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El anillo lo sabe todo: la excusa de salud del Rey Juan Carlos para no ir al funeral podría caerse

Juan Carlos I
El Rey emérito Juan Carlos I. (Foto: Gtres)
Ana Márquez
  • Ana Márquez
  • Mi sueño era convertir mi pasión en profesión, y lo conseguí. En cuanto terminé la carrera de periodismo entré en el mundo editorial y no he parado de escribir sobre moda, belleza, cine y estilo de vida para importantes cabeceras como COOLthelifestyle. Me encanta aprender y enseñar, tanto que soy docente de Periodismo Digital y Redes Sociales en Condé Nast College. Y como curiosidad, añadir que soy imagen de una crema facial de una conocida marca y es posible que me encuentres en algún 'beauty stand'.
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En la foto de la que todo el mundo habla, el Rey emérito Juan Carlos no sonríe especialmente. Tampoco parece en su mejor momento físico. La imagen, tomada en Suiza durante una celebración privada de alto voltaje social, ha generado titulares por lo que no se ve (su ausencia en los funerales de Irene de Grecia), pero también por un detalle mínimo, casi imperceptible, que sin embargo encaja a la perfección con los tiempos que corren: el rey emérito lleva un Oura Ring en la mano. Y, si sometiéramos ese anillo a un análisis similar al de la caja negra de un avión, podríamos saber con exactitud si realmente estaba «delicado de salud» para no ir al funeral de Irene de Grecia.

Un anillo negro, discreto, tecnológico. Nada de rubíes, nada de heráldica. Silicon Valley en estado puro.

Durante esas fechas, Don Juan Carlos había puesto rumbo a Suiza para asistir a una celebración de carácter privado organizada con motivo del cumpleaños del exmonarca egipcio Fuad II, que congregó a un reducido y muy exclusivo grupo de invitados. El rey emérito no estuvo solo: viajó junto al jeque Sheikh Khaled Al-Bader Al-Sabah, una de sus compañías habituales y máximo responsable de los organismos acuáticos asiáticos y de la natación en Kuwait, con quien posa en la fotografía que él mismo compartió en sus redes.

En un momento en el que la información sobre su salud se mide al milímetro (viajes largos desaconsejados, corazón delicado…), el gesto no es menor. Como se puede ver en la foto de este perfil de Instagram, lleva el Oura Ring y éste no es un adorno. Es un dispositivo biométrico de alta precisión que monitoriza sueño, frecuencia cardíaca, variabilidad del pulso, temperatura corporal, niveles de estrés y recuperación física.

El lujo silencioso de los datos del Rey Juan Carlos

El Oura Ring pertenece a una categoría muy concreta del lujo contemporáneo: el que no se exhibe, se mide. Su precio oscila entre los 300 y los 400 euros (una cifra modesta para quien se mueve en jets privados), pero su valor real está en otro sitio: en la información.

Este anillo es capaz de anticipar estados de fatiga, alertar sobre sobreesfuerzos y detectar patrones que ayudan a decidir si hoy conviene viajar… o no. Es el tipo de tecnología que utilizan ejecutivos, deportistas de élite y líderes que entienden el cuerpo como un activo estratégico. No es casualidad que lo lleven Elon Musk, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Gwyneth Paltrow…

¿Salud delicada o agenda selectiva?

La ironía (muy siglo XXI) es que el Oura Ring llega a escena justo cuando el debate gira en torno a la capacidad real del emérito para desplazarse. Porque si algo ha quedado claro en los últimos años es que Juan Carlos I viaja. Mucho. A Londres, a Suiza, a España.

Que no acudiera a los funerales de su cuñada mientras sí estaba presente en una celebración privada, rodeado de amistades influyentes, añade una capa más de complejidad al relato. Y el anillo, sin pretenderlo, introduce una pregunta incómoda: ¿qué dicen exactamente sus métricas? Porque el Oura Ring no entiende de excusas institucionales ni de versiones oficiales. Solo de datos.

Modelos de Oura Ring
(Foto: Oura Ring)

El poder de la imagen (y del detalle)

En la foto, Juan Carlos I viste de manera informal. Chaqueta, camiseta, gesto cansado. Nada especialmente calculado… salvo ese anillo. En comunicación de alto nivel, los detalles nunca son inocentes. Y menos cuando hablamos de alguien que ha vivido décadas bajo el foco y entiende perfectamente el peso simbólico de una imagen.

Al final, la gran paradoja es esta: mientras el debate público se centra en ausencias, explicaciones y tensiones familiares, el objeto más elocuente de la imagen es un anillo que habla en silencio. Uno que no entiende de funerales ni de celebraciones privadas, sino de pulsaciones por minuto y horas reales de descanso.