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Hay frases que se repiten en muchas casas casi sin pensar como «te lo dije» y que la crianza respetuosa no recomienda. Otras son más sutiles, pero pueden ser hasta más dañinas: «eres igualito que tu padre/madre» es un ejemplo claro.
Puede parecerte un comentario sin importancia, pero va calando en los niños. La crianza respetuosa la desaconseja por el impacto emocional que tiene en los más pequeños (y también en los adultos).
El problema es que cuando, en un momento de enfado, le dices esta frase a un hijo o a un nieto no suele ser para destacar algo positivo. Más bien va acompañado de una crítica.
Por qué la crianza respetuosa no recomienda que digas «eres igualito que tu padre/madre» para regañar
Cuando se le dice a un niño que es «igualito» a uno de sus padres, normalmente no se hace para destacar algo positivo. Lo habitual es que vaya acompañado de una crítica. El mensaje que recibe el menor es que tiene los mismos defectos.
Con esta comparación se machaca su individualidad. En lugar de corregir una conducta concreta, se etiqueta al niño como una copia de un adulto. Y eso no le ayuda a entender qué ha hecho mal ni cómo puede mejorar.
No es lo mismo decir «has hablado mal» que «eres igual que tu padre cuando se enfada». En el primer caso se corrige un comportamiento. En el segundo, se cuestiona la identidad del niño, lo que puede afectar a su autoestima.
Frases alternativas que recomienda la crianza respetuosa para que eduques a tus hijos
Por suerte, desde la crianza respetuosa también se dan frases útiles para resolver problemas concretos con tu hijo. No se trata de quedarse callado ni de dejar pasar los comportamientos que no nos gustan. La clave está en cómo se dicen las cosas.
En lugar de comparar, es mejor centrarse en lo ocurrido. Por ejemplo:
- «Así no se habla».
- «Eso no está bien».
- «Vamos a intentarlo de otra forma».
De este modo, el niño entiende qué ha hecho mal sin sentirse atacado. Se corrige la conducta sin poner etiquetas ni recurrir a comparaciones que no aportan nada positivo.
Además, se refuerza una idea importante: cada niño es único. Tiene su propia personalidad, su forma de sentir y de reaccionar. Recordárselo también forma parte de educar.
Las palabras pesan, y mucho. Cuando una frase se repite durante años, acaba dejando huella. Por eso conviene cuidar el lenguaje que usamos en casa, sobre todo en los momentos de tensión.
Si regañas a tu hijo de esta manera puedes tener problemas entre adultos
También debes tener en cuenta que esta frase no sólo afecta a los hijos y puede generar malestar en la pareja. La situación se puede agravar si ya estáis separados. Cuando uno de los padres escucha que su hijo es igual que él o ella, suele interpretarlo como una crítica directa.
El resultado es más tensión en casa, reproches y discusiones innecesarias. En lugar de ayudar a educar mejor, se crea un ambiente más cargado y menos colaborativo.
Es decir, estás generándote problemas por dos lados al mismo tiempo. Por una parte, el niño se siente comparado y desvalorizado. Por otra parte, el adulto se siente señalado por errores que se le atribuyen.
