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Mantener el control de una situación depende, en gran medida, de lo que proyectamos sin pronunciar palabra. En el ámbito de la comunicación corporal, un gesto fuera de lugar tira por tierra meses de preparación en apenas un instante. No se trata solo de qué decimos, sino de cómo nuestro cuerpo delata la incertidumbre ante los demás.
Roberto Duque Roquero, un académico y abogado mexicano de gran trayectoria, advierte sobre un hábito común que acaba con la percepción externa. Este experto señala que existen ademanes capaces de restar autoridad de manera inmediata, especialmente en contextos de alta presión donde cada movimiento cuenta.
El error de comunicación corporal que destruye tu autoridad de forma inmediata
El gesto de rascarse la cabeza destruye nuestro discurso si lo hacemos mientras buscamos proyectar seguridad. Según explica Duque Roquero, este movimiento no siempre responde a un picor real, sino que funciona como una respuesta evolutiva ante la confusión. En el momento en que alguien no encuentra una solución o se siente perdido, la mano viaja hacia el cuero cabelludo de forma casi instintiva.
Esta conducta que menciona el profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) no es exclusiva de nuestra especie, puesto que se ha detectado una reacción idéntica en primates.
Por tanto, realizar el gesto de rascarse la cabeza en una negociación importante o frente a un tribunal envía un mensaje directo de duda. El interlocutor percibe que no tenemos el mando de la situación y que la respuesta se nos escapa de nuestros dedos.
¿Por qué rascarnos la cabeza destruye nuestra autoridad en segundos?
La psicología detrás de este error de comunicación es fascinante y, a la vez, muy útil de entender para la imagen pública. Duque Roquero, quien ejerce como conferencista y también es profesor desde 1998, sostiene que rascarnos la nuca o la coronilla delata que estamos en blanco. Tras hacerlo, en apenas unos segundos, la imagen de líder que queremos transmitir se desmorona.
Para los expertos de lenguaje no verbal, el gesto de rascarse la cabeza indica que no sabemos qué hacer ante un problema. Además, el experto menciona que los fotógrafos suelen cazar a figuras públicas mientras lo hacen. Sus rivales usan esas imágenes para mostrar que el dirigente está perdido o que carece de noción sobre su cargo.
Además, si se realiza de forma ruda, el individuo puede llegar a parecerse a un gorila, lo que lo hace perder cualquier atisbo de sofisticación o profesionalismo.
¿Cómo afecta este gesto de comunicación corporal en entornos profesionales?
Basados en la explicación del vídeo de YouTube de Roberto Duque Roquero, queda claro que el contexto lo es todo. Si la persona está en un entorno de confianza, rascarse carece de mayor trascendencia. Sin embargo, en ámbitos profesionales, como un concurso de debate o ante un juez, las reglas cambian drásticamente.
El experto sugiere que, si el picor es insoportable, algunos optan por fingir que se peinan para disimular la acción. Otros, más disciplinados, simplemente aguantan la comezón para no ceder terreno ante otro orador o adversario. Después de todo, el conocimiento de estos mecanismos permite que cada uno decida si compensa o no arriesgar su autoridad por una molestia momentánea.
