Lo que dices no lo es todo a la hora de hablar en público. También es central cómo lo dices. Puedes tener una buena idea o un argumento sólido, y aun así transmitir inseguridad sin darte cuenta. A veces basta con acelerar un poco el ritmo, bajar la mirada o intentar combatir el silencio con palabras de relleno.
Fernando Miralles, experto en oratoria y comunicación, lleva años analizando estos detalles. Según explica, la autoridad muchas veces se pierde por errores pequeños que repetimos en reuniones, presentaciones o conversaciones cotidianas. En este texto vas a ver cómo habla una persona que transmite seguridad y qué comportamientos conviene evitar si no quieres restar fuerza a tu mensaje.
Cómo habla alguien que transmite autoridad
Una persona con autoridad no tiene prisa. Habla con calma, deja espacio entre frases y no siente la necesidad de correr para acabar cuanto antes. Ese ritmo más lento no es casual. Da tiempo al oyente a procesar lo que escucha y refuerza la sensación de control.
La voz también juega un papel importante. Debes terminar las frases con firmeza, sin dejarlas en el aire. Cuando el final baja, el mensaje se cierra, mientras que cuando sube, parece una duda. Esa diferencia, aunque sutil, cambia por completo cómo te perciben.
La respiración acompaña todo esto. Quien respira bien puede pausar sin incomodidad, mantener el tono estable y evitar la sensación de ahogo. Las pausas son una herramienta que sirve para pensar, enfatizar y marcar presencia.
Además, una postura abierta, los pies firmes y los gestos medidos refuerzan lo que dices. No hace falta moverse mucho. De hecho, el exceso suele jugar en contra. Cuando el cuerpo está tranquilo, el mensaje se comunica mejor.
Errores en la oratoria que te quitan seguridad
Aunque tengas el contenido claro, hay hábitos que pueden debilitar tu discurso sin que lo notes. Conviene identificarlos para empezar a corregirlos.
- Hablar demasiado rápido puede acrecentar cualquier nerviosismo que ya traigas.
- Justificarte o pedir disculpas sin necesidad, antes o durante lo que dices.
- Terminar las frases en tono ascendente, como si siempre estuvieras preguntando.
- Evitar el contacto visual, mirando al suelo, al techo o a cualquier parte menos al interlocutor.
- Moverte sin sentido, balancearte, juguetear con las manos o cambiar de postura constantemente.
- Respirar mal, hablando sin pausa hasta quedarte sin aire.
- Abusar de muletillas, rellenando silencios con palabras que no aportan nada.
Todos estos comportamientos transmiten duda en tu mensaje. No importa que seas un experto en el tema que estás tratando o cuánta preparación hayas tenido. Si tu forma de comunicar contradice el contenido, el mensaje pierde fuerza.
La buena noticia es que ninguno de estos errores es permanente. Se corrigen con atención y práctica. Te puede servir grabar tu voz, observarte al hablar o entrenar pausas conscientes antes de una presentación o reunión importante.
Comunicar con autoridad consiste en estar cómodo con lo que dices y permitirte decirlo con calma. Cuando bajas el ritmo, respiras mejor y eliminas las muletillas innecesarias, la seguridad aparece sola.
