Valentino Garavani, el legendario diseñador italiano que ha fallecido a los 93 años, no sólo ha dejado huella en el mundo de la moda con su firma y ese rojo tan icónico que ha marcado generaciones, sino también en el paisaje de las residencias exclusivas que escogió para vivir. Hacemos un repaso pos sus casas más impresionantes.
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Desde sus inicios en Roma, Valentino siempre fue una persona que combinó su amor por la moda con un gusto exquisito por los espacios que le rodeaban. La elegancia, la historia y el arte (elementos que marcaron sus diseños) también se reflejan en sus casas.
Villa La Vagnola: la joya toscana de Valentino de 12 millones
La más destacada y conocida de sus casas fue Villa La Vagnola, un palacio del siglo XVIII situado en Cetona, en la Toscana italiana. Comprada por Valentino hace más de tres décadas, esta villa se convirtió en hogar veraniego.
Construida en 1750, sobre un terreno de más de 27 hectáreas, la villa agrupaba 15 habitaciones únicas, cada una decorada con un estilo propio. Tenía un anfiteatro de piedra para 200 espectadores. Una de las estancias más singulares llevaba el nombre de Sophia Loren, en honor a la gran amiga y asidua invitada. La casa se puso a la venta de 12 millones de euros.

La residencia romana: centro de su vida y de su retiro
Aunque menos conocida fuera de los círculos más cercanos, Valentino pasó gran parte de su vida adulta en Roma. Su villa en la capital italiana fue escenario de momentos privados, encuentros culturales y también de algún que otro incidente mediático, como el intento de robo en verano de 2025.
La decoración de este hogar reflejaba su visión cosmopolita: una mezcla de influencias orientales, textiles preciosos y arte cuidadosamente seleccionado, todo bajo una misma estética refinada como él mismo.
Valentino más allá de Italia
Según Architectural Digest, el universo doméstico de Valentino Garavani se extendía mucho más allá de Italia. A su colección de residencias se sumaba el castillo de Wideville, en Davron-Crespières, a las afueras de París, adquirido en 1995: una imponente propiedad del siglo XVI rodeada por un parque de más de 120 hectáreas.

En Londres, el diseñador poseía una mansión del siglo XIX en Holland Park, cuyo salón albergaba uno de los tesoros más personales de su colección privada: cinco obras de Pablo Picasso, colgadas como si formaran parte natural del espacio. En Nueva York, su refugio urbano era un ático en Park Avenue, mientras que en Suiza disfrutaba del Chalet Gifferhorn, su residencia de invierno en Gstaad, pensada para los meses de retiro y discreción alpina. A este mapa del lujo se sumaba, además, un yate.
«Estoy enamorado de la belleza. Siempre me han gustado los objetos bellos», confesó en una ocasión Valentino Garavani.
