuando en realidad conviene tenerlo muy presente si quieres reforzar el cuidado del cerebro a medio y largo plazo.
Este es el sencillo hábito que puede hacer tu mente hasta 8 años más joven
El hábito que recomiendan los expertos es mantener relaciones sociales sólidas y contar con un apoyo social fuerte. En la investigación de la Universidad de Florida, los participantes con más factores protectores en su estilo de vida mostraron un cerebro que «parecía» hasta ocho años más joven en las estimaciones basadas en resonancia magnética, incluso en personas con dolor crónico. Y dentro de esos factores, el sostén de una red social estable aparece como una pieza clave.
Cuando te sientes acompañado, el estrés baja varios puntos. No desaparece, pero se vuelve más manejable, y eso ayuda a proteger el cerebro de ese goteo constante de tensión que, con el tiempo, pasa factura. Además, relacionarte te obliga a estar despierto mentalmente: escuchar, recordar, interpretar, responder. Es una gimnasia diaria que mantiene activas funciones como la atención, la memoria y el lenguaje.
También hay un efecto emocional directo. Un entorno de apoyo amortigua golpes típicos de la vida, como problemas de salud, duelos o temporadas complicadas. Esa sensación de respaldo reduce el riesgo de caer en estados de ánimo bajos.
Por otro lado, la falta de conexión social se ha comparado, en términos de riesgo para la salud, con hábitos claramente dañinos. Conectar con otros, en cambio, empuja hacia rutinas más estables y una vida más larga y llevadera.
Así se puede entrenar este hábito para mantener la mente joven
Las relaciones no aparecen, se construyen. Por eso requieren implicación. Puede bastar con una comida al mes, una llamada a la semana o un paseo los viernes. Lo importante es agendarlo, porque si está anotado, existe.
Lo primero, cuando se sale con algún amigo o familiar, es estar presente: sin móvil, con la mirada atenta y escuchando sin pensar en la respuesta. Además, si algo preocupa, conviene decirlo; si se necesita apoyo, pedirlo. Asimismo, resulta clave tener en cuenta los límites y ponerlos sin culpa. Saber decir «hoy no puedo» evita el desgaste y mantiene el vínculo limpio.
Si tu círculo se ha quedado pequeño, también se puede ampliarlo un poco. Apúntate a una actividad que te obligue a coincidir con otros, como voluntariado, un club de lectura o algún deporte. No hace falta conocer a 20 personas nuevas, basta con recuperar el hábito de quedar y sostenerlo. Al final, el objetivo es tener a alguien con quien hablar, reír y apoyarte cuando haga falta. Eso, en el día a día, cuenta más de lo que parece.
