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Marta Ortega: «Dormir de lado o boca abajo perjudica la piel y altera la estructura ósea»

Dormir de lado
(Foto: Adobe Stock)
Lucía Lera
  • Lucía Lera
  • Periodista especializada en viajes, belleza y estilo de vida. Al salir de la universidad de Periodismo decidí hacer de mi vocación algo más que mi pasión: mi profesión. Desde entonces he podido compartir mis historias en varias cabeceras. Reafirmando a cada artículo que elegí el camino correcto.
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En el organismo, el tik tak del paso del tiempo deja atrás el eco sonoro para convertirse en marcas, manchas y signos que evidencian el devenir de los años. Si lo tratamos de forma natural, lo cierto es que este avance no tiene freno (y eso es un hecho), pero sí hay pequeños malos hábitos de nuestro día a día (como dormir de lado) que pueden ayudar a pisar el acelerador. Malas costumbres, movimientos involuntarios… Lo cierto es que podemos ponerle solución a tiempo. Marta Ortega, farmacéutica, nos enseña a identificar estos hábitos para evitarlos y ralentizar el envejecimiento.

Hábitos cotidianos que envejecen

Qué nos hace envejecer o cómo actuamos inconscientemente el avance del tiempo son preguntas que nos hacemos a diario y cuya duda persiste por el hecho de que no nos resulta sencillo identificar su origen. Es por eso que Marta Ortega, farmacéutica y fundadora de la marca de nutricosmética MLAB, habla de hábitos involuntarios cuando se refiere a esas costumbres que realizamos en el día a día sin detenernos a pensar en las consecuencias que suponen para nuestra piel. Concretamente, la farmacéutica identifica cinco hábitos muy comunes que influyen directamente en cómo envejecemos.

Dormir siempre del mismo lado

Una vez que pillas «esa» postura, es complicado recabar y tener que cambiar el hábito. Principalmente porque hay para quienes dormir de lado o boca abajo es, en cierta manera, un ritual tan importante como ponerse el pijama o hacer la rutina nocturna para conciliar el sueño. Pero quizá no sea tan idóneo como imaginamos. Marta Ortega explica que con estas posturas, estamos perjudicando a la piel inconscientemente, Primero, porque «la estructura ósea puede alterarse y perder soporte interno». 

Dormir
Dormir boca abajo perjudica la piel. (Foto: Pinterest)

Además, también subraya que la fricción y la presión constante sobre la piel disminuyen la síntesis de colágeno y elastina, proteínas esenciales para la firmeza y elasticidad, y reducen la oxigenación cutánea. La forma en que esto se evidencia es con la aparición de arrugas en el contorno de los ojos y la mejilla. Incluso, en el peor de los casos, Ortega subraya que esta manía podría derivar en una leve asimetría facial.

envejecimiento dormir boca arriba
(Foto: Pexels)

El escenario ideal sería dormir boca arriba así que, si lo haces, enhorabuena: estás velando por una piel tersa y luminosa durante el sueño. Sino, céntrate en la idea de intentar no coger un hábito que repitamos continuamente cada noche, ·adaptarnos a dormir en diferentes posturas, alternando boca arriba, con cada uno de los lados a lo largo de la noche. «También puede ayudar utilizar fundas de almohada de seda que reducen la fricción y almohadas ergonómicas», añade.

Respirar por la boca en lugar de por la nariz

Aunque suene a consejo de abuela (y esta vez con razón), lo ideal es respirar siempre con la boca cerrada. Tu nariz está ahí por algo y respirar por la boca no solo contribuye al envejecimiento facial, «sino que también puede afectar al sueño, a la oxigenación cerebral, aumentar el estrés o ansiedad e incluso inflamarnos», subraya Marta Ortega.

envejecimiento dormir boca arriba
(Foto: Pexels)

«El primer síntoma que podamos acusar es tener la boca seca, y como consecuencia peor salud oral». Además, Ortega subraya que si respiramos por la boca de forma continua también puedes observar el rostro con aspecto cansado, y ojeras acentuadas, la piel apagada como consecuencia de la deficiente oxigenación e incluso, con el tiempo puede aparecer más flacidez en la zona mandibular y papada.

