Todo revolucionario tiene algo de espiritual. Pablo Picasso (Málaga, 1881-Mougins, Francia, 1973) está en la Catedral de Burgos con su exposición Picasso. Raíces Bíblicas, una muestra única por el tema, insólita por el espacio catedralicio donde luce y casi extravagante por la escasa cercanía del pintor a los ritos cristianos. Paloma Alarcó, jefa del Área de Conservación de Pintura Moderna del Museo Thyssen de Madrid y comisaria de la exposición, desafía con este proyecto al espectador, proponiendo «un tema poco estudiado» y una visión nueva de cómo se relacionó Picasso con la cultura religiosa de su niñez y primerísima juventud, y cómo la reinterpreta y reconstruye dentro de sus obras.

«Tenemos a Picasso como el gran experimentador del s. XX y el inventor del cubismo. Pero no debemos olvidar que fue un artista de vanguardia que siempre miró atrás, a la tradición. Nunca dejó de mirar a su pasado, ni a las raíces españolas ni a su formación católica de la infancia, aspectos que le marcaron para siempre. Fue, además, un gran admirador del barroco español, donde los artistas estaban dedicados, sobre todo, a los asuntos religiosos. Y esas imágenes volvían recurrentemente a su mente y, por ello, siempre tiene una visión de lo sagrado», explica Alarcó.

Dejando atrás España, Picasso desarrolla los 70 años de su carrera artística en Francia y está muy lejos del fervor religioso de sus contemporáneos españoles. Milita con ideas de izquierdas, se afilia al Partido Comunista de España (PCE) justo después del encargo del Guernica por parte de la Segunda República, que le pagó 150.000 francos de la época, de acuerdo con una carta de Max Aub al embajador, Luis Araquistáin, con fecha de 1937, y no participa en rito religioso alguno.

«Es indiscutible que la Biblia se filtra en sus obras»

Pablo Picasso. Naturaleza muerta con cráneo y tres erizos. París, 6 de enero de 1947. Museo Picasso Málaga. Donación Christine Ruiz-Picasso. © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2026

Y es que, relata Alarcó, Picasso se «rebeló muy pronto contra la religión, como se rebelaría contra casi todo; pero su formación y su cultura fueron católicas». Detalla también que el pintor crece en Málaga en «un entorno familiar religioso, asiste a misa y a las procesiones de Semana Santa con su madre y es educado en un colegio católico». Por tanto, añade la comisaria en conversación con OKDIARIO, «es indiscutible que la Biblia se filtra en sus obras a través del poso de la educación católica de su infancia en España y de la influencia de la espiritualidad contrarreformista del Barroco español, que marcarían de por vida el imaginario visual del artista».

«Ahora bien», advierte Alarcó, «cuando nos enfrentamos a la obra de Picasso nada es lo que parece. Podemos deducir que usa fuentes bíblicas, es algo evidente, o que se apropia de algunos aspectos de la iconografía cristiana, pero no podemos pensar que se trata de un pintor religioso. Y de eso habla esta exposición, de la recuperación de las figuras bíblicas, transformándolas en sus propias narrativas, con la voluntad de trascender a la propia imagen».

«Usa iconografía cristiana, pero no podemos decir que es un pintor religioso»

Pablo Picasso. Crucifixión. 17 de septiembre de1932 Tinta y grattages sobre papel. Musée national Picasso París. Dación Pablo Picasso, 1979. © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2026

Son obras pintadas en Francia en diferentes momentos de la vida del pintor. En el recorrido vemos crucifixiones, maternidades, gólgotas, naturalezas muertas con inspiración barroca o algunas obras preparatorias del Guernica, donde se representa a una madre con niño muerto, que recuerdan al tema iconográfico de la Piedad, una escena de dolor y devoción que representa a la Virgen con el cuerpo yacente de Jesús.

Una de las obras más antiguas, con fecha de 1897, es un Cristo Crucificado hecho al óleo y carboncillo sobre papel. Aunque el símbolo de la muestra, en esta ocasión, es una Maternidad, una obra de 1521 donde Picasso retrata a su hijo Paul en brazos de su madre, Olga Khokhlova. Según Alarcó, esta tierna escena fue pintada en un «momento de gran felicidad» del pintor «porque acaba de ser padre de su primer hijo». Defiende, además, que «Picasso siempre fue un gran defensor de la familia, parece raro decirlo con esa vida tan poco ortodoxa, pero él siempre fue una persona muy familiar, y en ese tiempo estaba feliz con Olga, su esposa, y con su hijo».

Para esta Maternidad, detalla la curadora, toma como referencia las escenas de maternidad en el mundo occidental, que se relacionan con la iconografía de la Virgen, y se inspira también en las escenas de esta naturaleza que había visto en el Museo del Prado primero y en el Louvre después. Son referencias a las Sagradas Familias de Murillo o Alonso Cano, «pero trasladadas a su espacio más doméstico», representando una escena de una madre con su niño, y con un estilo que estrena en ese momento. «Sin abandonar el cubismo, recupera el clasicismo y nos ofrece una obra universal sobre la maternidad. Picasso siempre consigue que algo privado o cercano se convierta en algo universal», añade.

