La trayectoria de Nani Roma está marcada por la superación constante. Campeón del Rally Dakar en motos y coches, el piloto catalán ha demostrado a lo largo de los años que los límites están para romperse. Tras un periodo especialmente duro, Nani Roma ha regresado al Dakar «con todas las fuerzas y con la intención de llevarse el trofeo Tuareg a casa». Su ausencia en competiciones recientes estuvo motivada por una enfermedad grave: en 2023 le diagnosticaron un cáncer de vejiga, del que hoy está recuperado. Apenas un año después, su hijo sufrió un accidente que le provocó la pérdida de movilidad en las piernas. Aun así, Roma no se detiene. Ni las motos, ni los coches, ni la enfermedad han conseguido frenarlo. Es una persona constante, luchadora y difícil de vencer.

La mansión del siglo XVI de Nani Roma en plena naturaleza
Lejos del desierto y del ruido mediático, Nani Roma ha encontrado su centro vital en una masía histórica del siglo XVI, situada cerca de Santa María de Merlés, rodeada de campos, bosques y vegetación. Nacido en Folgueroles (Osona), el piloto decidió adaptar su vida al campo. Nada más entrar en la masía, el visitante se encuentra con todos los trofeos de su carrera y con el chasis de la moto con la que se proclamó campeón en África hace 13 años. Para él y su familia, esta casa no es sólo una vivienda: es un lugar cargado de significado, casi un santuario personal.
«Este sitio es muy importante para mí. Me gusta estar aquí porque tengo un poco lo que es mi vida y la sensación de libertad. Vivimos tranquilos».
Roma encuentra un paralelismo claro entre su hogar y su vida profesional. El campo, como el desierto, representa espacio, normas y libertad al mismo tiempo.
«Asemeja a mi vida profesional, al hecho de correr en un desierto en el que tienes que seguir las reglas, pero eres libre y tienes espacio».

Esa necesidad de amplitud y contacto con la naturaleza es compartida con su esposa, Rosa.
«Tanto a mí como a Rosa nos hace falta espacio en la vida y aquí lo tenemos. No molestamos, vamos en moto, podemos ir vestidos como queramos… es un poco el reflejo de lo que nos gusta».
La relación de Nani Roma con la naturaleza es profunda y diaria. En este entorno ha encontrado la tranquilidad que necesita para equilibrar cuerpo y mente. Le apasionan los animales, el bosque y el trabajo manual.
«Cuando estoy aquí me gusta estar en el bosque, limpiarlo y cortar árboles. Aquí cerca tenemos encinas centenarias y me gusta mucho cuidarlas, arreglarlas y dejarlas bonitas».
No es raro verlo cortando el césped, trabajando en el jardín o subido al tractor. Para él, esa rutina forma parte de su bienestar.
Desde el punto de vista patrimonial, una masía del siglo XVI, bien conservada y rodeada de terreno, puede situarse en una horquilla de valor aproximada entre 800 000 y 2 000 000 de euros, dependiendo de su estado, superficie y ubicación. Sin embargo, para Roma su valor es incalculable.
«Lo importante es encontrar la vida que uno quiere. Hay gente que aquí se ahogaría porque te tienes que adaptar, pero para mí es ideal».
Así, la masía de Nani Roma se convierte en el reflejo perfecto de su carácter: libre, resistente y profundamente conectado con la tierra.
