Ni geles ni bebidas isotónicas: el “zumo verde” que revolucionó el Mundial de Tokio y que ahora todos quieren probar

zumo verde

Quienes siguieron hace algunos meses el Mundial de atletismo de Tokio 2025 seguro que en algún momento vieron un pequeño frasco de zumo verde que llevaban en las mochilas de algunos atletas. Sin embargo, no era un gel energético ni una bebida isotónica. Era algo mucho más simple: un zumo concentrado de brotes de brócoli.

Han pasado como decimos, varios meses desde aquellas carreras, pero el interés por ese zumo verde no se ha apagado. De hecho, enero de 2026 ha arrancado con el mismo runrún sobre lo que tiene esta bebida y como es que campeones, medallistas y especialistas en esfuerzos prolongados lo han incorporado a su rutina ¿Es realmente tan eficaz como cuentan o se trata de una moda más dentro del deporte de resistencia?.

Lo cierto es que la historia no nació en la pista, sino en los laboratorios del Instituto Karolinska, en Suecia. Allí, un equipo de investigadores llevaba ocho años estudiando cómo aprovechar los compuestos más concentrados del brócoli para mejorar la respuesta muscular. El resultado terminó viajando a Tokio en forma de un pequeño vial del que dependió buena parte de la preparación de algunos de los nombres propios del campeonato.

El zumo verde que arrasó entre los fondistas

El italiano Iliass Aouani, bronce en la maratón, fue uno de los primeros en admitirlo. También lo utilizó el sueco Andreas Almgren, que subió al podio en los 10.000 metros, y el estadounidense Cole Hocker, campeón olímpico de 1.500 metros y uno de los talentos más prometedores del fondo mundial. No era una simple coincidencia. Todos ellos llevaban meses probándolo y habían llegado a las mismas conclusiones.

Los testimonios coincidían: menos lactato, piernas más ligeras y recuperaciones más rápidas entre sesiones. Para profesionales que encadenan series, rodajes suaves y tiradas largas en cuestión de 48 horas, ese cambio era mucho más que un detalle. Podía alterar el ritmo de toda la planificación y, en consecuencia, su rendimiento en la competición.

Por qué un simple trago puede marcar la diferencia

El cómo este zumo verde les ha funcionado es fácil de entender, ya que muchos de estos atletas tomaban un sólo trago unas tres horas antes del entrenamiento clave. En días especialmente duros, como las tiradas largas del domingo, añadían una segunda dosis antes de acostarse, buscando apoyar al cuerpo en las horas de descanso. En la práctica, explicaban, la sensación era clara aguantaban mejor los ritmos altos y no llegaban “vacíos” a la sesión siguiente.

Pero el secreto no está en el brócoli como tal, sino en los isotiocianatos, unas moléculas que se concentran de manera extraordinaria en los brotes, hasta cien veces más que en la verdura adulta. Estos compuestos activan una vía molecular conocida como Nrf2, que funciona como un interruptor general capaz de poner en marcha más de 250 genes relacionados con la energía, la protección celular y la recuperación.

Dicho de otra manera: el zumo no aporta energía directa, como haría un gel, sino que optimiza la maquinaria interna del músculo para trabajar mejor, acumular menos lactato y recuperarse antes. En estudios preliminares se han observado reducciones del 12% en la acumulación de lactato y mejoras relevantes en los marcadores oxidativos. No es poca cosa para esfuerzos prolongados.

Cómo se toma: el protocolo que se ha extendido después de Tokio

La empresa sueca responsable del producto, Nomio, trabajó con el propio grupo de investigación y con varios atletas de élite para diseñar pautas sencillas y realistas. El esquema es casi siempre el mismo:

La fórmula sorprende por su sencillez: 80% extracto de brotes de brócoli, 15% limón, 5% azúcar. Nada más. No hay estimulantes, aditivos ni ingredientes exóticos. De ahí que muchos lo definan como una especie de “atleta limpio pero optimizado”.

Lo interesante es que la fiebre por este zumo verde no se quedó en septiembre de 2025. Desde entonces se ha extendido por grupos de entrenamiento, clubes de resistencia y centros de alto rendimiento. Cada mes aparecen nuevos deportistas que lo incorporan para probar si notan los mismos efectos que la élite.

Sin embargo, los propios investigadores insisten en mantener los pies en el suelo. Los estudios preliminares son prometedores, pero todavía faltan ensayos a gran escala que determinen hasta dónde llegan estos beneficios y en qué perfiles de deportistas funcionan mejor. Tampoco está claro si los efectos serán iguales en atletas aficionados o si la respuesta dependerá mucho del volumen de entrenamiento.

Aun así, el interés es evidente. Después del auge del zumo de remolacha y de la cereza ácida, la tendencia apunta hacia soluciones más naturales y centradas en la recuperación celular, más que en los picos de energía.

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