Arantxa del Sol abre el álbum de su boda con Finito de Córdoba y revela el detalle que sigue enamorándola 25 años después
Arantxa del Sol y Finito de Córdoba celebran sus 25 años de casados
La presentadora ha abierto el álbum de su boda, celebrada el 20 de octubre de 2001
Su enlace reunió a cientos de invitados y destacó por el vestido de novia diseñado por Lorenzo Caprile

Arantxa del Sol y Finito de Córdoba celebran sus bodas de plata y la presentadora ha querido conmemorar sus 25 años de matrimonio con una emotiva declaración de amor que ha acompañado de varias fotografías de su boda. Un cuarto de siglo después de darse el sí, quiero, la pareja sigue compartiendo su vida junto a sus dos hijos, Lucía y Juan Rodrigo, y mantiene una complicidad que la asturiana ha resumido en una carta repleta de recuerdos, anécdotas y pequeños gestos cotidianos. «25 años juntos, en lo bueno y en lo malo. Hoy, nuestras bodas de plata. Me haces sentir la mujer más impresionante. Que nunca pase por tu lado sin que tenga una caricia. Y la vergüenza que todavía te da cuando te saco a bailar», ha escrito la presentadora, que ha aprovechado esta fecha tan especial para recordar algunos de los momentos más significativos de su relación con el torero.
La historia de amor de Arantxa del Sol y Juan Serrano, conocido popularmente como Finito de Córdoba, comenzó mucho antes de su boda. Ambos se conocieron en 1993 durante un partido de fútbol benéfico celebrado en el campo del Rayo Vallecano, en el que coincidieron artistas y toreros después de que una amiga en común les presentara. Sin embargo, aquel primer encuentro no tuvo continuidad y sus caminos no volvieron a cruzarse hasta seis años después, cuando coincidieron como invitados en una edición especial de Navidad del programa Furor, de Antena 3. Fue entonces, en 1999, cuando surgió la chispa que terminaría dando paso a un noviazgo de dos años y a una boda que convirtió Córdoba en el escenario de una de las grandes celebraciones sociales de aquel momento. La pedida de mano tuvo lugar en México y, aunque la presentadora soñaba con casarse en Covadonga, Asturias, donde lo habían hecho sus padres, finalmente la pareja eligió la ciudad natal del diestro para reunir a sus invitados.
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«Me hacía ilusión casarme en Covadonga, donde se casaron mis padres, pero entendí que pedir a gran parte de nuestros 700 invitados que se desplazaran hasta allí iba a resultar muy complicado, de modo que elegimos Córdoba, la ciudad natal de Juan, y todo resultó maravilloso», ha recordado Arantxa. La boda se celebró el 20 de octubre de 2001 en la iglesia de Santa Marina de Aguas Santas, situada en uno de los barrios con mayor tradición taurina de Córdoba y con un significado especial para Finito. La ceremonia religiosa fue oficiada por el sacerdote Miguel Castillejo y el templo se decoró con liliums blancos. Uno de los detalles más emotivos llegó a la entrada de la iglesia, cuando apareció el grupo de gaiteros La Tayuela de Mecer, que interpretó sus melodías asturianas para sorpresa de los asistentes. La idea había sido de la propia novia, que quiso mantener presente su tierra de origen en un día tan importante. «La idea de que estuvieran allí fue mía y todavía lo recuerdo como uno de los momentos más emocionantes de aquel día», ha confesado.
Finito llegó puntual, vestido de chaqué y algo nervioso, a su cita en el altar, fijada para las cinco de la tarde. Arantxa, sin embargo, tuvo que retrasar su llegada porque miles de cordobeses se habían congregado en las calles para acompañarla durante el trayecto. Desde horas antes, los alrededores del templo, las calles y los balcones, muchos de ellos engalanados con mantones, se habían llenado de personas deseosas de ver a los novios. La espera no pareció inquietar demasiado al torero, que pronunció una frase que todavía forma parte de los recuerdos de aquella jornada: «Esperaré el tiempo que haga falta». Finalmente, casi una hora más tarde de lo previsto, la presentadora llegó del brazo de su padre, Juan Luis Maciñeiras, en un Rolls-Royce. Y lo hizo en un momento casi cinematográfico, pues la lluvia que había caído de forma intermitente durante toda la mañana cesó justo entonces y el sol volvió a aparecer sobre Córdoba.

