Por estas fechas, despedirse con la frase ¡Feliz Año! es algo que tenemos más que interiorizado. En teoría, la connotación de añadir esta coletilla tras el día de Año Nuevo debería ser positiva, pero hay a quienes les pesa ver el avance de los años. Incluso este hecho despierta cierta melancolía y tristeza. Paloma García Zubieta, psicóloga sanitaria en Clínicas Origen, explica que cumplir años suele activar un balance vital bastante automático: miramos atrás y evaluamos si estamos donde creíamos que «deberíamos» estar en ese año. Hemos hablado con ella sobre por qué sucede esto y cómo podemos hacerle frente.
- ¿Por qué fracasan mis propósitos de Año Nuevo y cómo puedo llevarlos a cabo?
- ¿Es perjudicial para la salud hacer una lista de propósitos de Año Nuevo?
El paso del tiempo tiene esa doble cualidad de alegrar y abrumar al mismo tiempo. Y es un tema que en cada Año Nuevo vuelve una y otra vez a ponerse sobre la mesa: Por qué nos agobia hacernos mayores. «En consulta es muy habitual ver que el malestar no tiene tanto que ver con cumplir años como con la sensación de no estar viviendo la vida que uno desea», subraya.
No es algo que deba acompañarnos y es que, para evitar el desánimo, es importante cambiar el enfoque. En lugar de utilizar el cambio de año como un examen de lo no conseguido, «puede ser más saludable verlo como un momento de revisión consciente: preguntarnos qué queremos ahora, qué ya no nos representa y hacia dónde queremos dirigirnos en esta nueva etapa». El problema no es sumar años, sino vivirlos desde la comparación constante y una autoexigencia excesiva, apunta.

Cambiar la mentalidad: al paso del tiempo, buena cara
Los motivos por los que sentimos que el Año Nuevo acompaña nuestro envejecimiento parten de una misma idea de sentir el paso del tiempo como una pérdida. Podríamos definirlo como el miedo a envejecer y, para compensarlo, hay una lección que interiorizar: al paso del tiempo buena cara.
Uno de los cambios más importantes es dejar de asociar el paso del tiempo únicamente con la pérdida. «Envejecer implica renuncias, pero también muchas ganancias: experiencia, perspectiva, capacidad de decisión y mayor conocimiento de uno mismo», apunta García Zubieta.

Del mismo modo, explica, este cambio de mentalidad «ayuda entender que no todas las etapas están pensadas para lo mismo y que cada momento vital tiene funciones distintas», asegura. «Cuando dejamos de medirnos con expectativas irreales o compararnos con el ritmo de los demás, el envejecimiento se vuelve un proceso mucho más amable».
Un hábito clave que comparte la psicóloga es revisar el diálogo interno y detectar mensajes muy frecuentes como «ya voy tarde» o «a mi edad debería estar en otro punto». «Desde la clínica sabemos que este tipo de pensamiento está muy relacionado con la autoexigencia y el perfeccionismo«.

En sustitución, tratar de utilizar un lenguaje más realista y compasivo ayuda a reducir notablemente la ansiedad. También ayuda anclarse al presente a través de hábitos cotidianos: «cuidar el cuerpo desde el respeto y no desde el castigo, mantener vínculos significativos, tener proyectos que generen ilusión y permitirse disfrutar sin vivir constantemente pendientes del futuro». El miedo al tiempo disminuye cuando sentimos que nuestra vida tiene sentido ahora.
Entiende el paso del tiempo como algo positivo
¿Por qué nos cuesta envejecer? Hablamos de factores personales, pero Paloma García se adentra también en la importancia del contexto cultural. En este sentido, defiende como en muchas sociedades, la vejez se entiende como un logro vital: «llegar a mayor es señal de experiencia, resistencia y sabiduría». De hecho, continúa, «en numerosas comunidades, las personas mayores ocupan un lugar central en la toma de decisiones y son referentes para los demás».

Recuperar esta visión nos ayuda a reconocer todo lo que se gana con los años: «mayor capacidad para poner límites, elegir mejor, relativizar los problemas y escucharnos con más honestidad«. Sentir cierto vértigo al cumplir años es humano, explica Paloma García, «lo importante es qué hacemos con ese vértigo y cómo lo transformamos en una vida más alineada con nosotros mismos».
Rodéate de personas vitamina
El círculo de personas con el que te rodeas influye de manera muy directa en la manera en que afrontamos el paso del tiempo. García Zubieta explica que vivimos en una cultura que idealiza la juventud y establece hitos muy concretos y, muchas veces, excesivos para cada edad: éxito profesional, estabilidad económica, pareja, hijos o determinados aspectos físicos. Esto hace que muchos cumpleaños se vivan más como una evaluación personal, con una autocrítica desmedida, que como una celebración.

«En consulta es frecuente ver cómo esta presión genera sensación de fracaso o de ir tarde, especialmente cuando se compara la propia vida con modelos poco realistas, reforzados además por las redes sociales y sus versiones idealizadas de la realidad», matiza.
«En estos casos, suelo proponer ejercicios de autovalidación, como reflexionar de forma consciente sobre los retos superados o los momentos que nos han fortalecido a lo largo del año, lo que ayuda a aumentar la autoestima y a vivir los cumpleaños desde un lugar más amable».
