La astenia primaveral es una revolución para nuestro cuerpo. Determina esa inestabilidad y desajuste que experimentamos cada vez que la primavera asoma en el calendario. Y la manera en que afecta a nuestra salud se manifiesta en un aumento del cansancio, el agotamiento y la sensación de debilidad. Aquí es donde entra la suplementación como ese refuerzo extra que damos al organismo para su correcto bienestar pero, ¿sirve la misma suplementación durante todo el año? ¿Tenemos que incidir en algunas fórmulas determinadas? Para resolver todas las dudas hemos hablado con la farmacéutica y fundadora de la marca de nutricosmética MLAB, Marta Ortega.
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¿Por qué la suplementación es buena en primavera?
La duda sobre la suplementación siempre llega a la hora de determinar si realmente es necesario incluir este refuerzo en el organismo. «En un contexto ideal en el que nuestra dieta sea la adecuada, y nuestro estilo de vida también, no debería ser necesario, pero la realidad dista mucho de lo que deberíamos hacer», puntualiza Ortega.

Además, «con la suplementación organizada en periodos podemos mejorar aspectos concretos de nuestra salud siempre y cuando esté supervisada y aconsejada por un profesional de la salud». Sin caer en modas o en consumo sin precedentes: la farmacéutica subraya que la suplementación es efectiva siempre y cuando esté supervisada y sirva a responder a un fin. En esta época, los efectos que busca contrarrestar la suplementación en la mayoría de la población van enfocados a la fatiga y disminución de rendimiento, al déficit de vitamina D, a mejorar la anemia, o la inmunidad y a mejorar la funcionalidad cognitiva.
En primavera la farmaceútica destaca que la suplementación podría estar recomendada de manera general, con vitamina D, «debido a la baja exposición al sol que ha habido durante el invierno». O, en caso de astenia primaveral, «con vitaminas del grupo B, gingseng o adaptógenos». Habría que tener en cuenta el factor «operación bikini», en cuyo caso «sería recomendable tomar un multivitamínico; o, si iniciamos un programa de entrenamiento exigente o estamos frente a una situación de esfuerzo físico, volveríamos a recomendar las vitaminas del grupo B».

Aunque el refranero español no recomienda «quitarse el sayo» hasta el 40 de mayo, los primeros rayos de sol ya comienzan a asomar en esta época del año. En el caso de que vayamos a exponernos al sol, Marta Ortega también recomienda incluir antioxidantes, «pues neutralizan radicales libres y nos ayudan a mejorar la luminosidad de la piel y a protegernos de los efectos nocivos del sol». Aunque, ojo, «no actúan en ningún caso como fotoprotector, y por tanto no lo sustituyen». Además, destaca, «también son capaces de mejorar la regeneración celular y bajar la inflamación, que debemos recordar que está asociada al envejecimiento».

Además existe un creciente interés por los nutracéuticos – productos de origen natural con propiedades biológicas que aportan beneficios a la salud – que contiene compuestos bioactivos beneficiosos para la salud». Como ejemplos más conocidos están el omega 3, los probióticos, la cúrcuma, la levadura de arroz rojo, el ginseng o la rhodiola «indicados en salud cerebral e inflamación crónica, equilibrio intestinal, dolor articular, control del colesterol sanguíneo, energía y fatiga mental respectivamente».
Refuerzo de la alimentación y el cansancio
Primera clave: la suplementación es necesaria frente a la astenia primaveral siempre y cuando no podamos proporcionar al cuerpo todo el combustible que necesita para su correcto funcionamiento a través de la alimentación. «Hoy en día nadie está seguro de estar ingiriendo los micronutrientes necesarios para que su organismo funcione adecuadamente«.

Porque la fórmula hacia el autocuidado comienza en la alimentación y en la calidad de lo que ingerimos. Marta Ortega defiende que, en este matiz reside la primera base para proporcionar al cuerpo un nivel óptimo de nutrientes.
¿Cómo debe sustentarse una correcta alimentación? Imaginando una pirámide de prioridades, en la parte más baja estaría la procedencia de los alimentos. Es decir, que una buena alimentación depende de la calidad de la materia que pongamos en el plato, algo a día de hoy complicado según Ortega, «debido a la pobreza de los alimentos en vitaminas, minerales y antioxidantes, causada por la mayor pobreza de los suelos, los cultivos intensivos, las recolecciones tempranas, a los estímulos aplicados para crecimiento rápido, a las maduraciones artificiales, a los mayores tiempos de conservación en cámaras…»
Para hacernos una idea, «la vitamina C por ejemplo sólo se sintetiza en maduraciones naturales en la propia planta». Ocurre lo mismo con las vitaminas del grupo B y la C, «de nuevo, son muy sensibles al almacenamiento ya que en ese tiempo se destruye gran parte haciendo que el alimento llegue más pobre a nuestra mesa».

«A esto le añadimos que una parte de la comida que ingerimos es ultra procesada en mayor o menor medida – recordemos que casi cualquier alimento que venga en plástico ya lo es -, y que este tipo de comida no tiene la riqueza nutricional que debiera», subraya. Y que en primavera llega la conocida “operación bikini” que hace que la inanición prime frente a la correcta alimentación.

Más allá de la alimentación, patologías del día a día como el estrés actúan perjudican gravemente tu salud y bienestar. Y, como apunta Ortega, hoy en día «sufrimos el estrés más sostenido en el tiempo, lo que nos causa inflamación crónica, y acidifica nuestro organismo. O las dietas que tanto se escuchan en esta época
