Con una de las mayores fortunas de Europa, la familia Brenninkmeijer (propietaria de C&A) lleva décadas construyendo un imperio basado en una idea clara: invertir en los mejores activos inmobiliarios de las principales ciudades. Son, en muchos sentidos, uno de los grandes inversores silenciosos del continente. Su último movimiento en Madrid confirma esa estrategia. A través de su brazo inversor Anthos, la saga neerlandesa ha decidido sustituir al fondo estadounidense Ares en el accionariado del Mercado de San Miguel, consolidando así el control total de uno de los activos más codiciados del centro de la capital. La operación sitúa su valor en torno a los 200 millones de euros, casi el triple de los 70 millones que pagaron en 2017 junto a su entonces socio financiero.
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Más que una simple compra, el movimiento responde a una lógica patrimonial. Los Brenninkmeijer no buscan rotación rápida ni plusvalías a corto plazo. Su modelo pasa por adquirir, reposicionar y mantener activos prime durante décadas. Y el Mercado de San Miguel encaja perfectamente en esa filosofía: ubicación estratégica junto a la Plaza Mayor, turismo constante y un concepto que combina gastronomía y experiencia.
No es un caso aislado. A través de Redevco, la familia gestiona una amplia cartera en Europa centrada en calles comerciales premium. En España, su presencia se concentra en ejes como la calle Serrano en Madrid o Portal de l’Àngel en Barcelona, donde poseen edificios alquilados a grandes marcas internacionales. En ciudades como París, Londres o Ámsterdam replican el mismo patrón: activos en ubicaciones irremplazables, con inquilinos sólidos.
Sin embargo, en los últimos años han empezado a virar hacia un modelo más experiencial. Ya no se trata sólo de tiendas. En ese contexto, el Mercado de San Miguel representa un paso más allá.

Así es el Mercado de San Miguel
El edificio, construido entre 1913 y 1916 y protegido como Bien de Interés Cultural, es además el único mercado de hierro que se conserva en Madrid. Desde su transformación en 2009 en espacio gastronómico, ha logrado posicionarse como uno de los puntos más visitados de la ciudad. Sólo en 2024, sus ingresos por arrendamientos superaron los 10 millones de euros, reflejo de un modelo que combina estabilidad y crecimiento.

