Hace unos meses nos reunimos con Enrique Rojas con motivo de su nueva exposición pictórica. Entonces hablamos de arte, de terapia y de paisajes interiores. Hoy, con San Valentín a la vuelta de la esquina, volvemos a él para hablar de lo que quizá mejor conoce desde hace décadas: el amor observado desde la mente humana.
- Enrique Rojas, psiquiatra: «Pinto como terapia en lugar de tomar ansiolíticos»
- Año Nuevo y tristeza: «El problema no es el cambio de año, sino vivirlo desde la comparación»
Amar no es evitar el conflicto, sino aprender a atravesarlo
«Hay formas de terapia que no son sólo farmacológicas. Pintar, escribir… permiten que la persona se expanda»
Catedrático de Psiquiatría, director del Instituto Rojas Estapé en Madrid y uno de los grandes divulgadores del pensamiento emocional en España, Rojas lleva toda una vida reflexionando sobre los afectos, las relaciones y las grietas del alma. Y si hay una idea que atraviesa tanto sus libros como sus cuadros es esta: el amor no es perfecto, se perfecciona. «El amor se perfecciona con el perdón», dice y añade que amar no es evitar el conflicto, sino aprender a atravesarlo.
Rojas no sólo analiza la mente desde el diván. También la plasma en lienzos. A sus múltiples facetas (autor, terapeuta, conferenciante) suma una profundamente personal: la de pintor. «En vez de tomar ansiolíticos, pinto», confiesa con naturalidad. Para él, el arte es una forma de introspección, de descarga emocional y también de sanación. Tanto es así que en su propio instituto incluye talleres donde los pacientes exploran el arte como vía terapéutica. «Hay formas de terapia que no son sólo farmacológicas. Pintar, escribir… permiten que la persona se expanda».

Como psiquiatra, sabe que curar implica a veces bajar al sótano del alma. Como artista, también sabe que el arte puede ser la escalera para volver a la superficie. Sus cuadros (acrílicos, tinta china, sprays) no buscan la complejidad técnica, sino la verdad emocional. «Mi pintura es sencilla, simple. La sencillez es la virtud de la infancia», afirma. Y en esa sencillez aparecen frases breves, casi sentencias vitales, que actúan como pausas mentales: La cultura es libertad, La felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria, El amor se perfecciona con el perdón.
La convivencia exige renuncias, comprensión y perdón
«El amor se entrena»
No es casual que el amor aparezca de forma recurrente en su pensamiento. Enrique Rojas ha hablado de él en numerosos libros y conferencias como un vínculo que requiere madurez emocional, memoria selectiva y generosidad. Para él, amar bien no es idealizar, sino entender que la convivencia exige renuncias, comprensión y perdón. Una idea especialmente relevante en una época que confunde intensidad con amor y huye del conflicto como si fuera un fracaso.
«Veo muchas circunstancias de gran dureza en mi consulta: personas deprimidas, rotas, quebradas… Pintar ayuda a soltar eso», explica. Sus cuadros son, como él mismo los define, «paisajes interiores». No son decorativos, son comunicativos. Invitan a pensar, a parar, a mirarse por dentro. Algo muy parecido a lo que propone también el amor bien entendido.
Quizá por eso, en tiempos de San Valentín, su mensaje resulta más necesario que nunca: amar no es no fallar, sino saber recomponer. Y entender que, como la mente, el amor también se entrena.
