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Álex González: «Por salud, intento seguir los ritmos circadianos y uso luz roja para simular el atardecer»

Álex González
(Foto: Álex González)
Ana Márquez
  • Ana Márquez
  • Mi sueño era convertir mi pasión en profesión, y lo conseguí. En cuanto terminé la carrera de periodismo entré en el mundo editorial y no he parado de escribir sobre moda, belleza, cine y estilo de vida para importantes cabeceras como COOLthelifestyle. Me encanta aprender y enseñar, tanto que soy docente de Periodismo Digital y Redes Sociales en Condé Nast College. Y como curiosidad, añadir que soy imagen de una crema facial de una conocida marca y es posible que me encuentres en algún 'beauty stand'.
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Dormirse cuando se pone el sol y despertarse con la luz natural. Así de simple (y así de complicado) resumía Álex González su forma de entender el descanso durante su visita a El Hormiguero. El actor reconocía no ser ningún experto, pero sí intentar respetar los ritmos circadianos: «despertarse con la luz del sol y acostarse cuando se va el sol». Una filosofía que también practica el futbolista Marcos Llorente y que, en un mundo de pantallas, horarios imposibles y luz artificial constante, suena casi utópica. Por eso, González explicaba que utiliza luz roja por la noche, una iluminación que simula el atardecer y reduce el impacto de la temida luz azul.

Pero ¿qué hay realmente detrás de esta tendencia? ¿Tiene base científica o es sólo una moda más de bienestar? Hemos consultado con expertos y centros especializados para entenderlo.

Ritmos circadianos, luz azul y las mitocondrias de Álex González

Nuestro cuerpo funciona siguiendo un reloj biológico interno regulado, en gran parte, por la luz. La exposición a luz azul (pantallas, iluminación LED fría) inhibe la producción de melatonina, la hormona del sueño, y envía al cerebro la señal de que aún es de día.

La luz roja, en cambio, tiene menor impacto sobre ese mecanismo. De ahí que muchos expertos recomienden reducir la luz azul por la noche y optar por tonalidades cálidas o rojizas que imiten el atardecer.

Además, la llamada fotobiomodulación (el uso terapéutico de determinadas longitudes de onda de luz) actúa a nivel celular, especialmente en las mitocondrias, responsables de la producción de energía en nuestras células.

Como explican desde el Instituto Médico Ricart (IMR):

«La terapia de luz roja o bioestimulación se ha convertido en una tendencia global, aunque en realidad cuenta con décadas de investigación científica previa»

 

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Luz infrarroja: calor que actúa desde dentro

Dentro de este contexto, la luz infrarroja destaca por su capacidad de penetrar en tejidos de forma profunda y no invasiva.

En el centro Six Harmonies la integran como parte esencial de su propuesta de entrenamiento consciente y recuperación:

«A diferencia de los sistemas tradicionales que calientan el aire, la luz infrarroja actúa directamente sobre el cuerpo, elevando suavemente la temperatura interna desde dentro hacia fuera».

Según explican, este tipo de calor:

  • Favorece una sudoración profunda y segura.

  • Estimula la circulación sanguínea y linfática.

  • Reduce la inflamación.

  • Mejora la elasticidad muscular y articular.

Y añaden:

«El uso de luz infrarroja durante el entrenamiento ayuda a preparar los músculos desde el inicio, mejora el rendimiento sin aumentar el impacto y acelera la recuperación posterior»

Tras las sesiones, muchos usuarios notan cambios inmediatos:

«Muchas personas experimentan una reducción notable de la rigidez, una mejora de la movilidad y una sensación de ligereza física y mental tras la clase»

Luz Roja
(Foto: RedDot Led)

Beneficios dermatológicos: colágeno y reparación celular

Más allá del rendimiento físico, la luz roja tiene aplicaciones dermatológicas sólidas.

La Dra. Clara Lacasta explica:

«La luz LED, especialmente la roja y el infrarrojo cercano, tiene evidencia científica en dermatología basada en la fotobiomodulación, con efectos demostrados a nivel celular y antiinflamatorio».

En longitudes de onda entre 630 y 760 nm, la luz roja:

  • Estimula la producción de colágeno.

  • Mejora la textura de la piel.

  • Favorece la reparación de tejidos.

Pero no es magia inmediata. Como señala la Dra. Marta González:

«El secreto de la terapia de luz roja reside en la regularidad, la calidad del dispositivo y la correcta adaptación al tipo de piel y al objetivo del paciente»

No todas las luces son iguales

Lucía Altozano, farmacéutica de Skinpharmacy, recuerda que cada color tiene una profundidad de acción distinta:

  • Azul (415-450 nm): combate el acné.

  • Verde (520-550 nm): atenúa manchas.

  • Ámbar (590-605 nm): calma rojeces.

  • Roja (630-700 nm): estimula colágeno y elastina.

  • Infrarrojo cercano (830 nm): acelera la reparación celular.

  • Infrarrojo profundo (1072 nm): potencia la regeneración de tejidos.

Y subraya la importancia de usar dispositivos homologados y con potencia adecuada.

¿Moda pasajera o cambio de paradigma?

Celebrities como Jennifer Aniston o Gal Gadot han popularizado el uso de máscaras LED domésticas, lo que ha disparado el interés por estos dispositivos. Pero más allá del gadget, el mensaje de fondo conecta con algo más profundo: volver a respetar los ritmos naturales del cuerpo.

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(Foto: CurrentBody)

Quizá no todos podamos acostarnos al ponerse el sol. Pero reducir la luz azul por la noche, exponernos a la luz natural por la mañana y entender cómo la luz influye en nuestras mitocondrias y en nuestra energía diaria puede ser un primer paso.