Un niño con inteligencia emocional es aquel que, en lugar de reaccionar de forma automática ante el primer problema, logra parar un segundo. Analiza lo que siente, piensa por qué le ocurre y decide cómo actuar. Esa capacidad le permite relacionarse mejor, tolerar la frustración y manejar conflictos sin gritar. No es un rasgo con el que se nazca. Como otras habilidades, se aprende y se entrena con el tiempo.
En ese proceso destaca un hábito sencillo que los expertos señalan cada vez más. Puede practicarse a diario, no exige mucho tiempo y, además, estimula la creatividad de los niños.
Este es el sencillo hábito que aumenta la inteligencia emocional de los niños, según expertos
El hábito que ayuda a aumentar la inteligencia emocional de los niños es escribir un journaling emocional. Así lo explica el psiquiatra Mark Hrymoc, director médico en el blog de Mental Health Center, donde recoge distintas investigaciones sobre el impacto de esta práctica en niños y adolescentes.
Cuando un menor escribe (o dibuja) lo que le pasa, ocurre algo clave: deja de reaccionar desde el impulso y empieza a procesar. La escritura crea distancia cognitiva. El problema ya no está sólo dentro, también está sobre el papel. Eso reduce la activación fisiológica asociada al estrés y facilita que el niño piense con más claridad.
Las investigaciones del Dr. Pennebaker en la Universidad de Texas demostraron que escribir sobre eventos emocionalmente significativos durante sólo 15 o 20 minutos produce mejoras claras tanto en la salud mental como en la física, incluido el funcionamiento del sistema inmune.
En niños y adolescentes, estos estudios observaron además que la escritura ayuda a ordenar pensamientos caóticos y a reducir la carga cognitiva asociada al estrés, lo que facilita una mejor gestión emocional y un mayor equilibrio en el día a día.
El beneficio aparece cuando el niño empieza a reflexionar. Palabras como «porque», «me di cuenta» o «la próxima vez» indican que la emoción ya se está integrando con el pensamiento.
Cómo practicar journaling emocional para reforzar la inteligencia emocional en niños (y que funcione de verdad)
Para que el journaling no se convierta en una obligación más, conviene cuidarlo desde el principio. Empieza por algo simple: que el niño elija su cuaderno y lo haga suyo. Colores, pegatinas, dibujos. Ese gesto refuerza la sensación de control y seguridad.
El momento también importa, con cinco o diez minutos bastan. Después del colegio o antes de dormir suelen funcionar bien. Una estructura sencilla ayuda: una emoción principal del día, tres cosas buenas que hayan pasado y algunas sensaciones percibidas con los sentidos. No hace falta escribir mucho.
Si el niño se queda en blanco, una pregunta abre camino. Dónde notó la emoción en el cuerpo, qué fue lo más difícil del día o de qué se siente orgulloso. En los más pequeños, el dibujo cumple la misma función que las palabras. En primaria, una mezcla de frases cortas y garabatos resulta muy eficaz.
Por último, hay que tener en cuenta una regla básica que no se negocia: el respeto a la intimidad. El diario no está para corregir ni vigilar. Si el adulto quiere intervenir, es mejor hacerlo desde la invitación: «¿Hay algo de lo que has escrito que quieras contarme?«.
