Enero siempre llega con una mezcla de propósitos, cansancio y una sensación compartida: el cuerpo no termina de arrancar. Las comidas largas, los horarios caóticos, el alcohol, los dulces y el descanso irregular dejan huella más allá de la báscula. Pero, ¿y si el problema no fueran los excesos en sí, sino la pérdida de ritmo? Para entender qué le pasa realmente a nuestro organismo tras la Navidad y cómo recuperar el equilibrio sin caer en restricciones extremas, hablamos con Elisa Blázquez, especialista en nutrición integrativa, que lo deja claro desde el principio: «Después de las fiestas no suelo ver sólo excesos puntuales, sino una desorganización completa del sistema».
«Después de las fiestas no suelo ver sólo excesos puntuales, sino una desorganización completa del sistema»
- Elisa Blázquez, nutricionista: «Las dietas extremas no adelgazan, aumentan el estrés metabólico»
- La torrija saludable de Elisa Blázquez, nutricionista: «Sabe a gloria y no lleva azúcar ni fritura»
- El efecto rebote según la nutricionista Elisa Blázquez: «Hay que huir de las dietas restrictivas»
Porque, según explica, el cuerpo no se estropea por unos días distintos, pero sí acusa la falta de regularidad. «Cambian los horarios, comemos más tarde, dormimos peor y consumimos más azúcar y alcohol. Todo esto altera mecanismos muy básicos: la digestión, la regulación de la glucosa, el equilibrio hormonal y el sistema nervioso», señala. El resultado es una sensación generalizada de inflamación, cansancio y falta de energía que muchas personas interpretan como un fallo propio, cuando en realidad es una respuesta fisiológica normal.
Cómo recuperarnos tras los excesos navideños
A corto plazo, los síntomas son claros y muy comunes. «Hinchazón abdominal, digestiones pesadas, estreñimiento o diarrea, bajadas de energía y cambios en el estado de ánimo», enumera Blázquez. Si estos desajustes se prolongan, el impacto va más allá del malestar puntual: «Afectan al metabolismo, al equilibrio hormonal y a la relación con la comida». No se trata de enfermedad, insiste, sino de un organismo intentando adaptarse a demasiados cambios a la vez.
Por eso, la solución no pasa por castigar al cuerpo ni por entrar en modo borrón y cuenta nueva. «Después de las fiestas no es necesario desintoxicarse, sino dejar de sobrecargar», afirma. El cuerpo ya tiene sistemas propios de depuración; lo que necesita es que dejemos de interferir.
«Después de las fiestas no es necesario desintoxicarse, sino dejar de sobrecargar»