Para la ocasión, Arantxa del Sol confió en Lorenzo Caprile para diseñar su vestido de novia, un modelo que respondía a una idea que tenía muy clara desde el principio. «Quería casarme con un vestido de línea sirena realizado en raso blanco, nada de tonos crudos o marfil, de seda natural con godés, hombros descubiertos, manga larga y una cola de cuatro metros de largo cortada al bies recogida en un polisón. Así se lo expliqué a Lorenzo Caprile, que captó mi idea desde el primer momento», ha explicado. El diseño se completaba con un velo bordado con flores en organza, hilos de seda y cristales de Swarovski, además de unos pendientes de brillantes en forma de lágrima que le prestó Cristina Yanes y un pañuelo antiguo que había recibido como regalo de un amigo. Para el peinado, obra de Gloria Delgado, eligió un semirrecogido con ondas naturales, mientras que un ramo multicolor y unos zapatos de raso blanco bordados a juego con el velo, diseñados por Pura López, completaron su estilismo nupcial. Eso sí, la presentadora tenía claro que quería disfrutar de la fiesta hasta el final y, después de la cena, cambió los elegantes zapatos por unas deportivas bordadas especialmente para la ocasión con las que pudo bailar hasta la madrugada.
La celebración continuó después de la ceremonia con un gesto cargado de simbolismo para los recién casados. Para agradecer las muestras de cariño que habían recibido durante toda la jornada, Arantxa y Finito se trasladaron en un coche de caballos descubierto hasta la iglesia conventual de San Jacinto, donde ofrecieron el ramo de novia y un capote de paseo bordado a la Virgen de los Dolores, hermandad a la que pertenece el torero. El acto estuvo acompañado por los cantos del coro rociero de la Hermandad de la Paz y la Esperanza. Más tarde, los novios y sus invitados se desplazaron hasta el Palacio de Viana, una construcción monumental del siglo XIV, para celebrar el banquete. Entre los cerca de 600 asistentes se encontraban destacadas figuras del mundo del toro, como El Juli, Óscar Higares, El Califa, El Litri, Enrique Ponce, acompañado de Paloma Cuevas, Víctor Puerto y Morante de la Puebla. La pareja quiso que la fiesta reflejara también sus raíces, por lo que no faltaron la sidra escanciada ni los platos típicos de la gastronomía asturiana y cordobesa. Las mesas, decoradas en tonos blancos y beige con centros de rosas, hiedra y velas, dieron paso al vals de Strauss con el que los novios abrieron el baile y a una animada fiesta flamenca que se prolongó durante horas.
Veinticinco años después, los pequeños detalles siguen siendo los grandes protagonistas de la historia de amor de Arantxa del Sol y Finito de Córdoba. En su declaración, la presentadora ha compartido algunas de las costumbres más íntimas de su marido, desde su manera de mirarse al espejo cuando se afeita o se arregla el pelo hasta la felicidad con la que disfruta de un bocadillo de tortilla francesa. También ha recordado una fotografía de su boda en la que el torero le da un masaje en los pies, un gesto que continúa repitiendo cuando ella vuelve a casa después de un evento y se quita los tacones. «Amo esta foto y tu masajito en los pies. Todavía lo haces cuando volvemos de un evento y me quito los tacones. Son esas pequeñas cosas las que me siguen enamorando», ha escrito, demostrando que para ella el romanticismo no reside únicamente en las grandes declaraciones, sino también en esas muestras de cariño que forman parte de la vida cotidiana.
La presentadora también ha dedicado unas palabras a la relación de Finito con sus hijos y a su forma de afrontar los momentos previos a las corridas de toros. «Antes de torear, la habitación llena se me hace insoportable de los nervios. Tú recibes a todos con cariño, sin una mala palabra, y hasta bromeas. Conviertes la tensión en un rato distendido y divertido. Eso te hace feliz y a mí me enamora», ha confesado. Arantxa ha recordado, además, cómo su marido abre su capilla antes de torear, coloca las estampas siempre en el mismo orden y besa las fotografías de su familia. Unas escenas que forman parte de su intimidad y que la presentadora ha querido compartir para mostrar el lado más familiar del diestro, padre de Lucía Serrano, de 24 años, y Juan Rodrigo, de 18.
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En la parte final de su mensaje, Arantxa ha enumerado otros gestos que siguen emocionándola, como las sorpresas que le prepara su marido cuando le dice por teléfono que no va a llegar y termina apareciendo inesperadamente en casa, o la manera en que le coloca la almohada cuando se queda dormida viendo una película. También ha recuperado el apodo cariñoso con el que se llaman desde que comenzaron su vida familiar: «Que me sigas llamando «mami» desde aquel «Buenos días, papi» con el que te anuncié que Lucía venía en camino». La presentadora ha reconocido que incluso el sonido de la cucharilla de Finito al revolver el café le resulta especial porque le recuerda a su hogar. «Ese nudo en el estómago cuando uno de los dos se va de viaje. Ahora me pasa mucho más que antes. Hasta tu cucharilla al revolver el café suena diferente. Me suena a casa, a hogar», ha escrito antes de cerrar su declaración con una última promesa de amor: «25 años después, volvería a decirte: Sí quiero. Felices bodas de plata, papi. Te quiero».