Pocos españoles lo trabajan: el sencillo hábito que mejora la inteligencia emocional infantil y está comprobado

Este pequeño gesto acaba siendo, a largo plazo, una de las mejores herramientas para el desarrollo de la personalidad de los niños

Niña, sonrisa, habitos

Recreación de una niña.

La inteligencia emocional de un niño no se ve en el aula ni cuando hace un examen final. Se percibe en el día a día, cuando interactúa con otros y, en lugar de responder de forma brusca, sabe frenar y ofrecer una respuesta razonada y educada. Ahí es donde se nota una crianza cuidada. Todos los padres desean hijos respetuosos y equilibrados, aunque no siempre saben qué hacer para conseguirlo.

Hay un hábito muy sencillo, recomendado por muchos expertos en desarrollo infantil, que ayuda a mejorar la inteligencia emocional de los niños. No requiere grandes recursos ni conocimientos técnicos. Sólo un poco de tiempo, atención y la capacidad de aprovechar situaciones cotidianas que suelen pasar desapercibidas.

Este es el sencillo hábito que mejora la inteligencia emocional infantil y que pocos padres trabajan

El hábito consiste en entrenar la toma de perspectiva. Es decir, ayudar al niño a ponerse en el lugar del otro y a pensar cómo se siente la persona que tiene delante. No desde la culpa, sino desde la reflexión.

Este enfoque lleva años presente en la psicología emocional y lo han señalado autores como Daniel Goleman, que sitúa la empatía como una de las bases del desarrollo emocional en la infancia.

Cuando se invita al niño a imaginar qué siente otra persona, cambia el foco. Deja de centrarse sólo en lo que quiere o le molesta y empieza a entender el impacto de sus palabras y acciones. Este ejercicio refuerza la empatía y mejora la gestión de los conflictos cotidianos.

Los juegos de rol resultan especialmente eficaces. Cambiar de papel permite experimentar emociones distintas de forma directa. El niño puede representar a un compañero que se siente apartado o a un adulto cansado tras un día largo. Esa experiencia deja huella porque no se limita a una explicación teórica.

Con el tiempo, este hábito fortalece la comunicación, reduce las respuestas impulsivas y mejora las relaciones tanto en casa como fuera de ella.

Ejercicios de perspectiva y empatía para la inteligencia emocional infantil

Para empezar con los niños, hay varias maneras sencillas de trabajar la empatía sin convertirlo en una lección formal. Todo parte de lo cotidiano y de saber aprovechar lo que ya ocurre en casa.

Lo primero es usar los pequeños conflictos diarios. Una discusión por un juguete o una mala contestación son momentos clave. En lugar de cortar la situación de golpe, conviene parar y preguntar cómo cree el niño que se siente el otro. Esa pausa cambia el ambiente y le obliga a pensar antes de actuar.

Otra herramienta que también ayuda mucho es la lectura compartida. Los cuentos ofrecen un terreno seguro para hablar de emociones sin señalar directamente al niño. Basta con detener la historia y comentar qué siente un personaje, por qué reacciona así o qué podría necesitar en ese momento. Poco a poco, el niño aprende a mirar más allá de la acción.

El juego de roles funciona de forma especialmente eficaz. Intercambiar papeles durante unos minutos permite experimentar otras posiciones. El niño puede hacer de adulto cansado o de compañero al que no dejan participar. Esa experiencia suele quedarse más que cualquier explicación.

Además, hablar de emociones en casa normaliza lo que sienten todos. Poner nombre a las emociones, escucharlas y respetarlas enseña al niño que no sólo importan sus propios sentimientos.

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