 La solución pasa por reeducar la respiración, que es algo que suena complicado, pero no imposible: «Se trata de realizar ejercicios de respiración nasal varias veces al día en periodos cortos de unos 5 min, situando para ello la lengua en el paladar. Además es recomendable mantener la nariz despejada para lo que te recomendamos lavados y ambiente húmedo». Todo suma y, en este sentido, será importante ser conscientes de que no hacemos esto durante el día y así, poco a poco, podrás ir desterrando este mal hábito. 

Apretar la mandíbula o sufrir bruxismo

Como hemos visto, las malas costumbres inconscientes pueden convertirse en hábitos que perjudican gravemente a nuestro envejecimiento. Continuando con la zona mandibular, otro hábito que debemos evitar es el bruxismo. Esto provoca un aumento del músculo masetero, endureciendo y ensanchando el rostro. !Además de generar dolor y tensión, puede producir flacidez en la zona inferior de la cara y favorecer la aparición de papada!, advierte Ortega.

cara sonrisa
(Foto: Pexels)

«Con el tiempo el desgaste de los dientes se hace patente y la sonrisa queda menos estética.  Y finalmente se produce un ensanchamiento del rostro en la parte inferior», así como un acortamiento del músculo masetero, «lo que influye en la estructura de nuestro rostro, acusando entonces una mayor flacidez del tercio inferior».

Como principal causa encontramos el estrés. Y la solución es, por tanto, «bajar la activación nerviosa». Para ello es útil realizar periodos de respiración diafragmática a lo largo del día. Otra recomendación que nos puede ayudar, es reeducar la postura de la mandíbula: «Mantener la boca cerrada con la lengua apoyada en el paladar pero con las mandíbulas separadas un poquito, esto evita que apretemos todo el tiempo». Si ninguna de estas da resultado, lo ideal sería acudir a un fisio que nos relaje de forma externa el músculo con masajes.

Exponerse a temperaturas extremas

Una buena barrera cutánea es en gran parte responsable de un buen envejecimiento de la piel y esta puede sufrir daños si la exponemos a cambios bruscos de temperatura. En estos casos, la piel actúa de forma rápida con la aparición de rojeces, capilares sanguíneos más dilatados en las mejillas, nariz y aletas nasales, tirantez, picor, descamación, baja tolerancia a activos, etc.

Después, «aparecen líneas finas más marcadas tras frío, viento o calor que mejoran temporalmente con hidratación intensa». Dependiendo de tu piel, también esta puede lucir un tono más apagado o una textura más irregular, ya que los cambios de temperatura bruscos afectan a la renovación celular y, por tanto, pueden propiciar el aumento de manchas

inmersión en frío trucos
(Foto: Pinterest)

Para ello en el caso de exposición al frío «debemos incluir en nuestra rutina lípidos, para que nos protejan, del tipo ceramidas, ácidos grasos, rosa mosqueta, aceite de argán, bisabolol». Por el contrario, en caso de exponerse a calor hazte con agentes hidratantes «como glicerina, pantenol o ácido hialurónico». Además en esos momentos Marta Ortega subraya que es recomendable bajar la frecuencia de aplicación de activos como retinoides, exfoliantes, etc.

Exceso de luz artificial

¿Cuántas veces habremos escuchado que las pantallas envejecen? Pues no hay nada de falso en ello. Como explica Marta Ortega, «la exposición prolongada a la luz artificial también contribuye al envejecimiento prematuro».  «Aquí lo primero que notamos son cambios en la textura, uniformidad y tono de la piel», apunta Ortega.

También podemos observar manchas que aparecen «sin explicación» o un tono apagado sin luminosidad, «por el estrés oxidativo que causan los radicales libres de esta luz azul». Incluso la textura de la piel puede ser una alerta, cuando observamos líneas finas prematuras, poro visible o textura menos uniforme.

Para evitarla existen fotoprotectores activos frente a la luz azul y mecanismos en los dispositivos tecnológicos para disminuir esa radiación y por tanto el daño. En cuanto a la rutina, «es muy interesante incluir agentes antioxidantes que neutralicen los radicales libres que se generan«, así como antioxidantes como vitamina C, E, ácido ferúlico, etc.