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Bañarse en el mar el 1 de enero: una tradición con múltiples beneficios para la salud

baño frío Navidad
(Foto: Gtres)
Lucía Lera
  • Lucía Lera
  • Periodista especializada en viajes, belleza y estilo de vida. Al salir de la universidad de Periodismo decidí hacer de mi vocación algo más que mi pasión: mi profesión. Desde entonces he podido compartir mis historias en varias cabeceras. Reafirmando a cada artículo que elegí el camino correcto.
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Puede parecer un plan propio de una tarde de verano, pero lo cierto es que empezar el año en bañador para darse un chapuzón es una tradición más que asentada dentro y fuera de nuestras fronteras. Algo utópico, si tenemos en cuenta que el frío con temperaturas inferiores a los 10 grados a pocos nos apetece disfrutar de un día de playa, pero este tradicional baño gélido guarda grandes historias y unos grandes beneficios para la salud.

Probablemente te suene ver en las noticias del día 1 de enero a miles de personas adentrándose en el mar con gorros de Navidad y bañadores. De primeras la idea parece contradictoria: ir a la playa cuando las pistas de esquí abren sus puertas, pero esta contrariedad no exime al Año Nuevo de guardar esta tradición. 

En Año Nuevo, todos al agua

No podríamos señalar con exactitud cuándo un baño en el mar se convirtió en un fenómeno mundial, pero sí que vemos como en Europa esta tradición lleva décadas asentadas. Una de las celebraciones de este baño más conocidas se encuentra en Holanda. El Scheveningen data de los años 60 y este chapuzón reúne a miles de participantes en el Mar del Norte para celebrar el «New Year’s Dive».

No tener mar no es un impedimento para sumarse a esta tradición y el ejemplo lo vemos en cómo esta tradición también toma los lagos de las ciudades centroeuropeas. Así, el tradicional chapuzón se lleva a cabo en el lago de Ginebra o en el lago Oranke de Berlín.

baño navidad frío
Baño en el mar Báltico, Warnemünde. (Foto: Gtres)

En España, este primer baño invernal también toma las costas de nuestro litoral. Desde el Atlántico hasta el Mediterráneo, miles de bañistas se congregan en diferentes puntos de nuestras fronteras para dar la bienvenida al año con un baño. Los más atrevidos se sumergen en el mar Cantábrico en las playas de San Lorenzo, en Gijón, o en La Concha, en San Sebastián

De igual manera que esta tradición se extiende por las islas Baleares y Canarias y puntos del litoral mediterráneo peninsular, en Almuñécar o Barcelona. Incluso en puntos de las Baleares, como en Ibiza o en Mallorca, el ayuntamiento organiza chocolatadas para ayudar a los bañistas a entrar en calor tras la hazaña. Y así, esta misma estampa se reproduce en cientos de lugares más alrededor del mundo.

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Scheveningen. (Foto: GettyImages)

Ciertamente solemos hablar de este baño como una tradición, pero detrás de la dicha popular nos encontramos con un ritual que encierra grandes beneficios para nuestra salud. Porque las bajas temperaturas pueden ayudarnos, y mucho, a vernos y sentirnos mejor tras los excesos de estas fiestas.

El poder del frío

Está claro que no a todo el mundo le parece que el mejor plan a 10 grados sea darse un baño al aire libre, pero no hay por qué seguir esta tradición para aprender de ella. Lejos de la fiesta popular, el frío es un gran aliado para nuestra salud y, pese a que resulte desagradable pensar en ello, el frío es una gran herramienta de belleza.

inmersión en frío bañeras
(Foto: Pinterest)

Este año se ha convertido en un beauty trend que ha arrasado las redes sociales: desde baños matutinos en agua helada, hasta la popularización de utensilios de belleza como los rodillos de hielo para sumarnos a la tendencia del face icing. Vemos con ello que el frío y la belleza no es algo que nos llegue de primeras, pero sí que podemos aprovechar este tipo de celebraciones para volver a subir a la palestra los beneficios de esta práctica.

Mejora nuestra piel

Desde luego, podríamos afirmar en este punto que estamos frente a una paradoja. Primero, porque acostumbramos a decir que en invierno hay que reforzar la hidratación de la piel para reforzarla frente al daño que ejercen las bajas temperaturas de la calle. Y, sin embargo, a la vez nos hacemos eco de que el hielo puede ayudarnos a mejorar la apariencia y el aspecto de la piel.

Piel frío
Foto: Pexels

Sorprendentemente son ciertas ambas afirmaciones porque el frío tiene cierto efecto positivo en la piel y eso se lo debemos a la vasoconstricción. Quiere decir que el frío hace que los vasos sanguíneos se contraen, haciendo que la piel se tense, algo perfecto para reducir y disimular los poros abiertos.

Esto mismo puede ayudarnos, no solo a mejorar la textura de la piel, sino a definir y eliminar las ojeras. Precisamente porque el efecto de la vasoconstricción mejora la circulación y ayuda a reducir la acumulación de líquido. 

crema frio
(Foto: Pexels)

Ayuda a perder grasa y combate la flacidez

Más allá que como tratamiento de belleza, la ciencia del frío y sus beneficios se explican a través de la crioterapia. Consiste en someter al cuerpo a temperaturas de frío extremo para obtener múltiples beneficios. Una práctica terapéutica bastante común, sobre todo entre deportistas. 

Principalmente porque ayuda a reducir la inflamación muscular, disminuye la inflamación y, por tanto el dolor, y mejora el descanso. Y esto proporciona una sensación de bienestar general y una mayor rapidez en la recuperación.

El frío puede contribuir a la reducción de grasa corporal porque, al exponer el cuerpo a temperaturas muy bajas, se activa un mecanismo de defensa conocido como respuesta al frío. En este proceso, el organismo entra en un «estado de alerta» y necesita generar calor para mantener su temperatura interna. 

frío piel
(Foto: Pexels)

Para lograrlo, aumenta el gasto energético y utiliza parte de la energía almacenada en los depósitos de grasa, lo que puede favorecer su disminución. Además, en este estado también activa los músculos y los tejidos, que se tonifican y combaten con ello la flacidez.

Mejora nuestro sistema inmune

Nuestras abuelas decían que un baño en invierno te quitaba los catarros y razón no les faltaba. Lo cierto es que el frío ayuda al cuerpo a mejorar su adaptación y ello se debe a que cuando nos exponemos a bajas temperaturas, el cuerpo aumenta la producción y actividad de algunas células del sistema inmune, como los glóbulos blancos. También reduce la inflamación, algo que no solo nos ayuda a vernos bien, también a sentirnos mejor. Gracias a que reduce la inflamación crónica y mejora la sensación de bienestar.

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Crioterapia. (Foto: @cristiano)

Aquí otra contradicción: el frío provoca estrés positivo y eso ayuda a reducir el negativo. Suena lo contrario, ¿verdad? Pero si nos sometemos de forma controlada y medida al frío el cuerpo aprende a someterse a situaciones de estrés. Además, esto puede ayudarnos a controlar la producción de hormonas relacionadas con el estrés, como el cortisol. Y ya sabes: un nivel de estrés más bajo favorece un sistema inmune más fuerte.