Ni matemáticas ni inglés: la actividad que mejora la inteligencia emocional en niños, con respaldo científico

Practicar esto sólo 10 minutos al día tiene efectos directos en la forma en que los niños gestionan sus emociones y reaccionan ante la frustración

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Recreación de un niño sonriendo.

La inteligencia emocional es lo que marca la diferencia entre un niño que estalla en gritos y berrinches cuando algo no sale como quiere y otro que logra detenerse un momento, pensar y responder con mayor control. No es un rasgo con el que se nace. Se aprende, se entrena y se fortalece con el tiempo, igual que un músculo.

Existen muchas formas de desarrollar la inteligencia emocional en niños y, en este caso, no ocurre en un salón de clases ni en actividades especiales. Sucede en casa, en medio de la rutina diaria, y es una de las herramientas más eficaces para ayudar a los niños a entender y manejar lo que sienten.

Esta es la actividad que mejora la inteligencia emocional en niños, según expertos

Los especialistas coinciden en una práctica sencilla pero muy poderosa: el labeling emocional, también llamado etiquetado emocional. Básicamente, consiste en ayudar al niño a reconocer qué emoción está sintiendo y ponerle un nombre claro en el momento en que aparece.

La diferencia está en pasar de expresiones generales como «me siento mal» a palabras más concretas: «estoy frustrado», «estoy triste», «me siento enojado» o «me siento ignorado». Ese pequeño cambio tiene un impacto mucho mayor de lo que parece.

Un estudio liderado por Matthew D Lieberman mostró que cuando una persona nombra lo que siente, la actividad de la amígdala disminuye. Esta zona del cerebro está relacionada con las reacciones emocionales intensas, como el miedo, la ira o la ansiedad. Al mismo tiempo, se activan áreas del cerebro vinculadas al pensamiento y al autocontrol.

Dicho de forma simple: cuando un niño logra decir lo que siente, la emoción pierde fuerza. Ya no está dominado por una reacción automática, sino que empieza a entender qué le pasa, y esa comprensión le permite responder mejor.

Por eso el etiquetado emocional funciona como un freno natural para las emociones intensas. A nivel cerebral, ayuda a calmar el sistema emocional. En el cuerpo, reduce la tensión y la impulsividad. Y en lo cotidiano, mejora la comunicación: el niño puede explicar lo que le ocurre sin necesidad de gritar, llorar o hacer berrinche.

No se trata de evitar emociones difíciles ni de decirles a los niños que no deberían sentirse así. Se trata de enseñarles a reconocerlas y manejarlas de una forma más saludable.

Cómo empezar a poner en práctica esta técnica para que los niños mejoren su inteligencia emocional

Para que el etiquetado emocional funcione de verdad, debe integrarse en la vida diaria de forma simple y constante.

El primer paso es actuar como un espejo emocional. Cuando un niño está alterado, muchas veces no sabe explicar qué le pasa. El adulto puede ayudar observando y poniendo palabras a lo que ve.

Frases como «veo que estás muy tenso» o «parece que estás enojado porque se terminó el juego» le dan al niño un punto de referencia. Es clave validar la emoción sin minimizarla. Decir «es normal sentirse así» ayuda mucho más que «no es para tanto».

El segundo paso es ampliar su vocabulario emocional. Si un niño solo conoce «bien», «mal» o «enojado», tendrá menos herramientas para regularse. En edades tempranas basta con emociones básicas como alegría, tristeza, miedo y enojo. Con el tiempo, se pueden sumar otras como frustración, orgullo, celos, alivio o soledad. Apoyarse en imágenes, ruedas de emociones o escalas visuales facilita este aprendizaje.

El tercer paso es practicar de forma lúdica. Los juegos hacen que el aprendizaje emocional sea natural. Leer cuentos y hablar de cómo se sienten los personajes, jugar a representar emociones frente al espejo o crear un pequeño espacio tranquilo para calmarse después de identificar lo que sienten son estrategias simples y efectivas.

Por último, está el ejemplo del adulto. Los niños aprenden observando. Cuando ven a un adulto decir en voz alta «estoy estresado, voy a respirar para calmarme», entienden que sentir emociones intensas es normal y que existen formas sanas de manejarlas.

El etiquetado emocional se apoya en una idea muy clara: cuando una emoción tiene nombre, deja de controlar por completo la conducta. Enseñar a los niños a poner en palabras lo que sienten no solo los ayuda a calmarse en el momento. Les da una habilidad que usarán toda la vida.

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