En nuestro encuentro con Juan del Val, con motivo de la presentación de Vera, una historia de amor, novela con la que se alzó con el Premio Planeta, la conversación derivó de forma natural hacia el territorio que atraviesa toda la obra: el amor. No como concepto idealizado, sino como experiencia vital, compleja, a veces incómoda y, sobre todo, profundamente humana. Porque para el escritor, hablar de amor es también hablar de identidad, de deseo y de decisiones que desordenan la vida.
- Enrique Rojas, psiquiatra: «El amor se perfecciona con el perdón»
- Victoria Beckham y su manera de decir “soy millonaria y sigo enamorada”
«Cuando estás enamorado deseas que la otra persona esté contigo, aunque tengáis vidas muy distintas», reflexiona. Una frase sencilla que, sin embargo, condensa una idea poderosa: el amor no exige similitudes ni fusiones, sino voluntad. Dos personas que eligen compartir, no que se necesitan para completarse.
«No me gustan las medias naranjas; me gustan dos naranjas enteras que deciden estar juntas»
Del Val huye de los tópicos románticos. «No me gustan las medias naranjas; me gustan dos naranjas enteras que deciden estar juntas», afirma con rotundidad. Para él, el amor verdadero se da entre individuos completos, independientes, capaces de elegir al otro desde la libertad y no desde la carencia. «Para mí es más importante la voluntad, el querer, que el necesitar», insiste.
En Vera, una historia de amor, esa visión se encarna en una protagonista que, tras años de una vida aparentemente confortable, decide romper con todo. No por impulso caprichoso, sino por intuición. «Creo que Vera actúa movida por una intuición, que es un paso anterior al conocimiento», explica el autor. «Intuye que fuera de esa vida hay algo que le apetece vivir». Ese gesto, que podría interpretarse como una crisis, es para Del Val una forma de lucidez. «Cuando lo que tienes deja de gustarte y ya no estás a gusto donde estás, quieres dar el salto», señala. «Y ese salto, que parece un vacío, muchas veces no lo es tanto».
Ver esta publicación en Instagram
«La pasión se puede reciclar y siempre se puede tener, sabiendo que el tiempo, sin ninguna duda, hace cambiar las cosas»
El amor, en su literatura y en su pensamiento, no es un estado estático, sino un proceso de descubrimiento continuo. «Al final, el propio autor se va conociendo a medida que escribe», confiesa. «Escribiendo de amor descubres cosas de ti que no tienes del todo controladas». Y esa exploración no se limita a lo romántico: el amor aparece también como motor de cambio, como espejo, como aprendizaje.
Hay en su discurso una defensa clara de la madurez emocional. «Creo más en el amor que tiene que ver con el deseo de estar con la otra persona siendo tú una persona entera», dice. Un amor que asume el paso del tiempo y sus transformaciones. «La pasión se puede reciclar y siempre se puede tener, sabiendo que el tiempo, sin ninguna duda, hace cambiar las cosas».
Del Val propone una idea serena y, quizá por eso, más duradera: la del amor elegido cada día. «El querer es una decisión», viene a decir. Una decisión que no anula al individuo, sino que lo reafirma.
