Nunca había ido de crucero y, hasta ahora, tampoco era un modo de viaje que figura entre mis to do’s del diario de bitácora. Primero, porque siempre hay dudas al respecto, como: ¿Se pueden visitar disfrutar tantos destinos visitándolos de forma tan fugaz? ¿Es posible no aburrirse durante dos días encerrados en un barco? Por eso la fórmula para dar con un primer crucero es ir a un lugar cuya leyenda enamora, como es el Caribe, y elegir una embarcación como el Norwegian Encore.
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La magia de las primeras veces tiene un doble rasero: por un lado resulta emocionante embarcarse en ello y, por otro, corre el riesgo de que esa emoción se disipa rápidamente. Al viajar, esto puede llevar a una dicotomía de apostar por un destino soñado y que el viaje termine acabando en mal puerto. Hablamos del Caribe en invierno, un destino cuyo sentido de paraíso se incrementa cuando lo visitamos para huir del frío.

Por eso, para no agotar el encantamiento de este lugar cuando se visita en un crucero, conviene dar con un barco capaz de mantener latente esa adrenalina que sientes cuando accedes al muelle de embarque. La forma de escapar de esa rampa es elegir un barco que no solo viva de la impresión del lugar, sino que ofrezca variedad, autenticidad y diversión.
Cuando embarcas en Norwegian Encore para recorrer durante una semana el mar Caribe por los puertos de México, Honduras y Belice es lo que te aseguras. La aventura comienza en Miami y toma una semana que comienza con un día en alta mar, realiza diferentes paradas por estos tres países y regresa a su puerto de origen tras dos días surcando el Caribe.

Excursiones fuera del barco
Como decía al principio, ¿cómo es capaz de pasar tan poco tiempo en un destino y poder disfrutarlo? Antes de adentrarnos en esta experiencia, a mí me parecía algo imposible. Si de primeras te dicen que vas a poder visitar una de las Siete Maravillas del Mundo, ver esas playas que creías exclusivas de las galerías fotográficas o disfrutar del encanto local de los lugares, puede que no te abras del todo a la idea. Pero es así.

La magia de los destinos que visitamos comenzó en México, concretamente en Cozumel. Un destino que en nuestra experiencia fue de paso, ya que solo caminaremos por este lugar para acudir al puerto que nos llevaría a conocer la Maravilla maya de Chichén Itzá. Te lleva 45 minutos en barco llegar a Playa del Carmen y entre 2 y 3 horas llegar a contemplar el yacimiento arqueológico. Es cierto que elegir excursiones de todo el día te hace perderte la experiencia del lugar, pero hablamos de una de las ruinas mayas más importantes, ¿acaso hay destino que compita con eso?
Bajo el sol de diciembre resulta asombroso ver cómo descansa indiferente al paso del tiempo el Castillo central – que es el edificio más importante y que todos relacionamos con este yacimiento. Junto a esta, recorres a pie El Caracol u Observatorio, El Templo de los Guerreros y el Juego de Pelota Maya. Conviene no perderse los enormes cenotes que los mayas empleaban para los sacrificios y de cuyo interior se obtuvieron piezas que hoy descansan en los museos.

México sería solo la primera parada. Siguiendo la conocida como la Gran Barrera de Coral Maya – el segundo sistema de arrecifes más grande del mundo que va desde península de Yucatán en México hasta las Islas de la Bahía en Honduras – llegamos a Roatán, en Honduras. Dicen que el agua del Caribe está compuesta de siete colores y tres de ellos fueron elegidos de forma genuina para dibujar el litoral hondurense.

Si la primera parada estuvo centrada en la cultura e historia del lugar, esta transcurrirá por el encanto costero y gastronómico de Honduras. Recorriendo sus manglares, adentrados en la maravilla de sus cocoteros y plantaciones de chocolate y, finalmente, disfrutando de los sabores locales en los puestos de la costa, como el tapado o las baleadas.

Al terminar el día, la sensación que te queda al volver a embarcar es la de tener una cuenta pendiente con ese paraíso.

Belice es ideal para el ecoturismo y la isla privada de Harvest Caye se convertiría en la última parada del viaje. Un lugar sin prisas, ni colas, ni ajetreo, donde una playa y las iguanas que ahí descansan dan la bienvenida a los turistas.

Aquí también tienes actividades, como hacer salidas en motos de agua, recorrer los manglares que rodean el litoral norte de esta pequeña isla, disfrutar de una cata de chocolates o hacer snorkel. Independientemente de cual sea tu opción, disfruta, porque en este paraíso marítimo toca despedirse de la experiencia para tomar rumbo a Miami de nuevo.

Todo para el ocio
¿Puede una sala de realidad virtual, una pista de karting y una sala de subastas compartir espacio en medio del Atlántico? Lo cierto es que sí, pero para eso tienes que embarcar en el Norwegian Encore. Si por algo esta embarcación es perfecta para las primeras veces en crucero y para matar el escepticismo de este tipo de viajes es porque, aquí dentro, no hay lugar al aburrimiento.
El crucero está listo para poder ofrecer, con creces, la diversión a bordo que tanto persiguen todas las compañías. El primer día, cuando la enorme embarcación parte desde Miami, ya pone a prueba las expectativas de cualquier debutante en los viajes de alta mar, ya que transcurre por completo en alta mar. Pero la prueba definitiva es tras el viaje cuando, al paso por los tres destinos, la experiencia finaliza con dos días navegando.

