Las personas mayores de 65 años deben ser capaces de caminar a 3.6 km/h, según dicen los especialistas

Mantener una velocidad de marcha de al menos 3,6 km/h se asocia con mejor estado físico, menor riesgo de fragilidad y mayor autonomía en la vejez

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Hombre mayor de 65 camina al aire libre

Hombre mayor de 65 camina al aire libre

Mantener una velocidad mínima al caminar puede ser un indicador clave del estado de salud en la vejez. En este sentido, las personas mayores de 65 años deberían ser capaces de desplazarse a unos 3.6 kilómetros por hora, un ritmo considerado básico para preservar la autonomía y la funcionalidad en la vida cotidiana.

Este parámetro, que equivale a recorrer un metro por segundo, se vincula con la capacidad cardiovascular, la fuerza muscular y el equilibrio. Evaluar la velocidad de marcha, sostienen los expertos, permite anticipar riesgos, diseñar intervenciones preventivas y promover un envejecimiento más activo y saludable.

Velocidad al caminar en personas mayores de 65 años: ¿qué indica sobre su salud?

La velocidad al caminar se ha convertido en un indicador clave para evaluar el estado de salud en la vejez. Diversos estudios señalan que el ritmo de la marcha no solo refleja la condición física, sino que también permite anticipar riesgos y expectativas de supervivencia. En este contexto, especialistas analizan qué significan los distintos niveles de velocidad en personas de 65 años o más.

Una marcha por debajo de 0.8 m/s (2.9 km/h) señala un estado de fragilidad y, en consecuencia, una mayor probabilidad de complicaciones de salud. En cambio, velocidades iguales o superiores a 1 m/s (3.6 km/h) se asocian con una supervivencia superior a la estimada dentro de ciertos subgrupos definidos por edad y sexo. Cabe aclarar que el análisis se centra únicamente en personas mayores de 65 años.

Un estudio publicado en la revista JAMA analizó la velocidad de la marcha en personas mayores y su relación con el estado de salud. Se trata del meta-análisis más amplio realizado hasta el momento sobre este indicador, que reunió datos de nueve investigaciones poblacionales con más de 34.000 participantes mayores que viven en la comunidad.

Liderado por la Dra. Studenski, de la Universidad de Pittsburgh (Estados Unidos), y con la participación del Parc Sanitari Pere Virgili, el trabajo mostró que el 30% caminaba a menos de 0.8 m/s, lo que sugiere cierto grado de fragilidad y mayor riesgo de eventos adversos; otro 40% lo hacía a 1 m/s o más, indicador de un estado de salud considerado robusto; mientras que el 30% restante registraba velocidades entre 0.8 y 1 m/s, un rango asociado a una condición pre-frágil que requiere una evaluación y seguimiento más estrictos.

¿Cómo se mide la velocidad de marcha?

La velocidad de la marcha se mide mediante una prueba sencilla que permite evaluar la capacidad funcional y el estado de salud general, especialmente en personas mayores. Se trata de un procedimiento fácil de aplicar, económico y accesible, que puede realizarse tanto en entornos clínicos como comunitarios sin necesidad de equipamiento sofisticado.

El método consiste en pedirle a la persona que camine una distancia determinada, generalmente entre 4 y 10 metros, a su ritmo habitual. Para realizar la medición se necesitan elementos básicos como una cinta métrica para delimitar el recorrido, un cronómetro o reloj con segundero para registrar el tiempo y un espacio seguro y libre de obstáculos. En algunos casos también se utilizan marcas en el suelo para señalar el inicio y el final del trayecto.

Una vez completado el recorrido, se calcula la velocidad dividiendo la distancia recorrida por el tiempo empleado. Este dato ofrece información valiosa sobre la movilidad, el equilibrio y la fuerza muscular, y puede orientar decisiones preventivas o terapéuticas. Su simplicidad y bajo costo la convierten en una prueba clave en la evaluación geriátrica.

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