Además de esta maternidad, también encontramos naturalezas muertas, sobre todo de los años centrales del siglo pasado, en las cuales recurre a la tradicional vanitas del Eclesiastés, un subgénero del bodegón que se usa en el barroco para meditar sobre la transitoriedad de la vida. En este sentido, apunta Alarcó, «el pintor también se tomó muchas libertades al apropiarse de los hechos bíblicos de la Crucifixión y la Pasión como recurso para simbolizar su condena manifiesta a la violencia de la guerra».

«La Pasión de Cristo como símbolo de la violencia de la guerra»

Por esta razón, hay un espacio en la exposición bajo el título Gólgota, el sitio donde, según los Evangelios, fue crucificado Jesucristo, donde podemos ver varias crucifixiones y diversas reinterpretaciones profanas de escenas de la Pasión. «Unas pinturas de las que Picasso se vale para hablarnos de dolor y denunciar el sinsentido de la guerra, sobre todo en las obras del entorno del Guernica», comenta.

A través del simbolismo bíblico, «Picasso fue capaz de expresar con toda la riqueza de matices los diversos sentimientos humanos». De modo que, tras contemplar sus obras con una mirada atenta, añade Alarcó, «los espectadores quizá comprueben que la universalidad atemporal de Picasso nos permite reflexionar sobre el mundo en el agitado tiempo presente. A fin de cuentas, ¿no son las artes visuales uno de los vehículos esenciales para formalizar nuestras actitudes y nuestras creencias?».

Con Picasso. Raíces Bíblicas, un tema infrecuente en el malagueño, se confirma de nuevo que «el misterio alrededor del pintor no se acaba nunca, siempre hay sorpresas inesperadas cuando abordamos el estudio de cualquier aspecto de su obra», asegura Alarcó casi a modo de conclusión.

La cancelación actual de Picasso

Pablo Picasso Madre con niño muerto (II). Postscripto de “Guernica” París, 26 de septiembre de 1937 Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2026

Picasso suele provocar agitación, curiosidad, apego, y también ira y desprecio. Es un creador admirado y odiado, aunque no siempre a la vez. Tuvo relaciones sentimentales con diferentes mujeres a lo largo de su vida, era sencillo seguir todas sus etapas a través de sus amoríos. Su obra pasaba de la ternura a lo punzante, de lo gozoso a lo doloroso en poco tiempo. El artista encadenó unas mujeres con otras, incluso las solapó. Un ejemplo fue cuando convivió con Marie Therese Walter, la hija de ambos, Maya, Dora Maar, su perro y su secretario en la localidad de Royan durante la II Guerra Mundial.

Murió en abril de 1973, con 91 años, pero su ausencia no ha eliminado la controversia alrededor de sus acciones vitales y artísticas, causando polémicas incluso en pleno s. XXI. Recientemente, la cantante Rosalía pidió disculpas en público a través de sus redes sociales porque en un podcast había afirmado que le gustaba «mucho» Picasso, afirmando que «nunca» le había molestado diferenciar al artista de la obra: «A lo mejor no me hubiera caído tan bien por las cosas que me han explicado, pero quién sabe, a lo mejor sí. No lo sé y no me importa, disfruto su obra», decía la autora de La Perla. 

Una afirmación por la que pidió disculpas. Su abrazo a la obra de Picasso levantó miles de críticas en redes sociales, siendo sus palabras objeto de crítica y cuestionamiento. «No estoy en paz con lo que dije de Picasso. Yo personalmente pensaba que era un hombre muy tremendo, lo típico que se ha dicho, sabes que has oído hablar de ello, pero no tenía conciencia de que había casos reales de maltrato. Quiero pedir disculpas si hubo falta de sensibilidad por mi parte. Voy a intentar aprender más y a lo mejor no hablar de temas cuando uno no tiene suficiente conocimiento», decía Rosalía intentando calmar las aguas, con la gira de Lux a la vuelta de la esquina.

Sobre esta cancelación y juicio público de Picasso, Alarcó cree que el artista «sintió una mezcla de amor y temor por las numerosas mujeres que pasaron por su vida, que fueron muchas». «Sin duda era bastante misógino, como lo eran la mayoría de los hombres de su generación. Ahora bien, ¿fue un maltratador? Yo no estoy tan segura. Las acusaciones están basadas en testimonios no probados», termina la curadora e historiadora del arte.

Picasso siempre está de actualidad.

Hasta el 29 de junio, la exposición Picasso. Raíces Bíblicas estará en la Catedral de Burgos.

@MaríaVillardón