Volver a lo sencillo: menos ruido, más coherencia
El enfoque de Elisa Blázquez se aleja de las dietas extremas y apuesta por la vuelta a lo básico. «Volver a comidas sencillas, con alimentos poco procesados, respetar horarios y priorizar el descanso reduce de forma natural la inflamación y permite que el organismo recupere su equilibrio sin estrés añadido». Una idea que puede parecer obvia, pero que en enero se olvida con facilidad entre ayunos, retos detox y planes imposibles.
«Volver a comidas sencillas, con alimentos poco procesados, respetar horarios y priorizar el descanso reduce de forma natural la inflamación y permite que el organismo recupere su equilibrio sin estrés añadido».
En este proceso, la microbiota intestinal juega un papel clave. «Es muy sensible a los cambios de alimentación y estilo de vida. Tras periodos de excesos suele perder diversidad, lo que empeora la digestión, el ánimo y la regulación del apetito», explica. Desde la nutrición integrativa, el objetivo es restaurar ese ecosistema interno porque, como recuerda Blázquez, «intestino, cerebro y sistema hormonal están mucho más conectados de lo que pensamos».
Los hábitos que marcan la diferencia en los primeros días
Si hay un punto de partida claro, pasa por recuperar ciertos hábitos básicos. «En los primeros días es clave asegurar una buena hidratación y actividad física diaria. Moverse es fundamental para recuperar equilibrio físico y mental», afirma. A nivel dietético, recomienda priorizar verduras, cenas sencillas y ligeras, proteína de calidad en cada comida y grasas poliinsaturadas. Y a nivel de estilo de vida, insiste: «Recuperar un sueño reparador y realizar movimiento suave diario, como caminar, mejora la sensibilidad a la insulina y la motilidad intestinal».
«En los primeros días es clave asegurar una buena hidratación y actividad física diaria. Moverse es fundamental para recuperar equilibrio físico y mental»
Pero hay un factor que suele pasarse por alto y que puede sabotear cualquier intento de recuperación: la culpa.
Sin culpa no hay recuperación
«La culpa no es neutra: genera estrés y esto interfiere con la digestión, el descanso y la regulación del apetito», advierte Blázquez. Castigarse por haber comido más en Navidad no sólo no ayuda, sino que dificulta el proceso. Su recomendación es clara: «Afrontar este momento desde la observación, la autoescucha y el cuidado. Comer más en un contexto social no es un error, es parte de la vida».
«La culpa no es neutra: genera estrés y esto interfiere con la digestión, el descanso y la regulación del apetito»
Aquí es donde entra en juego la diferencia entre hacer dieta y construir hábitos. «El cuerpo no cambia por hacer sacrificios durante dos semanas, cambia cuando recibe mensajes claros y repetidos», explica. Con hábitos sostenidos, enumera, empiezan a suceder cosas muy concretas: mejora la digestión, se regula el apetito, desaparecen los atracones, la energía se mantiene estable, se duerme mejor y baja la ansiedad por la comida. «Las dietas puntuales sólo fuerzan al cuerpo; los hábitos le enseñan a funcionar mejor».
«Las dietas puntuales sólo fuerzan al cuerpo; los hábitos le enseñan a funcionar mejor».

No existe una solución universal
Otro de los grandes errores del enfoque post-fiestas es pensar que existe una receta válida para todos. «Cada persona tiene una microbiota única, un contexto hormonal propio, distintos niveles de estrés y una historia personal diferente», señala. Por eso, un plan efectivo siempre debe adaptarse a la persona, no al revés.
En su práctica, Blázquez ajusta el enfoque según el perfil: alimentación antiinflamatoria para digestiones delicadas, estabilidad horaria para desequilibrios hormonales, ajuste energético en deportistas o trabajo profundo sobre la relación con la comida en quienes buscan perder peso. «Y en quienes sólo buscan bienestar general, la clave suele estar en simplificar y mantener constancia».

Empezar hoy, sin dramatismos ni excesos
Para quienes sienten que se han pasado estas fiestas y quieren recuperar su bienestar, la recomendación es mucho más sencilla de lo que imaginan. «Durante una semana, normalizar horarios, estructurar tres comidas equilibradas al día, hidratarse bien, meter alguna verdura en cada comida, retomar el movimiento diario y priorizar el descanso nocturno», propone. En la mayoría de los casos, eso es suficiente para que el cuerpo empiece a responder.
«Durante una semana, normalizar horarios, estructurar tres comidas equilibradas al día, hidratarse bien, meter alguna verdura en cada comida, retomar el movimiento diario y priorizar el descanso nocturno».
¿Y qué conviene evitar? «Ayunos extremos, saltarse comidas, basar la alimentación sólo en ensaladas o aumentar de forma excesiva el ejercicio», enumera. «El cuerpo no necesita compensación tras los excesos, necesita estabilidad».
Para quienes sienten que lo han estropeado todo, Elisa Blázquez lanza un mensaje tranquilizador y realista: «El cuerpo humano es extraordinariamente adaptable y resiliente. Unos días distintos no determinan la salud a largo plazo. Siempre hay margen para mejorar, y el mejor momento para empezar es ahora».
«El cuerpo humano es extraordinariamente adaptable y resiliente. Unos días distintos no determinan la salud a largo plazo. Siempre hay margen para mejorar, y el mejor momento para empezar es ahora».
