Contenido
- 0.1 Fernando Miralles, experto español en oratoria: «Haz este gesto si quieres que tu audiencia te preste atención»
- 0.2 Llega a España la misogamia: la nueva tendencia que rompe los esquemas de las relaciones
- 0.3 El significado de que no soportes que te hablen cuando te despiertas, según la psicología
- 1 El truco para evitar que se note que te has quedado en blanco
- 2 Otras recomendaciones para hablar con más seguridad en público
Quedarte en blanco es de esas cosas que aparecen cuando menos te las esperas. Da igual si estás en una reunión, exponiendo un informe o hablando delante de gente conocida. De repente, la mente se queda vacía y el cuerpo entra en alerta. El miedo que surge no es tanto al silencio, sino a que los demás lo noten.
Fernando Miralles, conocido experto español en oratoria, resalta que la clave es cómo reaccionas en ese momento. En uno de sus videos, plantea un recurso sencillo que evita que la situación se note desde fuera. Tiene que ver con gestionar el silencio y el cuerpo con inteligencia.
El truco para evitar que se note que te has quedado en blanco
Cuando te quedas en blanco, el impulso habitual es justificarte: pedir perdón, explicar que se debe a los nervios o decir en voz alta que has perdido el hilo. Ese reflejo, según Miralles, es lo que realmente rompe tu autoridad. En cuanto lo verbalizas, haces visible algo que hasta ese momento solo estaba en tu cabeza.
Lo que propone Miralles es introducir una pausa natural breve, acompañada de un gesto cotidiano que no llame la atención. Desde fuera, esa interrupción se interpreta como parte del discurso y nadie piensa que te has perdido. De hecho, muchas personas asumen que estás reflexionando sobre lo que acabas de decir.
En comunicación oral, no todo es contenido. Este recurso funciona porque el silencio bien colocado transmite control. El ritmo importa tanto como las palabras. Cuando paras con calma, mantienes la percepción de seguridad y evitas entrar en la ruta del nerviosismo, que suele llevar a hablar más rápido o a decir cosas innecesarias.
Otras recomendaciones para hablar con más seguridad en público
La forma en la que hablas, te mueves y gestionas los silencios es tan relevante como el contenido en oratoria. Hay hábitos muy comunes que restan autoridad sin que te des cuenta. Antes de repasarlos, ten en cuenta que no se trata de sonar perfecto ni de parecer alguien que nunca duda, sino de sonar tranquilo y coherente con lo que dices.
- Hablar demasiado rápido suele delatar nervios. Bajar el ritmo hace que tu mensaje se perciba de forma más firme y que el otro tenga más tiempo para procesarlo.
- Justificarte constantemente desvía la atención y te coloca en una posición defensiva, como si tuvieras que pedir permiso para hablar.
- Terminar las frases en tono ascendente transmite duda, incluso cuando afirmas algo que sabes bien.
- Evitar la mirada directa genera distancia y hace que el otro perciba inseguridad o desconexión.
- Moverte sin parar, balancearte o juguetear con las manos distrae y resta firmeza al mensaje.
- Olvidarte de respirar provoca cortes incómodos y una sensación general de agobio.
- Abusar de muletillas da la impresión de que no tienes claro lo que dices, aunque sí lo tengas.
Para trabajar estos distintos aspectos basta con observarte, practicar en contextos seguros y aceptar que equivocarte es parte del proceso. La seguridad no viene de no fallar nunca, sino de saber sostenerte y continuar cuando algo no sale como esperabas.