Hasta entonces no sabíamos la importancia de elegir una embarcación que tuviese variedad y calidad en sus instalaciones y actividades internas. Eso sí, hay un error muy común: intentar exprimir todo lo que el barco tiene el primer día. Spoiler: no es buena idea. De hacerlo así, puede que agotes la magia de la embarcación y que no disfrutes del todo los destinos. Respira, organízate y recuerda que son muchos días en alta mar y el FOMO «por verlo todo ya» puede no ser el mejor guía.
Porque así es imposible que los días de alta mar se hagan pesados; todo porque han conseguido dar con la tecla capaz de hacer que el minutero parezca avanzar más rápido de la cuenta. Desde primera hora de la mañana hasta el final de la noche, sus salas, espectáculos y actividades están siempre dispuestas a ocupar cada segundo del día y eso, para los primeros y últimos días de alta mar, es todo un salvavidas.

Aquí hay un plan para cada momento del día. Cuando hace sol, la cubierta se convierte en el centro neurálgico de esta embarcación, haciendo de la piscina en cubierta y los jacuzzis con vistas al mar el mejor escenario para disfrutar del eterno verano. Sin que falte un refresco en mano en cualquiera de los dos restaurantes exteriores de los que goza la cubierta.
Aquí hay tiempo de relajación, pero también de movimiento, porque la adrenalina se abre hueco en el gran tobogán acuático que abraza el casco del barco, y que está disponible tanto para adultos como para pequeños (en una versión más reducida). O en cada una de las curvas del karting Encore Speedway. Porque, aunque suene picaresco, este barco tiene una pista de carreras en la cubierta.

Otra necesidad que hasta ahora quienes han viajado en un crucero desconocían: la de tener una sala con realidad virtual. Se trata de Galaxy Pavilion, una sala donde la realidad virtual te lleva a explorar lugares, resolver enigmas, enfrentarte a retos y conducir auténticos simuladores de carreras. Diversión y tecnología; otros dos ingredientes para repeler la falta de dopamina en alta mar.

Pero es que la oferta de actividades y espacios continúa de forma que parece responder ante cualquier hobby de sus viajeros. Para los amantes del deporte, la piscina ofrece en una pantalla gigante todo tipo de encuentros deportivos; a los melómanos, espectáculos de Broadway, actuaciones en directo en el lobby y tributos a los Beatles y otras bandas musicales; a los amantes al arte, sesiones de fotos y subastas de arte; y a los más pequeños, espacios de juegos y guardería para poder estar vigilados.
Gastronomía en toque internacional
Además de todas estas actividades, NCL se diferencia por dar espacio a los gastro lovers con una auténtica variedad de restaurantes. Con una oferta incluida en la tarifa de viaje que está más que a la altura
Cada uno tiene su momento del día y puedes organizarte tu propio horario, siempre que te adaptes a las horas internacionales. Otro tip: si te pasa como a nosotras y quieres disfrutar de la cena tardía, sólo tendrás disponible los sándwiches del The Local Bar & Grill. Una vez más, la organización a bordo sale a la palestra para recordarnos que es fundamental.

Puedes disfrutar de los restaurantes incluidos en el barco, donde el día perfecto comienza con un desayuno en Savoir o Taste; continúa en su concepto buffet, Garden Café, situado en la cubierta superior y que se convertirá en la mejor opción a la hora de comer. Sus estaciones abrazan la variedad internacional, con destinos gastronómicos fijos como los sabores especiados de la India, el umami de la cocina asiática y estaciones de vegetales y ensaladas. Y terminan en The Manhattan Room, uno de los tres salones principales donde los huéspedes pueden disfrutar platos clásicos y modernos en un ambiente chic.
Pero uno de los rincones más especiales es Observation Lounge, situado en la proa del barco con una perspectiva panorámica de 180 grados. Aquí puedes disfrutar de pequeños bocados y servicio de bar en cualquier momento del día en una atmósfera donde el diseño te lleva a imaginarte en un exclusivo club neoyorquino. Y con el Atlántico llenando las vistas de sus imponentes ventanales, algo que crea un magnetismo único en el lugar.

Ahora bien, los «fuera de carta» son uno de los puntos fuertes del barco. Food Republic te ayuda a matar el antojo de sushi y sabores latinos; Onda by Scarpetta recorre el corazón gastronómico de Italia; el Palomar te hace volver a casa con sabores mediterráneos; y Teppanyaki te hace disfrutar de un auténtico espectáculo de comida asiática, sentados a través de una parrilla donde diversión y degustación forman la experiencia. Y una sorpresa que recomiendo no saltarse son las catas de vinos que dan lugar en The Cellars.
Los camarotes
Nuestro camarote tenía una impresionante terraza, un amplio espacio, perfecto para dos personas y un servicio de wifi que funcionaba perfectamente en alta mar. Pero es de entender que hay quienes viajan en grupo, en solitario o quienes prefieren elevar su experiencia al máximo lujo. Para todos ellos hay un camarote hecho a medida, desde opciones de interior, grandes suites, camarotes individuales. Y, para los últimos, está The Heaven. Si me preguntan, un hotel de cinco estrellas encapsulado en alta mar.

Sus habitaciones, espacios y el hecho de que la entrada a este exclusivo espacio encierra una piscina indoor para poder disfrutar en los días de lluvia y con acceso permitido únicamente para los residentes de este espacio, son una experiencia que recomiendo no perderse. Sobre todo porque aquí la gastronomía también tiene importancia y también se nutre de ese halo tan característico.

Después de haber viajado y debutado en un crucero cómo este, una cosa queda clara. Los destinos se viven a tu manera, el viaje se disfruta en común y la experiencia de viajar en un crucero por el Caribe puede no ser tan terrible como imaginaba. Es más, puede convertirse en uno de esos viajes que siempre surgen como anécdota inolvidable.
